jueves, junio 20, 2024
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La alucinante vida del camarada y la ELA

Agrónomo, filósofo, investigador de lo inimaginable, amigo de las causas que se creen perdidas, cinéfilo, dibujante de sí mismo, librero y lector voraz, profesor y juglar. Los neurólogos le dieron seis meses de vida, lleva dos años en diálogo con la enfermedad y dando lidia con su marxismo anarquizado

Zabier Hernández Buelvas

En respuesta a mi pregunta de cómo amaneció de salud, responde, “Camarada, mi situación de salud cada día se complica más. Anhelaba que esta enfermedad llegara a un punto de estabilización, pero su progresividad es feroz e incontenible. No da tregua. Cada pérdida fisiológica es rápidamente superada y reemplazada por una nueva pérdida. Estoy llegando a nuevos límites”.

Tiene ELA, esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad neuromuscular progresiva y acelerada que afecta las células nerviosas del cerebro y de la médula espinal. Las neuronas motoras se van degenerando hasta que mueren, de forma que el cerebro pierde la capacidad de controlar el movimiento de los músculos.

Su formación marxista y anarquista se refleja en su relación con la enfermedad, no como una lucha contra ella, sino como un diálogo permanente entre el cuerpo, la mente y el contexto. Constantemente, está emitiendo críticas radicales contra la medicina y la ciencia de Occidente. “La academia, desde la fundada por el filósofo Platón en Atenas, hasta la de nuestros días, es un mar nauseabundo y putrefacto de mentiras”, me escribe.

Mientras buscaba interpretar los signos y las expresiones neurofísicas de la enfermedad, libraba una batalla, esa sí, contra el sistema judicial que no le aprobaba la pensión por incapacidad laboral. “Occidente hegemónico ha creado la figura del juez, la más criminal de todas las que ha concebido. El juez ordena todo para que el capitalismo nunca deje de crecer y logre la desaparición de los que aman y cuidan la vida. El togado, el fiscal y el abogado son la tríada perfecta del crimen organizado del sacrosanto sistema judicial del régimen capitalista. Son los guardianes del régimen del terror”.

En las audiencias, antes que estar pendiente de su caso, se convierte en un cronista de su propia lucha. “Después de ocho meses de dilaciones, finalmente me reuní con la Junta Médica Regional del Valle del Cauca. Asistí con pérdida total del habla, veinticinco kilogramos menos de peso, sin mover mis cuatro extremidades, respirando precariamente, con una evidente angina de pecho y suspendido en una magnífica silla de ruedas. La Junta Médica Regional concluyó que debo demostrar y probar mi enfermedad catastrófica para así ser calificado por invalidez laboral. Por un instante creí encontrarme sano y que todo esto había sido un sueño o quizá una argucia mía, una tomadura de pelo. Cometí un desatino, debí asistir a dicha reunión sin signos vitales”.

Se burla de sí mismo y ridiculiza la atención de los médicos. “Según las investigaciones realizadas entre los años 2005-2024 por el Instituto Carl Gustav Jung de la Universidad Sigmund Freud en Viena, los estudios de psicología y psicoanálisis son abordados en un 100 por ciento por personas con trastornos mentales. ¿Cómo le parece camarada?”.

Dice de la universidad donde es profesor y que le había negado la pensión: “Las sempiternas directivas universitarias y los prestigiosos grupos de investigación se atrincheran en la autonomía universitaria para materializar el saqueo continuado”.

De su proceso legal hace un análisis kafkiano: “El neurólogo de la EPS dice que el enfermo se está muriendo de una enfermedad catastrófica e incurable. Colpensiones dice que no es para tanto, es solo una presumible enfermedad. El Juez dice que ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. El enfermo no puede hablar, ni moverse. La ELA lo mata y el sistema se vanagloria de su ineficacia e inhumanidad”.

No obstante, ganó la disputa legal; me envió un mensaje en el que celebraba su victoria. “Camarada, derrotamos a la tenebrosa barra de abogados. Creyeron que con el cuento de la autonomía universitaria iban a enredar al Juez. Comuníquese y cúmplase”.

Su poesía, aunque no reconozca que es un poeta, surge de las agonías a las que cada noche la ELA lo somete: “En las profundas brumas de los sueños, soñé con la muerte. Con su forma sorpresiva y sigilosa. Sentí que a través de mi espalda me agarró por el cuello con fuerza incontenible y me derrumbó al suelo. En medio del forcejeo asfixiante y mudo, solo tuve una opción involuntaria: Despertar”.

Una vez ganada la batalla legal, mantiene intacta su pluma fustigante. “Una vez leído el favorable fallo de tutela; el togado y sus dos secretarias, los tres abogados de la universidad, los tres abogados de la entidad de pensiones, los dos abogados de las Juntas Nacional y Regional de Calificación de Invalidez y el abogado de la ARL, salieron todos de la sala virtual con estabilidad laboral, salvo el accionante”.

Y, al final, firma desde una poética urbana: “Ciudad de las Palmas, ciudad del delirio, un ilusionante y maravilloso 16 de febrero de 2024”.

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