Empresariado y proyecciones económicas 2024

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La industria automotriz de Colombia ha sido una de las más afectadas en la economía nacional. Foto Andi

Los grupos empresariales, analistas económicos, centros de pensamiento, medios de comunicación y mandatarios regionales recién elegidos, se reunieron en el llamado Gran Foro de Perspectivas Económicas hacia el 2024. ¿Qué salió de allí? ¿Es real la incertidumbre y el fatalismo que pregonan?

Luis Fernando Rivera

El Gran Foro de Perspectivas Económicas hacia el 2024 analizó, desde las calificadoras de riesgo, las perspectivas de crecimiento económico en el mundo y la región. La agenda se centró en los sectores agroindustrial, comercio, financiero, construcción, infraestructura, petróleo, gas, minas y energía.

La importancia y diversidad de los temas tratados bajo la óptica del modelo neoliberal, hoy agotado, amerita, en primer lugar, conocer algunos de los temas expuestos tales como la visión del Gobierno desde el Plan Nacional de Desarrollo presentado y, en segundo lugar, nuestro análisis crítico desde los fundamentos teóricos y la formación crítica que brinda la economía política y el marxismo.

Proyecciones

Las intervenciones estuvieron enmarcadas en las perspectivas económicas de un “tiempo de incertidumbre”, una crítica al desempeño de la política macroeconómica del gobierno nacional y unas expectativas nada buenas para el 2024.

El informe es contradictorio y se queda básicamente en datos macroeconómicos, sin análisis, sin buscar sus orígenes y tendencias, con un marcado interés en crear un efecto político contra el presidente Gustavo Petro y la coalición de Gobierno, contra el programa de cambio y las reformas estructurales presentadas ante el Congreso.

El ejercicio los llevó a proyectar un crecimiento económico para el año 2024, que se pueden ver en las cifras que presenta la Revista Visión Estratégica. (Tabla 1 y 2).

Frente al déficit fiscal

Para el 2024, el gobierno proyecta un déficit del 4,5 por ciento del PIB. Al respecto, el ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, afirmó: “El país no va a tener una recesión, una cosa es la desaceleración de la economía y otra cosa es que caigamos en una recesión (…) Si bien se espera aumento del déficit fiscal frente al 2023, ello se debe exclusivamente a un incremento en el gasto, y en intereses que resultan de las mayores necesidades de financiamiento entre 2023-2024 y de las adversas condiciones del mercado”.

En relación con lo anterior, la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, Anif, desde su lógica neoliberal, dijo: “desproporcionado incremento del gasto primario, relacionado con la deuda, que pondría en riesgo la estabilidad fiscal del país (…). Como mencionamos los ingresos no están en sintonía con la capacidad de gestión de la DIAN y crear gasto inflexible sin una fuente de ingresos permanentes, solo aumenta nuestra necesidad de financiamiento”.

Con relación al Índice de Precios al Consumidor, IPC, que inició su carrera alcista desde 2021 superando los topes fijados por el Banco de la República entre 2,0 por ciento y 4,0 por ciento, la inflación ha llegado en marzo de 2023 a 13,34 por ciento; pero ya para agosto de 2023 se ubicó en 11,43 por ciento, estando aún a 3,8 veces por encima de la estimación del Banco central. Ante esta situación, el emisor comenzó a incrementar su tasa de intervención llevándola del 1,75 por ciento al 13,25 por ciento al mes de septiembre.

Para finales del año, la previsión de la inflación para el Gobierno es del 9,2 por ciento; para el Banco de la República 9,55 por ciento y para Fedesarrollo 9,43 por ciento. La inflación seguirá por fuera de los rangos establecidos por el Banco de la República, pues solo se lograrán en el 2025, existiendo diferentes riesgos.

Para la Anif, en primer lugar, “se debe monitorear el efecto que podría tener el fenómeno de El Niño sobre los precios de los alimentos y la energía hacia el final del año y comienzos del 2024 (…) también es necesario mencionar los efectos que ha tenido el cierre de vías importantes como la que comunica con los Llanos Orientales. Otro factor a tener en cuenta será el alza que tendrá el precio del ACPM (…)”.

