Poderosos libros de una sola hoja

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La iniciativa Dosis Mínima cuenta en la actualidad con siete colecciones de distintos temas y autores, lo que representa más de 200 libros editados

Desde Steinbeck hasta La Muchacha, una innovadora propuesta editorial publica autores universales y locales que recuerdan cómo el libro puede cambiar la realidad política

Pablo Arciniegas

En Colombia, se puede conseguir una dosis mínima de casi todo, hasta de literatura. 10 cm de largo, 6,5 de ancho, 16 páginas, dos grapas y no más de 1.200 palabras, son las dimensiones de este formato de libro: la Dosis Mínima, que está fabricado con una sola hoja de papel tamaño carta y que cualquier persona, hasta el menos lector, puede terminarse en un trayecto corto de transporte público.

Pero esta descripción no le hace justicia a las Dosis (como las llaman los que las conocen y las coleccionan), porque lo que verdaderamente las distingue son sus contenidos, que siempre están sembrando una inconformidad. De hecho, autores como Rafael Barret, Violeta Parra, Erasmo de Rotterdam y artistas locales como La Muchacha, han sido publicados y republicados a través de esta iniciativa totalmente autogestionada que arrancó en el 2019.

Desde ese año, Dosis Mínima no ha hecho más que multiplicarse. Hoy, por ejemplo, cuenta con siete colecciones de distintos temas y autores, lo que representa más de 200 libros editados. Y no solamente se trata de gastar tinta, sino que sus tres creadores: Juan Biermann, Felipe Sandoval y Valentina Campos-Cervera, de manera autónoma, le han dado diferentes versiones y espacios a este proyecto, sin dejar de ser lo que es: un mecanismo para estimular la lectura como acto político en Bogotá y en toda Colombia.

Martes en La Perrata

Todos los martes a las siete de la noche, en La Perrata de Diógenes (calle 62 # 5-89), un bar de Chapinero en Bogotá, Juan Biermann, hijo de alemán y paisa, reúne a amigos y visitantes del lugar para ensamblar Dosis Mínimas mientras se toman una pola. Los textos los ha seleccionado previamente, y van desde La proletaria de Rosa de Luxemburgo y el Manifiesto de Seneca Falls hasta La autodeterminación de las naciones, de Lenin.

“Los seleccioné porque al leerlos y armarlos producen ideas libertarias, pero no ideas libertarias como las de Alejandro Gaviria, sino las verdaderas ideas libertarias como las de los que se opusieron al franquismo”, explica Juan, un historiador de 42 años, que luego de trabajar como profesor y fundar su propia editorial independiente, Júbilo, también sumó a sus proyectos el de Dosis Mínima.

De hecho, según él, este formato de ‘microlibro’ no es una invención propia, sino que más bien fue un redescubrimiento. “A las Dosis nos las encontramos buscando alternativas para publicar libros de forma rápida y económica, entonces, encontramos que, si le haces tres pliegues a una hoja carta y la cortas por los lados, te quedas con un libro de 16 páginas”, explica Juan.

Con eso en mente, una Dosis Mínima hoy no pasa de los $3.000. “La colección universal, por ejemplo, son cuarenta autores: Mijaíl Ende, Violeta Parra, Jesús Lizano, Clarice Lispector, Steinbeck… transcribimos fragmentos de sus obras para llevarlas a nuestro formato, pero como esto no se trata de enriquecernos, subimos estos libros a nuestra página: dosisminima.org, para que quien quisiera pudiera imprimirlos y no nos tuviera que pagar”, cuenta Biermann.

Soberanía editorial

Sin embargo, Juan, tal como él dice, se ha enfocado más en la labor artesanal de los libros, cosa a la que Felipe Sandoval, segundo fundador de Dosis, le ha dado otra importancia, porque para él, el proyecto gira alrededor del concepto de soberanía editorial. ¿Y eso qué es?

