Las mujeres almodovarianas

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Fotograma de la película Madres Paralelas (2021)

La base de las películas de Pedro Almodóvar es la mujer. Es el sujeto de su cine y llena toda la película, tanto en el sentido visual como en el interpretativo, convirtiéndose en la protagonista absoluta, sin depender del personaje masculino

Juan Guillermo Ramírez

Hay pocos directores de cine en España que entiendan cómo se siente una mujer en cualquier circunstancia, de tal forma que muchas se sienten identificadas cuando vemos alguna película de Pedro Almodóvar. Joaquín Sabina escribió e interpretó una canción intitulada ‘Yo Quiero ser una Chica Almodóvar’, en la que describe lo que significa quedar incluida bajo esta denominación. Entre esas musas se destacan: Carmen Maura, Marisa Paredes, Bibiana Fernández, Victoria Abril, María Barranco, Chus Lampreave, Rossy de Palma, Antonia San Juan, Rosa María Sardá, Verónica Forqué y Penélope Cruz. Si por algo es conocido es por darle un papel relevante a la mujer. En sus películas encontramos mujeres que poseen un fuerte carácter, pero al mismo tiempo sufren debido al desamor y a su soledad.

El universo femenino

La base de las películas de Pedro Almodóvar es la mujer. Este director y guionista consigue que a cualquier mujer se la vea como algo hermoso, primordial y único, en que ella sola puede llenar toda la pantalla. Las mujeres de Almodóvar son fuertes, luchadoras, autosuficientes, pero sufren y tienen como denominador común que están solas, aunque son plenamente dueñas de su propia soledad.

La mujer es el sujeto de su cine y llena toda la película, tanto en el sentido visual como en el interpretativo, convirtiéndose en la protagonista absoluta, sin depender del personaje masculino. Son mujeres coraje que luchan contra las adversidades de la vida y la psicología de la mujer es el eje principal del relato fílmico.

En sus películas se desarrollan los celos, la traición y el sentimiento de culpa. Según declaró a un periódico holandés ‘Allgemeen Dagblad’ en 2009: “Las mujeres resisten mejor que los hombres los golpes de la vida; esta capacidad de resistencia siempre me ha inspirado”. Y, es ese sentimiento el que ha estado presente en sus producciones, desde su primer largo Pepi, Luci y Bom y todas las chicas del montón (1980), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), pasando por La flor de mi secreto (1995), Todo sobre mi madre (1999), Abrazos rotos (2009), Madres paralelas (2021).

El amor por las mujeres a Almodóvar le ha llevado a emplear en su producción los estereotipos femeninos, como la mujer enamorada en La Flor de mi secreto (1995): Leo Macías, una mujer que vive por y para su marido un militar experto en conflictos internacionales, como el conflicto de Bosnia y está mucho tiempo fuera de casa. Ella necesita el apoyo constante de los demás, es una mujer dependiente de los demás, la vida se le complica con pequeñeces (a tal grado que es su mejor amiga que le quita las botas que le oprimen – aunque lo que le oprime es la relación con su marido).

La ama de casa desesperada, histérica y aburrida de hacer cada día lo mismo, es la que representa Carmen Maura en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984). Gloria, ama de casa comparte el poco espacio con su suegra, su marido y sus hijos. Casada con un machista y celoso, con un hijo traficante de drogas y adicto a los tranquilizantes, cuya única amiga es una vecina prostituta. Esta película es un canto de liberación de la ama de casa.

En muchas películas aparecen las prostitutas y una de ellas ha sido el personaje que encarna magníficamente Verónica Forqué en esta misma cinta. Almodóvar presenta a la prostituta como aquella mujer que ejerce su profesión de forma natural y no reniega de ello. Otra de las prostitutas del cine almodovariano es La Agrado en Todo sobre mi madre (1999), a este personaje se le puede enmarcar en dos categorías, ya que además de ser prostituta es transexual.

Almodóvar presenta estereotipos para presentar estos personajes en sus filmes: el descaro, la ropa de colores y de tallas más pequeñas de lo normal. En el comienzo de Carne Trémula (1997) una prostituta da a luz en un autobús (nace Víctor Plaza uno de los protagonistas. Aquí se conjugan dos estereotipos almodovarianos: la prostitución y la maternidad. También aparece la prostituta ninfómana reflejada en Sexilia (Cecilia Roth en Laberinto de Pasiones, 1982).

Las madres (o la maternidad hoy de moda en el cine contemporáneo): este papel es uno de los más importantes para Almodóvar. Ha estado unido a su madre y este vínculo aparece en casi todas sus películas. El denominador común de las madres de Almodóvar es una mujer volcada en sus hijos: la madre cuida de sus hijos a toda costa.

