Pachuco, contracultura, pogo y nostalgia

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Presentación de La Maldita en Chicago, Estados Unidos. Foto Twitter @MalditaVencidad

La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio cerrará el Rock al Parque 2022

Ana María Montaña Ibáñez

Hablar de la Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio no es solo hablar de ellos. La Maldita, como se ha conocido a esta banda de rock mexicana que no tiene nada de maldita, representa toda una época de la movida del género en Hispanoamérica, pero especialmente en América Latina.

Eran los ochenta, esos años convulsos para los jóvenes latinoamericanos, movidos políticamente, y como suele ocurrir, potentes culturalmente. El rock no puede desligarse de la política y es el lugar privilegiado para construir discursos contrahegemónicos y hacer resistencia.

Esto se entendió y se expresó en el rock en español en Argentina, México, Brasil, Colombia, Venezuela, y en general, en estos países en los que muchas veces hay que utilizar la industria cultural para gritarle al Establecimiento que lo popular existe, sin condescendencia y sin maquillaje, para reivindicar la cultura de la calle, de los barrios y de las plazas.

Pues esto es lo que nos dice la Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio. La Maldita es el México de la plaza, de la calle, del barrio, de la vecindad, pero también es cualquier ciudad de América Latina. La banda que nos pone a tararear “Hey, pa’, fuiste Pachuco, también te regañaban, hey pa’, bailabas mambo, tienes que recordarlo” y que toda una generación, hoy veterana, pogueaba en los bares del movimiento alternativo bogotano, representa la cultura popular y la contracultura latinoamericana. De ahí su fuerza y potencia.

La banda nació en 1985 en Ciudad de México como parte del movimiento llamado “Rock en tu idioma” que definió parte del sonido de este género en América Latina, con bandas como Los Fabulosos Cadillacs, Molotov o Aterciopelados que incorporaron sonidos del folclor tradicional y popular en su propuesta rockera.

La Maldita incluye saxofón, trompetas, congas y tambores, instrumentos poco comunes para ese momento en el formato más clásico del rock y así nos cuentan la historia del Gran Solín, machetero y vendedor de amor, que se convierte en faquir, lee las cartas, ve el futuro e hipnotiza. O la reivindicación del Pachuco, que representa la contracultura mexicana de los años treinta y que resiste contra la opresión norteamericana. Este último tema, que se encuentra en su segundo disco, El circo (1991), es tal vez el que los hizo más conocidos.

Pero su coherencia no es solo por la mezcla de instrumentos y sonidos o por sus letras. Hicieron su primera presentación en un mitin del Partido Socialista Mexicano y gran parte de sus conciertos han reivindicado causas sociales o de solidaridad con los vulnerables.

La Maldita es, en resumen, una de las bandas más importantes del rock latinoamericano, que merece ser pogueada por todos, los nostálgicos underground que bailamos con ellos en los noventa y los más jóvenes que no han escuchado lo que, creo, es una BANDA en mayúscula y con todas las letras.