“La soberanía editorial, guardadas las proporciones, es como la soberanía alimentaria, que es que nosotros podamos producir y comerciar con material editorial, de manera autónoma, sostenible y libre. Hoy, el mercado de los libros está dominado por gigantes, como Penguin Random House, que tienen sus criterios comerciales para decidir qué se publica o no, y esa industria también nos ha llevado a pensar que uno no puede producir libros por sí solo», explica Felipe, un antropólogo de la Universidad Nacional con maestría en Creación Literaria, de 29 años.

Es más, para él, iniciativas propias de Dosis Mínima como la colección local, donde se publicaron 15 autores bogotanos en el 2020, fue la oportunidad de plantear una alternativa a las grandes editoriales. «Cómo manejamos una licencia de libre reproducción, les pagamos a los autores con un tiraje de su libro. Ellas y ellos también firmaban un contrato de cesión de derechos, que le explicaba que su obra podía ser reproducida por cualquiera; ninguno dijo que no, sobre todo, porque en cuestión de distribución las Dosis se nos acaban muy rápido».

Lo cierto es que este modelo de difusión ha resultado efectivo, porque hoy la colección de autores locales va para su cuarta versión. «Es un proyecto que la gente encuentra fascinante, porque se puede apropiar muy fácil de él. Lo he visto en los talleres de Dosis Mínima que he hecho en la universidad Konrad Lorenz y en la casa de la cultura de Potosí», cuenta Sandoval, quien durante el paro nacional imprimió y compartió Paila a la Paila, una colección de Dosis que reunió gran parte de la poesía de los artistas y no artistas que salieron a darle a la cacerola.

Por lo pronto, Felipe está experimentando con un nuevo formato editorial: la Sobredosis: «son nueve cuadernillos de Dosis Mínimas cosidas por el lomo, lo que resulta en un pequeño libro donde caben novelas cortas y antologías, como La marcha de las letras, que fue un texto que dedicamos a la Primera Línea».

Saberes cotidianos

Con este mismo impulso, Valentina Campos-Cervera, la fundadora de Dosis más joven (26 años), ha utilizado el formato del proyecto para crear sus propias colecciones. La más reciente fue la de Saberes cotidianos, una reunión de textos dedicados a promover el desarrollo sostenible, la autogestión y reflexiones sobre la sociedad de consumo. «También incluí un texto de Víctor Hugo sobre el manejo de aguas negras que curiosamente todavía es vigente», dice esta historiadora del arte de la Universidad de Salamanca y maestrante en Literatura de la Universidad Nacional.

Valentina, que ha estado desde los albores de Dosis, precisamente utiliza este proyecto para llevar el trabajo de diversos colectivos al plano de los libros. «Saberes cotidianos, por ejemplo, contó con la participación de un colectivo llamado Yerbateras, que se ha dedicado a promover la relación de la mujer con las plantas medicinales, y por esa línea también publicamos un texto sobre cómo crear pacas de abono orgánico», dice.

Sin embargo, debido a su trabajo, Valentina hoy vive en Garzón, Huila, cosa que no le ha impedido seguir promoviendo Dosis Mínima. «Apenas me estoy incorporando a la movida cultural de aquí ―explica Valentina―, pero hace poco llevé Dosis a un evento del Pacto Histórico en el municipio”.

Es importante mencionar que, gracias a esa gestión, no solo de Valentina, sino de Juan y Felipe, el año pasado se publicó en formato Dosis la colección 13 Lunas, una reunión de escritos de mujeres, que contó con el trabajo editorial de Laura Acero, y en donde participaron escritoras como Alejandra Lerma e Isabel Ramírez, ‘La Muchacha’, con un cancionero. Igualmente, Dosis también le prestó su formato al escritor Juan Camilo Lee Penagos para sacar su colección ‘Disipados y moleculares’, que nació como respuesta a los paranoicos trinos de Álvaro Uribe durante el paro nacional.

En efecto, una Dosis Mínima puede ser muchas cosas: un proyecto editorial, un formato de libro, el espacio de reunión para amigos, pero, sobre todo, es algo que nos recuerda lo poderosos y revolucionarios que pueden ser los libros, así estén hechos con una sola hoja.