Pablo Milanés, guitarra y piel de tambor

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Patricia Ariza, Pablo Milanés, Poli, Santiago García, y Pedro Alcántara Herrán, en Bogotá, años ochenta (Foto cortesía de Poli)

A través de sus canciones y su personalidad -con sus ojos siempre juguetones y su mirada tierna-, manifiesta su amor a la vida, las mujeres, la solidaridad, la justicia, la libertad y la paz

Andrés Olivos Lombana

En las últimas semanas la prensa ha venido -en unos casos- anunciando la noticia, y -en otros- dándola en firme: ¿Murió? Esto a la postre ha producido en algunos confusión e incertidumbre, y a otros nos ha refrendado la certeza de su permanencia. De lo que sí estamos seguros todos es que Pablo Milanés es un latinoamericano nacido en Cuba (Bayamo), por allá en el año 1943.

Piel de tambor

Los estudiosos suelen afirmar que la música es la expresión cultural por excelencia de Cuba. Afirmación que se explica al estudiar las raíces histórico-culturales de los cubanos: la rica mixtura que resulta de las raíces de los ancestros africanos, la singularidad del isleño aborigen, y la peculiar apropiación de la guitarra española. Esa rica savia forma la personalidad e idiosincrasia del cubano: alegre, fiestero y recio como la piel del tambor.

En la historia contemporánea se puede apreciar en la cultura cubana un afortunado efecto, por el consabido bloqueo:  desde los inicios de la década del sesenta la RCA Víctor, por ejemplo, censura y no vuelve a grabar discos a músicos cubanos que permanezcan en la Isla. Sin embargo, a partir de allí, ocurre un fenómeno paradójico: el músico cubano de los años sesenta si bien comienza a sufrir por el aislamiento y censura extranjera, al mismo tiempo también aprende a disfrutar y resistir el bloqueo.

En 1964 la revolución cubana funda la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM); en un primer momento, las orquestas renuevan su repertorio y presentaciones artísticas, para debutar en cabarés y ante un público entusiasta y cada vez más numeroso; los músicos populares -por efectos de la Revolución- empiezan a disfrutar de un salario estable; y desde muy temprano van apareciendo jóvenes músicos formados en las escuelas de arte que ha creado la Revolución.

Por su parte Pablo -quien incursiona en el ámbito de la cultura desde finales de los cincuentas- se irá a formar en los nuevos tiempos de la Revolución y como cultor y estudioso de la obra de José Martí (1853 -1895) y de sus contemporáneos y coterráneos el poeta Nicolás Guillén (1902 – 1989) y el prosista y ensayista Alejo Carpentier (1904-1980), entre otros; es decir, Pablo se convierte en un digno exponente de lo que Carpentier llama la cubanía.

“Una obra como Los caminos, –afirma la ensayista cubana Margarita Mateo Palmer- es un magnífico exponente del modo en que Pablo asume renovadoramente las raíces afrocubanas en su quehacer musical”.

Con la revolución y el transcurrir del tiempo, se forjaría la piel de tambor: resistencia cultural del cubano, conjugada con alegría, fortaleza y rebeldía.

Poeta y cantautor

Los trovadores y cantautores de la canción protesta se caracterizan por ser -antes que todo- poetas; poetas que cantan poesía, y Pablo no es la excepción.

Por esto, no resulta extraño que los dos primeros LD individuales del trovador, aparecidos en la primera mitad de los setenta, son musicalizaciones de textos de dos grandes poetas cubanos: Versos de Martí cantados por Pablo Milanés (1973) y Pablo Milanés canta a Nicolás Guillén (1975).

Pablo Milanés se forma bajo el influjo de músicos como Aida Diestro e Isolina Carrillo; participa en excelentes grupos vocales como “Los Bucaneros” y el “Cuarteto del Rey”. Escribe algunas canciones dentro del espíritu del feeling, como Tú, mi desengaño. En 1965 crea la canción Mis veintidós años que para muchos marca el inicio de lo que unos años después se llamará Nueva Trova.

