jueves, junio 20, 2024
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“Recorre cual páginas sus olas”: Jorge Marel

El de él es un mar metafísico, que ha sabido entronizar como un símbolo de creación y exploración de la sabiduría del mundo

Francisco Atencia Gómez

Desde tiempos inmemoriales, los poetas han sido proclives a cantarle al mar. Omero con su Odiseo, tropezando con toda clase de obstáculos hasta llegar a Ítaca; John Mansfield, con su poema fiebre del mar, y El mar, la mar de Rafael Alberti.

El poeta compara al mar con un libro: un libro de sabiduría, de cosas exóticas, cuando se adentra en su lectura, cuando escribe:

El libro del mar

El mar es también
Un libro sagrado.

Toda la noche
El viento
Recorre cual páginas sus olas. 

Aprende mucho
De tanta soledad bajo la luna”.

Palpitaciones de su espíritu

Antes, nos había hablado del amor, el poder supremo de las palabras; nos habló de sus sueños donde crea paraísos, pero se siente solo, en medio del desamor. La nada es la conceptualización del ser, propiciado por situaciones adversas que se presentan a toda hora y a cada momento, en el interregno de una vida humana. Los poemas de Marel son viscerales, condición que todo creador tiene que soportar para, desde ahí, lanzar su canto.

Al igual que Gustavo Adolfo Bécquer, en sus poemas habla del amanecer, del anochecer, del peso de la madrugada y de cierto espacio de tiempo que representa las palpitaciones de su espíritu creador, donde es capaz de abordar momentos mágicos, donde el mundo real se funde con el imaginario y es capaz de producir mensajes que se alejan con el viento, envuelto en cierta áurea de santidad espiritual, pudiendo terminar en esa explosión de claridad, de la que hablaba Bécquer.

El poeta es un ser solitario porque al crear no admite distracciones sin sentidos como las que se pueden presentar en un momento determinado. Por eso, Jorge Marel es un poeta solitario, como todos los poetas, encerrado en su propio círculo espiritual para poder poner en práctica lo conceptual y lo sublime, que es el alimento del quehacer poético. No puede crear en chagua ni en gavilla porque esa no es su estirpe.

Gnomos y duendes sobre las olas del mar

El día ocho de mayo de 1998, el diario El Tiempo publicó un artículo titulado Jorge Marel: Poeta por excelencia en el que se expresa:

“Jorge Marel, poeta del mar por excelencia, el último de una estirpe de bardos y líridas en vías de extinción que a lo largo de los años se han devanado los sesos y el espíritu para cantarle al mar […], acaba de entregar a las letras colombianas un ramillete copioso y fragante de flores y rosas cultivadas en el jardín de su estro en los últimos cinco lustros y atadas con la cuerda musical de los días, los meses y los años.

» Bardo de pura raigambre caribeña que ha logrado compenetrarse con los gnomos y duendes que viven sobre las olas del mar […]”.

Al decir de José Manuel Vergara: “Nadie aprende a ser poeta, algún gen ha de traer en la sangre”, pero ese gen debe ser alimentado con el estudio sistemático y la investigación. La lectura nos aleja de tres grandes males: “el aburrimiento, el vicio y la ignorancia”. Los libros son imprescindibles para el proceso de formación del ser humano. Jorge Marel sabe que las lecturas de libros le han dado capacidad para escribir sus poemas:

El mar
Bajo la noche
Cantar en solitario

Es un poema condensado, sintético; es una elipsis. En él nos muestra un mundo, en pocas palabras: vivencias, pensamientos, humanidad y capacidad de entendimiento. A Marel todo se le facilita por su capacidad interpretativa que mana de su mente entrenada.

Otro gran poeta de la costa Caribe, Raúl Gómez Jattin, sobre la poesía de Jorge Marel, mencionó: “Hoy me asomé con un nuevo cristal para mirar el mar. La poesía de Marel hizo el milagro”. Meira Delmar aseguró que “Jorge Marel es uno de los más visibles hitos de la poesía colombiana actual”.

El poeta vive, canta, versea, se vuelve real y metafísico. El mar que lo circunda no se ve, solo se siente porque es un símbolo creado por él, es un mar entronizado que vive dentro de su alma y de su mente.

El libro Cantar en solitario empieza cantando al mar bajo la noche, que lo lleva a cantar en solitario: es un poema condensado, pero de grandes connotaciones sobre la contemplación del fenómeno llamado mar. Parejas de enamorados observan sus aguas desde la playa escuchando el rumor de las olas y la erótica quejumbre de las sirenas, confundiéndose con la erótica quejumbre del amor en éxtasis, en el accionar de eros sobre las blancas arenas.

Metáfora embriagadora

Los seres humanos, como apuntara el maestro Rojas Herazo, somos infancia apelmazada. Por eso, el poeta Marel añora conocer la nieve, jugar con ella, como niño, lanzando a otros niños, en algún parque del planeta, pedazos de niebla.

Poemas cortísimos, pero de un inmenso contenido semántico, metafórico, que irradia y sustrae a quien los lee, son cautivantes y embriagadores, como cuando llegamos a las puertas de lo desconocido y, por pura curiosidad, nos adentramos a ese mundo de puertas abiertas en donde las imágenes y las metáforas, símiles y quimeras, revolotean como fugaces mariposas.

La capacidad de sintetizar el mundo en un poema es algo que Jorge Marel maneja muy bien; es capaz de juntarlo en un pequeño poema: la soledad, el soñar, el crear concepciones nuevas, hasta un paraíso propio. Todo, con el poder de las palabras, y se autodenomina un dios en mitad de la nada como en su poema Epitafio para dos niños muertos en una playa, que:

Jugando en la arena,
se olvidaron del mar.

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