Roberto Fontanarrosa “El negro”

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Por medio de sus personajes, Fontanarrosa construyó un humor gráfico “gauchesco” que retrataba la idiosincrasia argentina

Nació un 26 de noviembre en la ciudad de Rosario, Argentina, en 1944. Dejó de respirar en el 2007. Dibujante humorístico. La calidad, la rapidez y la chispa creativa caracterizaron su trabajo, su vida y la relación con el mundo

Zabier Hernández Buelvas

Cada entrevista, cada salida al público causaban polémica, risa, sorpresa y ponían a pensar a sus interlocutores, lo que lo volvió famoso, querido y respetado en el ámbito mundial.

Su personaje más conocido y querido por él es el gaucho Inodoro Pereyra y su perro Mendieta, no era menos conocidos el matón Boogie El Aceitoso. Un dato curioso es que Boogie El Aceitoso empezó a publicarse en un diario de Colombia.

Fontanarrosa era un amante y conocedor del fútbol, hincha fanático de Rosario Central, lo que le prodigó relaciones de mucha amistad con los jugadores y gente de fama mundial ligada a este deporte. Varios de sus cuentos tienen que ver con historias de fútbol como El viejo con árbol y El cuento 19 de diciembre de 1971, obra clásica de la literatura futbolística argentina. Aquí un fragmento:

“Hay que reconocerlo. Porque jugaban que daba gusto, el buen toque y te abrochaban bien abrochado. Estaba Zanabria, el Marito Zanabria; el Mono Obberti ¡Dios querido, el Mono Obberti, ¡qué jugador! Silva el que era de Lanús, el albañil. ¡Montes! Montes de cinco; Santamaría, el Cucurucho Santamaría, qué sé yo, era un equipazo, un equipazo hay que reconocer, y la lepra se corría una fija. ¿Sabés cuántos había en la ruta a Buenos Aires, el día del partido? Yo no sé, eran miles, millones, yo no sé de dónde habían salido tantos leprosos. Si son cuatro locos y de golpe, para ese partido, aparecieron como hormigas los desgraciados. Todos fueron. ¡Lo que era esa ruta, papito querido! Entonces, oíme, había que recurrir a cualquier cosa. Hay partidos que no podés perder, tenés que ganar o ganar. No hay tutía. Entonces si a mí me decían que tenía que matar a mi vieja, que había que hacer cagar al presidente Kennedy, me daba lo mismo, hermano. Hay partidos que no se pueden perder”.

En los noventa, el bar El Cairo, esquina de calles Santa Fe y Sarmiento en Rosario, era su sitio preferido, donde tenía una mesa llamada por él “mesa de los galanes”, allí, en medio de las conversas sobre el fútbol, la literatura y la política, escribió varios de sus mejores cuentos.

Fontanarrosa era tan especial que convirtió un evento solemne como el III Congreso de la Lengua Española en Rosario ─Argentina─, el 20 de noviembre de 2004, en una reflexión humorística que arrancaba carcajadas al auditorio, sobre la utilización social de palabras llamadas comúnmente “malas palabras”, Su conferencia se tituló Sobre las malas palabras. En esa memorable y recordada conferencia exponía: “Yo como casi siempre hablo desde el desconocimiento”, propuso y aseguró: «La pregunta que ahora me hago es por qué son malas las malas palabras. O sea, quién las define. Por qué, qué actitud tienen las malas palabras. ¿Les pegan a las otras palabras? ¿Son malas porque son malas de calidad, o sea, ¿cuándo uno las pronuncia se deterioran y se dejan de usar? ¿Tienen actitudes reñidas con la moral? Sí, obviamente. Pero no sé quién las define como malas palabras. Tal vez sean como esos villanos de las viejas películas que nosotros veíamos que en principio eran buenos pero que la sociedad los hizo malos. Tal vez nosotros al marginarlas las hemos derivado en palabras malas ¿no es cierto?”.

En el 2003 le diagnostican esclerosis lateral amiotrófica, lo que le llevó a estar en silla de ruedas y, el 18 de enero de 2007, anunciar que no podía dibujar más. El humorista gráfico y escritor había perdido el control total de su mano derecha a causa de la enfermedad. Falleció el 19 de julio de 2007, a la edad de sesenta y dos años.

El poeta y escritor venezolano Gonzalo Fragui lo recuerda así en sus Poeterías:

I
Uno de los personajes más conocidos del caricaturista argentino, Fontanarrosa, es Inodoro Pereyra.

Un día, Pereyra se encontraba tomando tragos y un amigo le reclama:
– Es que usted es muy vago.

Inodoro se defiende:
– Vago no, quizá algo tímido para el esfuerzo.

II
– «¿Qué deseas para tu hijo?».

Fontanarrosa respondió:
– «Deseo que sus amigos se pongan felices cuando lo vean venir».

III

Una vez le preguntaron a Fontanarrosa qué pensaba de la vida de Maradona, y dijo:
– “No sé qué hizo Diego con su vida, yo sé lo que hizo con la mía”.