Las calificadoras de riesgo

Moody’s Corporation emitió un concepto para el país. Dentro de sus proyecciones, al igual que Fitch Retings, coincide en que el crecimiento de Colombia podría ser más moderado en 2023 al dado en el año pasado que fue del 7,5 por ciento, puntualmente prevé un crecimiento entre 1,8 por ciento a 2 por ciento, para el 2025 prevé un rango entre el 3 por ciento y el 3,5 por ciento.

Para Fitch Ratings, “el crecimiento del PIB de Colombia alcanzará 1,5% en 2023, la causa principal: el endurecimiento de las políticas macroeconómicas y el incremento de las tasas de interés para bajarle presión a la inflación. Esperamos que el crecimiento se mantenga moderado en 1,2% en 2024. El débil crecimiento global, los menores precios del petróleo y el efecto retardado de una política monetaria estricta pesarán sobre las perspectivas de recuperación en 2024”.

Según Standard & Poors, “hay un alto grado de incertidumbre sobre las posibles reformas propuestas por el gobierno en turno, (…) la incertidumbre política en los últimos años ha tenido un impacto negativo en la inversión privada, lo cual reduce el crecimiento económico, presente y futuro”.

Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, “estima que los países latinoamericanos y caribeños seguirán enfrentando un panorama de bajo crecimiento en 2024, que el crecimiento regional apenas llegará a un 1,5% en 2024 en un contexto económico mundial negativo que afecta el desempeño de las principales variables macroeconómicas”. 

Banqueros, industriales y comerciantes

Por su parte, el sector financiero expresó la siguiente opinión: “Colombia vive un proceso de estabilización del crecimiento, más que de recuperación, al explicar por qué la proyección es que el PIB crezca 1,5% este año y 1,6% en 2024”.

Desde la orilla de los industriales y empresarios, el presidente de la Andi, Bruce Mac Master, expresó: “El 2023 ha sido un año retador para Colombia y no ha sido diferente para el sector productivo, ya que factores como la inflación y las altas tasas de interés han marcado la agenda económica. Esto se ha reflejado en un deterioro de indicadores como los de la producción y ventas de las empresas que se han contraído frente al 2022. Es evidente que el 2024 también será un año de grandes desafíos, en el que se espera que el PIB crezca alrededor del 1,9%, tras un incremento del 1,2% al cierre del 2023 o de incluso menos”.

El presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior, Analdex, dijo: “El mundo ha tenido una desaceleración económica que ha afectado la demanda agregada a nivel global, lo que ha tenido un impacto en las exportaciones colombianas no minero-energéticas. Sumado, una reducción en los precios internacionales del petróleo, el carbón y el café. Para 2024, se espera una recuperación del comercio internacional debido a una mayor estabilización en la demanda externa”.

Facilismo y manipulación

Esta es la visión de la ortodoxia económica neoliberal, que reduce todo análisis al comportamiento del crecimiento económico, no le interesan los componentes del desarrollo económico, político y social, y esto explica la ausencia de las referencias a las causas de los indicadores negativos.

El facilismo y la manipulación macroeconómica los lleva es atribuir la responsabilidad al gobierno y a las reformas estructurales necesarias para el cambio, desconocen que es el propio desarrollo del capitalismo que potencia las contradicciones de este régimen de producción y que son las condiciones sociales de producción las que están en crisis y lo llevará a su quiebra total.

La visión de la ortodoxia económica neoliberal evade el análisis de la brecha entre el capital y el trabajo, la pobreza, el marginamiento y la falta de oportunidades, del desempleo, la informalidad, el ascenso real a la seguridad social y la voraz ganancia del capital que, en síntesis, expone la irracionalidad de la economía capitalista.

Más allá de los números y las cifras, desde el proceso de cambio y reforma que hoy avanza, el movimiento obrero, social y popular, con su acción debe obligar a centrar la atención del empresariado y los poderes del Estado en las condiciones de vida y de trabajo de los obreros de pauperización en que se encuentra la mayoría de la población, consecuencias del modelo neoliberal en el marco de desarrollo capitalista.