Dibujo del maestro Calarcá en homenaje a Pablo Milanés

Revolución y solidaridad

Policarpo –Poli-, el integrante más antiguo del grupo de Teatro La Candelaria -con excepción de la compañera-ministra-, acudiendo a su memoria viva y fresca, nos dice: “Conocí a Pablo Milanés en el Festival de Teatro de Nancy (Francia), a finales de 1973. Allí se expresó una activa jornada de solidaridad con el pueblo de Chile por el golpe de Estado contra Allende y su gobierno de la Unidad Popular perpetrado el 11 de septiembre de ese año, por el general Pinochet. Asistieron varios artistas del mundo, entre ellos Pablo Milanés”.

Cuando se fundó el Movimiento de la Nueva Trova en 1972, se celebró en la ciudad de Manzanillo (Cuba) el Primer Encuentro de Jóvenes Trovadores. El Documento final emitido en esa ocasión expresaba, su adhesión al proceso revolucionario cubano.

A partir de la segunda mitad de la década del setenta los trovadores adquieren más importancia y mayor participación en el escenario internacional. Una actividad de gran impacto fue la experiencia en Angola, en la cual estuvieron presentes, unos como soldados, otros como parte de las brigadas artísticas.

Algunas canciones de Pablo expresan la solidaridad con la lucha de otros pueblos hermanos: Son de Cuba a Puerto Rico, A Salvador Allende en su combate por la vida, Nicaragua, Canción por la unidad latinoamericana, Buenos días, y Yo pisaré las calles nuevamente. En La vida no vale nada aparece con fuerza ética la capacidad para sentir el sufrimiento ajeno y expresar la solidaridad humana.

Nueva Trova

Los historiadores cubanos de la cultura e investigadores de la música coinciden al señalar que la manifestación más importante de la canción cubana en la segunda mitad del siglo XX es -sin duda- la Nueva Trova.

“La Nueva Trova presta especial atención a los textos de las canciones -afirma Margarita Mateo Palmer- a la vez que se distingue por el afán de lograr una calidad formal en la expresión poética y por el interés en lo que algunos han denominado la canción pensante que invita a la reflexión”.

Enamorado de la vida y del amor

Pablo, a través de sus canciones y su personalidad, -con sus ojos siempre juguetones y su mirada tierna-, manifiesta su amor a la vida y a las mujeres (recuérdese su emblemática canción “Yolanda”); expresión que -a su vez- trasciende con la solidaridad como amor a la justicia, la libertad y la paz.

El investigador y musicólogo cubano Leonardo Acosta (1933-2016), dice lo siguiente sobre nuestro querido trovador: “La importancia de Pablo en la evolución de la canción cubana y el rescate de nuestras raíces más genuinas es indiscutible (…). Situado entre dos generaciones bien diferenciadas, él es el vínculo que las une. Sucesor o precursor, igualmente respetado por los más jóvenes y los más maduros, el cantor ha logrado establecer un territorio al margen de toda controversia, sobre el que coinciden todas las opiniones: la maestría artística de Pablo Milanés”. (Ver: Víctor Águila. Muy personal. Pablo Milanés. 1990, p. 73).

Memoria viva

Pablo vive y vivirá en Cuba y en Latinoamérica, en Nuestra América, la Patria grande de Bolívar, Martí y de los revolucionarios de todos los tiempos; Pablo vive y vivirá en nuestra memoria cuando escuchemos y cantemos sus canciones; cuando evoquemos sus conciertos, las peñas culturales y las jornadas de solidaridad con Chile, contra el fascismo, por la paz, en el cultivo del amor y la ternura; Pablo seguirá acompañándonos con su guitarra en las trincheras de la resistencia cultural… en los combates de siempre, con los jóvenes de ayer y de hoy, sembradores de sueños de libertad.

Dedicamos a Pablo Milanés este fragmento de la canción “La trova”, del cantautor y trovador cubano Pedro Ibáñez (1928-2007):

Desmientan al que diga
que la trova ya murió:
la trova no ha muerto, no,
porque aún vive en el alma
de quien la oyó y la cantó,
de quien la oyó y la cantó.
Escuchen con atención
lo que dice mi cantar:
que surjan más trovadores,
que la trova es inmortal…
Que surjan más trovadores
que la trova es inmortal.