Que el balón ruede para ellas

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Gabriela Camargo hace parte de Millonarios desde enero de 2022. Foto cortesía

La consolidación de una liga femenina pasa por un trabajo mancomunado entre la empresa privada, la Dimayor y el Ministerio del Deporte, que deben procurar acuerdos y estrategias para conseguir profesionalismo y dignidad laboral para las jugadoras

Juan Carlos Hurtado Fonseca
@aurelianolatino

La presentación, el desempeño y los logros de la Selección Colombia Femenina de Fútbol en la pasada Copa América provocaron un júbilo generalizado en el público, que se tradujo en el acompañamiento a las jugadoras en los estadios de Cali, Armenia y Bucaramanga y en el seguimiento por televisión de los encuentros.

No era para menos, las mejores selecciones de América del Sur buscaban cupos al Mundial que se disputará en julio de 2023 en Australia y Nueva Zelanda y a los Juegos Olímpicos de París en 2024.

La selección nacional consiguió cupo directo a estos dos campeonatos de importancia global y el segundo lugar en el torneo, luego de perder en la final con el onceno brasilero.

Pero la contradicción o paradoja del asunto está en que las nacionales representarán al país y no cuentan con una liga de fútbol estable o consolidada. El desdén hacia el fútbol femenino es tanto que Fernando Jaramillo, presidente de la División Mayor del Fútbol, Dimayor, antes del inicio de la Copa anunció que no habría campeonato de mujeres en el segundo semestre de 2022: “Solo teníamos siete equipos confirmados y además hay inconvenientes económicos complejos por parte de los mismos clubes. Ya para el 2023 la liga va y fuerte como la que jugamos la temporada pasada”.

El pronunciamiento causó indignación en las atletas, el público y la prensa especializada. Y, provocó que en el primer partido del seleccionado nacional en los actos protocolarios, las jugadoras alzaran su puño en señal de protesta.

Fútbol y política

La discusión llegó al ámbito político justo cuando se estaba en el proceso de empalme de los gobiernos entrante y saliente, y porque la vicepresidenta Francia Márquez como candidata asistió al estadio Pascual Guerrero a la final de la competición femenina del primer semestre. En un tuit expresó: “En la final de mujeres poderosas, compartimos la pasión del fútbol con el pueblo caleño. Se me hincha el corazón al verlas a ustedes guerreras. Las mujeres vamos a ocuparlo todo. ¡En nuestro gobierno jugarán y ganarán en igualdad y con oportunidades!”.

Asimismo, luego de finalizar el partido entre la Selección Colombia y la de Argentina, en la que la tricolor pasó a la final, el presidente electo Gustavo Petro trinó: “¡FELICITACIONES! De verdad, verdad. Poder a la mujer. Una de las primeras tareas del Ministerio del Deporte es lograr que se constituya la liga de fútbol femenino”.

Por su parte, al culminar la Copa América, la senadora por el Pacto Histórico, María José Pizarro Rodríguez, manifestó en Twitter: “Victoriosas las mujeres futbolistas de nuestro país. Hoy triunfan frente a todos los obstáculos. En el Gobierno y Congreso del #cambio les acompañamos en sus justas demandas y trabajaremos para garantizarles la igualdad por la que han luchado #CopaAmericaFemenina Subcampeonas”.

Pero más allá de las palabras que denotan buenas intenciones, ¿Qué se puede hacer para que las mujeres tengan un torneo que dure todo el año, que se profesionalicen en condiciones de dignidad, pero que además los clubes obtengan ganancias?

Lo primero es entender que es definitiva la decisión de no hacer torneo femenino para el segundo semestre de este año y que pasada la indignación, se debe pensar en corregir para conseguir un torneo sólido con dignidad laboral para las protagonistas.

Justo terminado el partido de la final, Ramón Jesurún, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, confirmó: “En el 2023 tenemos que hacer el esfuerzo todos. Pero también necesitamos el apoyo de la empresa privada, no nos pueden dejar a nosotros solos. Creo que así como está todo el país con el desarrollo del fútbol femenino, que se traduzca en hechos, que no nos dejen tan solos. Y no es una excusa. No tengo ninguna duda que para 2023, tengo la completa seguridad de que vamos a normalizar un torneo que cubra todo el año”.

“La mitad de la Selección Colombia se queda sin trabajo porque no habrá liga en el segundo semestre, justo cuando debe prepararse para los campeonatos internacionales a los que clasificó. Foto Federación Colombiana de Fútbol

Más allá de las canchas

En segundo lugar, es necesario tener en cuenta que aunque el fútbol femenino ha venido en alza, tanto en calidad como en cantidad de practicantes, existen mucha falencias en su parte organizativa porque hasta ahora se están dando los primeros pasos.

Y al ser el fútbol un espectáculo de masas, un negocio, parece inexplicable que si ya hay un público, no se establecieron desde los clubes los equipos para participar.

