lunes, mayo 20, 2024
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Simón Bolívar, de la frustración a la gloria

José Ramón Llanos H.

El sueño supremo de Simón Bolívar fue una América Latina libre, unida y haciendo parte de ella, la Gran Colombia libre, próspera y guía de ese continente. Ya desde su primera juventud, en 1805 en El juramento del Monte Sacro,  considera que “El problema del hombre en libertad … no ha de verificarse sino en el Nuevo Mundo”[1].

La libertad, la democracia y la prosperidad de Latinoamérica fue la obsesión de Simón Bolívar, en El Manifiesto de Cartagena, en La carta de Jamaica lo dice inicialmente y en muchos otros documentos, proclamas y en su numerosa correspondencia. Pero en este artículo solo tendremos en cuenta las cartas escritas desde abril de 1830, desde Bogotá, Cartagena, Turbaco, Soledad, Barranquilla y Santa Marta, hasta unos pocos días ante de su muerte física y su tránsito a la gloriosa inmortalidad.

De la lectura de esas cartas se deduce que su decepción era total, hasta el punto que en carta dirigida al Señor Coronel Leandro Palacios, desde Cartagena, el 24 de julio de 1830, expresaba: “ Ya usted sabrá que nuestra pobre Venezuela está en revueltas, pues lo mismo sucede en el resto de la República. El sur se ha separado, los jefes de Pasto han hecho asesinar al general Sucre y todo, todo marcha a la disolución más completa”.[2]

La última presidencia del Libertador

Ante el fracaso de la Convención de Ocaña, Bolívar y sus amigos cometieron el error de creer que era posible gobernar el país sin atender a la legalidad establecida y mediante decretos de corte autoritario. Además, una asamblea de notables, de mayoría bolivariana le concedió atribuciones no regidas por la Constitución. También omitieron un error craso excluyeron del Gobierno a Santander y a sus amigos.

El carácter autoritario del Gobierno de Bolívar se manifestó en el llamado Decreto Orgánico del 27 de agosto de 1828, acogido jubilosamente por los bolivarianos y rechazado radicalmente por los santanderistas. La oposición de estos condujo a varios de ellos a organizar el atentado contra el Libertador del 25 de septiembre de 1828.

Algunos de los participantes lo hicieron por el temor de ser condenados a muerte por Simón Bolívar al estar acusados de malversar los dineros obtenidos con un préstamo en Londres, bajo el Gobierno de Santander en su condición de Vicepresidente.

Las manifestaciones y los ataques de los liberales al Libertador se habían multiplicado y utilizaban todos los medios para desprestigiarlo. Se multiplicaron los pasquines que contenían mentiras y calumnias contra Simón Bolívar. Lógicamente los bolivarianos lo defendían. Sin embargo. Los liberales fueron más hábiles y se inventaban infundios, por ejemplo, hicieron correr el infundio de que se estaban recogiendo firmas entre la población para pedirle al Congreso que reeligiera al Libertador.

La verdad es que vivía Bogotá grandes tensiones. En estas condiciones fue imposible que Simón Bolívar siguiera al frente de la presidencia. Por lo cual, en el mes de abril de 1830 se agravó la situación personal e institucional de Bolívar hasta el punto que decidió renunciar a la Presidencia de la Republica. Por esas razones les comunicó a los diputados lo siguiente: “como se me juzga peligroso para el país o por lo menos embarazoso, yo estoy pronto a salir, y que propongan ellos la admisión de mi renuncia… yo me iré si el congreso me lo permite y nombra un sucesor”. El decidió salir del cargo y de la ciudad con el objeto de viajar a Europa, el 4 de mayo renunció a la Presidencia de la República.