Se puede ver en toda la filmografía, así en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984) tenemos dos tipos de madres: la suegra, que cuida de su hijo, pero a la nuera le hace la vida difícil. Las madres más atípicas de su cine son Bécky del Páramo en Tacones Lejanos (1991), una cantante que deja de lado a su hija, no como se supone que tiene que hacer una madre.

La otra madre atípica es Gloria en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? que regala a su hijo a un dentista, porque no tiene dinero para la familia. También encontramos madres destrozadas por la pérdida de un hijo, como Manuela en Todo sobre mi madre (1999). La maternidad se viste, por tanto, de forma muy diferente en las películas de Almodóvar.

Madres paralelas

Gratitud, generosidad y memoria se citan en su más reciente película Madres paralelas. Otra vuelta de tuerca alrededor de uno de los temas vertebrales de su cine. En esta ocasión, las protagonistas son madres imperfectas, cuestionables: “Mis madres anteriores estaban inspiradas en mi propia madre o en las vecinas del pueblo”, explicó Almodóvar en una rueda de prensa. “Eran madres omnipotentes”.

En la historia de Janis y Ana, madres solteras que lo son a la vez, y cuyo destino se entrecruza, a través del apoyo y la sororidad, pero también de la culpa y el secreto, con sus bebés al hombro, hay luz y oscuridad. El retrato sobre la maternidad es panorámico, empático, sin prejuicios: no hay madres perfectas, solo humanas. Esa humanidad se traduce en una puesta en escena contenida, capaz de oscilar entre las tinieblas del melodrama de Douglas Sirk y la calidez de los abrazos y los besos femeninos en una película que relega a la masculinidad a un papel instrumental.

La película cuenta la historia de dos mujeres solas y recientes. Memorable ese arranque en el que se asiste a la coreografía dodecafónica de dos partos sincronizados. La primera de ellas llegando a los 40, la otra apenas ha salido (mal) de la adolescencia. La primera es bisnieta de un desaparecido en la Guerra Civil y tiene presente cada una de sus ausencias. Creció con su abuela y con el recuerdo antes de ser asesinado.

La segunda, es hija de amnésicos funcionales y apolíticos por principio. Desmemoriados culpables. Nada del pasado les importa, aunque sea ese pasado el que condiciona su presente y futuro. La primera quedó embarazada en un acto de amor. La segunda fue violada. Pocas películas tan transparentes en su ideario subversivo, el más delicado, contundente, claro y valiente.

A Almodóvar hay que odiarle y sentirse agraviado por cada uno de sus planos perfectos, por su manierismo riguroso, por su color y esplendor geométrico. Hace tiempo que el cineasta concibe sus películas como una provocación, como un ejercicio contradictoriamente luterano por exuberante y ascético a la vez, de rebatir cada uno de los sometimientos de lo privado frente la imposición de lo público.

Parte de su filmografía es una refutación política, por personal, de todo lo que ata e inhibe el poder liberador del deseo. En su película más austera visualmente, más entregada a lo narrativo que a lo estético, recupera un término que ha estado de moda en los últimos meses: el de “Matria”.

Para Almodóvar España es un país de madres. Madres solteras, madres sufrientes. Mujeres que recogen los platos rotos de los hombres. Los platos rotos del fascismo. Mujeres que no han podido llorar a sus muertos. Madres como la que interpreta Aitana Sánchez-Gijón, que pone su vocación por encima de su hija.

Las mujeres almodovarianas evolucionan con el tiempo, de tal forma que la mujer sumisa se rebela, la madre transexual, la madre que enloquece porque su marido no la quiere, la mujer independiente que deja de lado la maternidad para triunfar profesionalmente o la mujer independiente que mantiene a su hijo ella sola, o la mujer que pierde la conciencia cuando muere su marido y tiene que superar como sea el dolor que esto le produce. Todas ellas son mujeres que se rebelan y luchan.

La mujer refleja en el cine de Almodóvar el corazón del mundo, las emociones y los sentimientos, el origen de la vida y del amor. Estas mujeres necesitan que la sociedad acepte como normales todas sus conductas e identidades sexuales. Ser normal en términos sexuales, lingüísticos, raciales, físicos, equivale a no verse disminuido por ser gay, por no hablar una determinada lengua, por no ser de una raza determinada o por tener una discapacidad física. Estas cuestiones de género nos llevan a hacer del cine de Almodóvar una lectura deconstructiva.