“Hay elementos que se tienen que conjugar para que un torneo salga bien. Por ejemplo, este año se jugó la primera liga y se cometió el error o la ligereza de otorgar en el mismo los dos cupos a Copa Libertadores y para el segundo semestre ya no hay un aliciente para que los clubes participen”, explicó a VOZ Édgar Cortés, quien ha sido dirigente de fútbol desde los clubes y colaboró con el empalme del Ministerio del Deporte.

Esto aclara en gran parte el desinterés para que los clubes conformaran equipos femeninos ya que una de sus metas es tener la oportunidad de participar en el torneo internacional, lo que les garantiza altos dividendos.

Algunos han manifestado que no cuentan con los recursos para la financiación de un equipo femenino, “puesto que implica asegurar las mismas condiciones que las de uno masculino: cuerpos interdisciplinarios como entrenadores, médicos, etcétera. Eso conlleva a una erogación que de pronto no está en el presupuesto de todos los clubes porque no se ha tenido la planificación debida desde la parte de arriba para decir cómo desarrollar el torneo, y en razón de eso los clubes hacer las contrataciones respectivas, teniendo en cuenta la parte contractual que es supremamente delicada. También deben ir mirando todas las cosas necesarias para llevar adelante la tarea de presentar un equipo decente, con el debido respeto de las jugadoras, entendiendo que tengan las condiciones profesionales para poder desempeñar la actividad”, complementa Cortés.

Entre la grama y el trabajo

Acerca de las condiciones profesionales, punto que han exigido las jugadoras, Cortés dice que es una falta de respeto darle un contrato a una de ellas por dos meses para que se presente en una liguilla con seis u ocho equipos, como se pretendía hacer, pues la Dimayor asocia 36 clubes y todos deberían participar.

“Al partir de ese principio de respeto hacia el profesionalismo, dignificándolas a ellas y a la profesión, es bueno esperar para organizar mejor una liga que dure todo el año, que tenga los debidos incentivos en lo económico, como en lo deportivo”, anota Édgar Cortés.

Justamente sobre este tema, la profesionalización, la jugadora de Millonarios, Gabriela Camargo, dice que hay diferencias entre las condiciones de ellas y las que tienen los hombres. Ellas solo están unas horas al día concentradas en el fútbol.

Su rutina varía de acuerdo con la pretemporada o si hay partidos en disputa. Pero normalmente su jornada laboral inicia a las 8 y 30 de la mañana con el ingreso a la concentración. A las 8 y 45 debe pesarse y a las 9, antes del entrenamiento físico, recibe una charla técnica para planear y desarrollarlo de la mejor manera. Luego, el preventivo, o estiramiento y fortalecimiento, para pasar a unas horas de fuerte preparación que incluye práctica táctica y técnica hasta las once de la mañana y terminar con estiramiento.

Varias de las jugadoras de este equipo, quienes vienen del exterior u otras ciudades, pueden dedicarse solamente a jugar. Luego del entrenamiento van a sus apartamentos, a descansar o a otras actividades. Pero, para poder subsistir Gabriela trabajaba en las tardes en una empresa de tapabocas. Algunas de sus compañeras debían ir a la universidad o a otros trabajos.

Los salarios varían dependiendo de la experiencia, no obstante, mientras algunas pueden devengar cuatro salarios mínimos, otras pueden recibir el mínimo u 800 mil pesos. Las que vienen de otras partes cuentan con una experiencia que les permite ganar tres o cuatro millones. El club cubre todos los gastos cuando tienen que desplazarse por la competición.

Cortés comenta que cuando el fútbol masculino estaba empezando era igual, que los jugadores pseudoprofesionales entrenaban de vez en cuando e iban los domingos a jugar los partidos, “pero tenían una profesión aledaña para poder completar el presupuesto para sus vidas, para el desarrollo de sus actividades familiares. Es muy difícil pretender que nosotros vamos a pasar de la primaria a la universidad sin pasar por el bachillerato. Todo es un proceso. Obviamente hoy día con la modernidad hay muchas más facilidades para poder ayudar a que esto se dé más rápido”.

Al hacer la comparación con lo que ganan las futbolistas en las ligas de Europa, Gabriela sabe que hay una gran diferencia, que allá “ellas tienen un salario fijo, que el torneo es sólido y para todo el año. Aquí estamos en el proceso de llegar a ser profesionales, algo que también tiene que ver con la mentalidad. Ellas se lo ganaron, llevan mucho tiempo luchando por ligas dignas”.

Y esa falta de profesionalismo es uno de los puntos que alegan los dueños de los clubes cuando se les habla de mejores salarios, pues argumentan que no hay las suficientes jugadoras con esas características como para armar equipos con esas calidades, que a la vez entreguen al público un mejor espectáculo y mejores utilidades para ellos.

Selección Colombia en trabajos físicos y de fuerza. Foto Federación Colombiana de Fútbol

Hacia el profesionalismo

Sobre los salarios y la falta de jugadoras profesionales, Gabriela señala que no las hay todavía porque no han contado con el apoyo. “Ellos no piensan en que van a invertir en nosotras, sino en que va a haber un gasto. Invertir y gastar son términos diferentes”.