Para valorar el Gobierno de Simón Bolívar que los liberales denominan dictatorial, debemos tener en cuenta el criterio expresado por el filósofo mexicano Leopoldo Zea, quien afirma: “ Es una dictadura que no es una tiranía sino una forma de gobierno que, en situaciones espaciales, adoptan los pueblos para salvarse a si mismos”[3]

En efecto, el 11 de mayo de 1830 ya se encontraba en Guaduas y allí le escribió a Gabriel Camacho planteándole, entre otras cuestiones la siguiente: “Al fin he salido de la presidencia y de Bogotá, en marcha para Cartagena con la mira de salir de Colombia y vivir donde pueda…  pues estoy decidido a salir de Colombia, sea lo que fuera en adelante. Estoy decidido a no volver más ni a servir otra vez a mis ingratos compatriotas”.[4]

Las cartas escritas por el Libertador a partir de ese momento, desde Turbaco, Cartagena, Soledad, Barranquilla y Santa Marta demuestran la decepción de Bolívar frente a todos los acontecimientos ocurridos a lo largo de los años 28 y 30, algunos de ellos vinculados con el atentado en contra de su vida en el Palacio de San Carlos, el asesinato de Sucre y otros relacionados con su pugnaz diferencia con Santander y los liberales. Como afirma Anatoli Shulgovski:

“Al final de su vida, a Simón Bolívar se le opusieron fuerzas poderosas, tanto en el interior del país como en el exterior. Las actividades de sus enemigos políticos se vieron favorecidas porque muchos factores se tornaron adversos a los planes del Libertador. El ejército colombiano atravesaba crisis cada vez más grave y su unidad estaba socavada por la fuerza centrífuga de hondas contradicciones políticas”.[5]

El fin de la Gran Colombia

Las diferencias entre Bolívar y Santander se fundamentaban en la defensa que hacía este último de algunos corruptos que habían malversado un empréstito obtenido por Colombia en Londres mientras gobernaba el vicepresidente Santander. Otro objeto de diferencia era la cuestión del federalismo, y el caudillismo separatista de algunos compatriotas del Libertador, entre otros Páez.

En esos momentos también se agitaban los problemas con el Ecuador, Perú, Bolivia y con quienes lideraban los intentos del separatismo de Pasto y la destrucción de la Gran Colombia. Todas estas cuestiones minaron la salud y la moral del Libertador y por eso continuamente expresaba en su correspondencia su decisión de abandonar el país, su fastidio por las calumnias que se propagaban en pasquines y periódicos. A partir de junio de 1830 en la correspondencia aparece también su decepción por la anarquía política y las consecuencias económicas de esta. Y en verdad el país estaba en un proceso subversivo, que como todos sabemos, llevó a la disolución de la Gran Colombia.

Pesimismo Bolivariano

Simón Bolívar tiene que afrontar no solo las acciones que atentan contra sus proyectos políticos concebidos desde su juventud, tiene que defender sus propiedades heredadas de sus padres, las cuales intentan expropiarlas el Gobierno de Venezuela. Al respecto en esa carta desde Guaduas, fechada el 11 de mayo, denuncia:

“Yo no quiero nada del gobierno de Venezuela; sin embargo, no es justo, por la misma razón, que este gobierno permita que me priven de mis propiedades, sea por confiscación o por injusticia de parte de los tribunales”[6].

Especialmente las cartas dirigidas a Briceño, a Rafael Urdaneta están llenas de expresiones que señalan el pesimismo de Bolívar frente al futuro del país, y por supuesto, el grave estado de su salud. En carta dirigida al General Mariano Montilla, desde Soledad, el 27 de octubre de 1830 dice: “Necesito con mucha urgencia de un médico y de ponerme en curación formal para no salir tan pronto de este mundo, lo que no me costaría mucho, pues yo me he quedado contra toda mi voluntad en este país y no sé a punto fijo si me sería muy sensible morirme con tal de salir de Colombia”.[7]

