Jurassic Park: Cumbre mundial de la derecha en México

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Grupo de asistentes a la reunión ultraconservadora en México

Varios de los discursos invocaron el nombre de Dios y de la familia, la necesidad de reprimir las protestas sociales, las reformas laborales y fortalecer sus armas de guerra ideológica. Para ellos, ahí radica la libertad y la democracia

Ricardo Arenales

Bajo el rótulo de la celebración de la Conferencia Política de Acción Conservadora, CPAC, una sigla que reúne desde 1974 a los líderes del racismo, la xenofobia, los planes económicos que fomentan el hambre de los pueblos, la intervención militar y la represión interna en los países, durante los días 18 y 19 de noviembre pasado en Ciudad de México se reunieron los líderes de la extrema derecha mundial. El objetivo real era discutir fórmulas para que el mundo sea peor aún.

Entre los invitados se destacaron reconocidas figuras de la derecha conservadora y de tendencias abiertamente fascistas. Entre ellas el hijo de Jair Bolsonaro, el expresidente polaco Lech Walesa, el norteamericano Steve Bannon, Víctor Orban, Antonio Kast y Javier Milei y las lideresas ultraconservadoras María Corina Machado y María Fernanda Cabal.  Como anfitrión estuvo el líder conservador mexicano Eduardo Verástegui. Una verdadera cita mundial de dinosaurios.

Pero a pesar del cuadro de figuras invitadas al certamen de México, la sola lectura de la lista de asistentes muestra que en realidad la derecha no cuenta con lideres emblemáticos. Esto explica la necesidad de que la derecha se reúna para reciclar ataques contra la humanidad.

Suenan los clarines celestiales

Varios de los discursos invocaron el nombre de Dios y de la familia, la necesidad de reprimir las protestas sociales, las reformas laborales y fortalecer sus armas de guerra ideológica. Para ellos, en esto radica la libertad y la democracia, su libertad, su democracia. Por eso hablaron también de los ‘valores’ conservadores que deben oponerse a los ‘populismos’ que tanto les preocupa.

En realidad, el sentido de la cumbre de México es intentar ponerse a tono con las movidas protagonizadas por la derecha mundial en los últimos tiempos. A pesar de la reciente derrota de Bolsonaro en Brasil, se han producido diversos triunfos y avances de la derecha neofascista en varios países de Europa. Seguramente piensan sus líderes que les ha llegado la hora y que es la oportunidad de repuntar en el mundo. No faltará quien piense, desde esas toldas, que el fascismo es el futuro de la humanidad.

Sin lugar a dudas, son fuerzas rapaces y peligrosas. Pero no invencibles. En realidad, la vida los pone en evidencia, al desnudo, y cada vez les es más difícil ocultar la miseria y los muertos que el capitalismo que encarnan, provoca, fruto de su gestión anterior.

No pueden ocultar que han sido las peores fuerzas de la reacción las que provocaron la guerra en Ucrania. Y que están planeando cosas peores, como los coqueteos constantes a la guerra nuclear. Pierden de vista sin embargo que no hay forma de defender al capitalismo, que frustró la prosperidad de la humanidad entre guerras, pandemias, caos climático.

Las fuerzas progresistas latinoamericanas no deben bajar la guardia ante escenarios como el de México en la tercera semana de noviembre. Una reunión similar, llevada a cabo en Bogotá con la participación del grupo fascista Vox, de España, el paro golpista en Bolivia, la aspiración reeleccionista de Trump, el hecho de que el bolsonarismo haya alcanzado la mitad de los votos en Brasil, indican que las fuerzas del neofascismo no están quietas. Lo importante es que en el continente hay reservas progresistas con suficiente aliento para detener la mano de la bestia.