Ella quiere que la gente en Colombia se dé cuenta de que existen las condiciones para generar una liga digna. Se refiere a espectadores, pero también a clubes y a patrocinadores.

Sin embargo, un club no invertirá en su equipo femenino hasta que este no le dé dividendos y eso depende de que haya suficientes aficionados y patrocinadores. Por eso, la jugadora de Millonarios cree que debe haber campañas de motivación al público para que entienda que no son solo mujeres dándole patadas a una pelota, sino que vean profesionalismo, que se han preparado, que han sacrificado muchas cosas: “En este momento hay muchas mujeres sacando la cara por Colombia y tenemos el ejemplo de la selección contra Brasil en la final, lo que ha motivado a mucho público que se da cuenta que tienen ganas, fútbol y mentalidad. Y, eso es mucho más que darle patadas a un balón”.

Por su parte, al hablar de la profesionalización de las futbolistas, Édgar Cortés cree que hay una responsabilidad tanto del Estado como del sector privado, que va desde la formación del individuo. “En las edades tempranas, hay que construir desde el amor, desde el conocimiento y desde la mentalidad para que al final tengamos una buena profesional. Es ahí donde la parte de fomento y desarrollo por parte del Gobierno nacional y de la empresa privada toma mayor importancia. Es ahí cuando en las edades más tempranas en esas escuelas de formación se debe trabajar en el individuo, hombre o mujer, para que en su cabeza tengan el mapa de lo que pretenden ser como profesionales”.

Ese profesionalismo también permite pensar en una situación ideal en la que una jugadora de fútbol no tenga que estar trabajando en una empresa y cuadrar tiempos para entrenar y jugar, sino que pueda solamente dedicarse al fútbol. Aunque puede permitir espacios para la formación académica, si ella lo desea.

Para lograr estas condiciones, Cortés deja claro que pretender que el Gobierno intervenga en el fútbol femenino es como pretender que intervenga en las empresas de un capitalista como Sarmiento Angulo. “Al fútbol lo rige la FIFA y es un negocio privado, una empresa privada. Pero sí debe haber sinergias con el Estado para sumar y tener mejores condiciones para el desarrollo del fútbol femenino”.

En conclusión, para la consolidación de una liga femenina debe haber un trabajo mancomunado entre la empresa privada representada por la División Aficionada del Fútbol Colombiano, Difútbol; la Dimayor; la Federación Colombiana de Fútbol y el Ministerio del Deporte, que deben sentarse a lograr acuerdos y estrategias para conseguir una liga profesional femenina con todas las condiciones y respeto para las mujeres.

En ese sentido, Gianni Infantino presidente de la FIFA estuvo en el país hace dos semanas viendo unos partidos de la Copa América y tuvo una reunión con dirigentes deportivos allegados al Gobierno nacional entrante, la Federación y la Dimayor y se comprometió a impulsar la liga femenina.

Desempleo y preparación

Por ahora, la mitad de la Selección Colombia se queda sin trabajo porque no habrá liga en el segundo semestre, justo cuando debe prepararse para los campeonatos internacionales a los que clasificó. Algunas como las jugadoras de América y Cali deben enfrentar la Copa Libertadores. Para el resto, está el reto de mantener un nivel competitivo sin competir, por lo que se estudia la posibilidad de que durante lo que resta de 2022 estén en clubes de otros países que tengan campeonato.

Gabriela Camargo ya no tiene vínculo con su equipo. Ella y sus compañeras deben buscar un sitio de entrenamiento que les permita mantener el nivel hasta que en diciembre las vuelvan a convocar para iniciar trabajo para 2023. Ella irá a su club, al que la vio nacer, allí seguirá entrenando y debe conseguir un trabajo para sostenerse.

Que cambie ese estado de cosas pasa por conseguir una liga femenina estable y digna para ellas. Por eso, Gabriela cree que “tener una liga de todo un año es una de las cosas más gratificantes, en cuanto al respeto. Donde las jugadoras tengan su salario sin ningún problema porque estamos trabajando. Que todos los clubes puedan tener equipo femenino. Hay jugadoras muy buenas, que nadie ha visto, que tengan la oportunidad de mostrarse. Que las jugadoras puedan concentrarse en jugar profesionalmente porque al haber liga para todo el año, van a tener trabajo. Algo verdaderamente profesional”.

Para lograrlo también se requieren más escuelas para niñas en los barrios, más oportunidades, y es ahí donde puede entrar el Estado. Tan así es, que Gabriela piensa que el nuevo Gobierno ayudará mucho: “Ellos tienen esa idea, de ayudar al fútbol femenino, pueden tomar las riendas para hacer las cosas de manera diferente. Y que nosotros podamos sentir su respaldo nos ayudaría mucho y no nos sentiremos solas. Que todos jalemos para el mismo lado”.