Toda la correspondencia escrita por Bolívar desde septiembre hasta unos pocos días antes de su muerte tiene las mismas manifestaciones de depresión, de decepción, y de una visión pesimista de la suerte del país. Claro que el asesinato de Antonio José de Sucre incrementa su pesimismo y la percepción negativa sobre el futuro del país, hasta el punto que en una carta fechada en Barranquilla el 10 de noviembre, escribe “No creo que yo soy hombre que veo visiones, que lo que yo preveo son cavilaciones de un enfermo, si no los cálculos más perfectos de una razón experimentada. La revolución de Bogotá no será más que una inmensa rueda, que estará rodando hasta que se acabe Colombia y si Dios no viene, nadie la para”[8]

En carta del 26 de noviembre de 1830 una vez más expresa su decepción y amargura por haber tenido que permanecer en Colombia en contra de su voluntad, en esa comunicación afirma: “También me han mandado a avisar que dos buques ingleses mercantes han llegado a Santa Marta y que vendrá uno a Sabanilla para que yo me embarque; estoy preparándome para hacerlo inmediatamente, pues estoy resuelto a irme a cualquier parte por no morirme aquí; pues peor quedarme aquí para seguir sufriendo los achaques que hace doce meses estoy padeciendo, y morirme cuando más tarde de un par de meses que duraré cuanto más”.[9] Murió 17 días después de haber firmado esta carta.

Los últimos días

Desde finales de noviembre hasta la primera década de diciembre los hechos políticos positivos en Colombia, en otras palabras la situación de los amigos de Bolívar que ejercían el gobierno en Bogotá había mejorado por lo cual Simón Bolívar expresaba en la correspondencia con sus amigos cierto optimismo, incluso expresaba las posibilidades que en poco tiempo si cambiaba de clima podría recuperar su salud.

En carta a su amigo el general Justo Briceño, de 7 de diciembre, le manifiesta: “me hallo mejor con el cambio de temperamento y con la esperanza de un pronto restablecimiento”. Al general Urdaneta le expresa con cierto tono más optimista que se recuperará prontamente. Incluso el 8 del mismo mes escribe al mismo general y le recomienda que utilice  en el ejército a algunos oficiales venezolanos para estabilizar aún más su gobierno. Los hechos posteriores demostraron que eran los últimos momentos de lucidez antes de iniciar la fase final de su vida.   El 10 de diciembre publica su última proclama.    En cuyo texto culmina exhortando a las facciones políticas a que procuren la unión y dejan atrás resquemores y divisiones y así procurar “la felicidad de la Patria”. Y afirma,   en esa proclama algo más que deberían aplicar los militares: “… y los militares empleando su espada para defender las garantías sociales”.

Finalmente, el 17 de diciembre a la una de la tarde murió Simón Bolívar Palacios y empezó a cumplirse la bellísima metáfora que expresara el inca José Domingo   Choquehuanca,  el 2 de agosto de 1825, al paso de Bolívar por Pucará, Perú:

“Nada de lo hecho hasta ahora se asemeja a lo que habéis hecho, y para que alguno pueda imitaros será preciso que haya un mundo por libertar. Habéis fundado tres repúblicas que en el inmenso desarrollo a que están llamadas, elevan vuestra estatua a donde ninguna ha llegado. Con los siglos crecerá vuestra gloria, como crece el tiempo con el transcurrir de los siglos y así como crece la sombra cuando el sol declina”.

[1] José Ramón Llanos. El pensamiento político de El Libertador. Ediciones Clío Caribe. Bogotá. Abril 2022.p. 16

[2] Simón Bolívar. Obras Completas. Vol. II. Parte II. Editorial Lex. La Habana Cuba, 1947, p.894

[3] Anatoli Shulgovski. Ensayos Políticos acerca de Simón Bolívar. Ediciones Anfictiónicas. 1° Edición- Julio.2000., Caracas. Venezuela.,p.96

[4] Vicente Lecuna. Simón Bolívar. Ibid, p. 879

[5] A. Shulgovski. Ediciones Anfictiónicas. Julio de 2000.Caracas-Venezuela. p. 161.

[6] Vicente Lecuna. Obra citada.p.880

[7] Ibid. p. 943

[8] Ibidem. p.963

[9] Vicente Lecuna. Obra citada, p.976

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