¡Se percibe la feliz aurora!

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Foto Gabriel Ramón Pérez Castellar

Editorial VOZ 3171

Claro como la luz del día, así habló el presidente Gustavo Petro, el Primero de Mayo al pueblo colombiano y tambien a la burguesía. Ya están notificados todos, pueblo, burguesía y depredadores del Estado, este Gobierno no tiene dudas ni vacilaciones, sabe qué, cómo y cuando hacerlo.

Así es la cuestión con el presidente del Pacto Histórico, lo respaldan más de 11 millones de electores y los tres millones de personas que marcharon en el Día Internacional de la Clase Trabajadora.

La declaración del presidente del cambio tiene algunas connotaciones, que es necesario identificar y destacar. Son de naturaleza histórica políticas, relevantes, grávidas de enseñanzas y pertinentes para la actual batalla de ideas.

El primer hecho que hace trascendental el contenido de ese discurso es que fue socializado el día de la clase obrera, ante miles de trabajadores y trabajadoras, que portaron una variedad de pancartas en apoyo al cambio.

El segundo hecho significativo es su contenido relativo a dos hechos históricos señalados en el discurso político, interpretados asi por el presidente: “Ese es un ejemplo que quedó en la historia. Lo hundieron en medio de la violencia. Hasta al mismo Alfonso López Pumarejo le intentaron dar un golpe de Estado en su segundo gobierno. Paralizaron sus reformas a partir de la muerte, las masacres empezaron a sucederse y el terror sobre el pueblo campesino fue creciendo hasta que asesinaron a una de las personas que quería desarrollar eso que se llamó la Revolución en Marcha: Jorge Eliécer Gaitán”.

Esta alusion nos recuerda dos hechos que identifican el carácter inmoral y criminal de la burguesía colombiana y los crímenes que es capaz de cometer para evitar los cambios, que cualquier mandatario honesto ha prometido en la campaña electoral y está dispuesto a realizar.

Esta cita nos muestra como la clase que durante 193 años ha usufructuado el poder, se opone por cualquier medio, incluso con violaciones a la Constitución y con crímenes que fueron la partida para lanzar al país en largos años de muerte y destrucción. Recuérdese a finales de los años cuarenta y cincuenta la bautizada Violencia, narrada por Orlando Fals Borda, monseñor Campo Guzmán y Eduardo Umaña Luna.

El presidente Gustavo Petro, conocedor de ese pasado de violencia perpetrado por la burguesía, ha llamado a la Paz Total, no solo para convertir en pasado ese antecedente de la clase gobernante del país y sepultarlo, sino que además convoca a quienes han propiciado la desigualdad, la exclusión y la miseria a que acepten los cambios que harían a este país más equitativo y pleno de convivencia, solidario y en paz.

En sus palabras: “No hemos dejado la bandera de la concertación. Claro que siempre estamos dispuestos a hablar, claro que en cuestiones justas podemos ceder si estamos equivocados o podemos encontrar las nuevas fórmulas que quizás nuestra mente y espíritu aún no encuentran. No estamos alejados del diálogo, porque el diálogo es lo único que distingue al ser humano del animal. Dialogar es de humanos y este gobierno es de una Colombia humana. Somos humanos en ejercicio del poder”.

¿Pero sobre qué hay que dialogar? Sobre los problemas que causan la desigualdad, la exclusión y que propician la miseria en un polo y en el otro la máxima concentración de la riqueza, producto de la sobreexplotación del trabajador y la apropiación ilegal de la tierra. En una expresión, más equidad, más cristianismo, del que tanto hablan, pero nunca practican.

Por eso son necesaria las reformas agraria, laboral, pensional y la tan vital reforma a la salud. Que deben salir de la concertación y el reconocimiento que quienes durante tantos años ha detentado ilegalmente la tierra. Deben devolverla para que el Estado la distribuya equitativamente entre los campesinos y campesinas productoras de alimentos.

¿Y si no aceptan el diálogo, los cambios necesarios y justos, qué sucederá? El presidente responde con precisión. El diálogo y la llamada a la concertación no significa ni debilidad ni falta de voluntad para construir las transformaciones que hagan posible la equidad que nos conduzca al vivir sabroso. El mandatario es fuerte y cuenta con el poder de la ley y la alianza potente del pueblo trabajador conducido por la dirigencia sindical.

Gustavo Petro y el pueblo son conscientes que, en ocasiones como estas la victoria depende de las acciones decididas y correctas, son aquellas horas y días en que las transformaciones generadas por el pueblo y sus conductores cambian lo que otros no pudieron cambiar en años de intentos estériles.

En esta ocasión Gustavo Petro, Francia Márquez y el pueblo están convocados a realizar lo que Galán, Bolívar, Gaitán, Camilo Torres, Jaime Pardo Leal y tantos otros no pudieron acabar con la oprobiosa explotación e inequidad de la oligarquía desalmada e insensible. ¡Ya se percibe la feliz aurora!