Meira del Mar, su lírica es como un susurro

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Apuntes biográficos de la poetisa barranquillera, que hubiera cumplido un siglo en agosto pasado, y un análisis de su importancia en el orbe literario colombiano

Sonia Truque Vélez

La poeta barranquillera Olga Isabel Chams Eljach, Meira del Mar, (su seudónimo) nació en Barranquilla el 21 de agosto de 1922 y murió en la misma ciudad el 18 de marzo de 2009. Hija de padres libaneses, su herencia cultural está en toda su poesía. Su lírica tiene resonancias de oriente y una perfecta relación con la naturaleza, el paso del tiempo, el amor y el mar.

Desde que algunas revistas cubanas como Vanidades publicaran sus primeros poemas, la importancia de la poesía colombiana creció. Algunos críticos la incluyen como perteneciente al movimiento Piedra y Cielo, teniendo en cuenta que las características de este movimiento fueron la emotividad, la hipersensibilidad y el rechazo a las formas canonizadas.

Su lírica que es como un susurro, explora el amor, pero libre de sensiblerías, por lo general lo hace desde el desengaño, la partida. Es una voz en apariencia suave, pero contundente y fuerte en su interior.  Gran lectora de los clásicos, y la poesía latinoamericana, se le identifican aprehensiones de Delmira Agustini, Juana Ibarbouru y Alfonsina Storni. Estas tres grandes serían su afinidad que se puede rastrear en su obra como el paganismo, el amor por la naturaleza y el amor, como comentó:

La influencia de la poesía austral en su obra 

“Cuando, antes de la adolescencia, conocí a Juana de Ibarbourou, a Gabriela Mistral y a Alfonsina Storni, se me configuró una trilogía de amor y admiración que todavía perdura. Estas tres mujeres constituyen una hora milagrosa en la poesía latinoamericana, al aparecer al mismo tiempo y con idéntica fuerza de expresión. Las tres, Juana, con su acento de júbilo pagano, Gabriela, con su sangrante corazón, y Alfonsina, con su rebeldía acusadora, siguen siendo mis preferidas”.

Su poesía rompe con las anteriores formas de versificación en Colombia, y se abre a una constante indagación por sus temas centrales, y lo hace a través del yo que inquiere, cuestiona y se rebela. No es un yo pasivo, esa constante introspección ahonda en sus orígenes libaneses y un ritmo muy cercano a los salmos y el Cantar de los cantares.

Meira del Mar fue miembro de la Academia Colombiana de la Lengua desde 1989. La poetisa nunca se casó, en sus propias palabras debido a que esperó al amor, y este nunca llegó. Sin embargo, consideró que fue afortunada en la vida, pues tuvo grandes amigos; esa fue, según su conclusión, su recompensa por no ser afortunada en el amor.

Fue miembro del Centro Artístico de Barranquilla, de la Comisión Interamericana de Mujeres, del Club Zonta Internacional de Mujeres Profesionales y Ejecutivas y de la Sociedad de Mejoras Públicas. Hizo estudios en su ciudad natal en el Conservatorio Pedro Biava, en el cual fue luego profesora de Historia del Arte y Literatura, asignaturas que cursó en Roma, Italia. La universidad atlanticense le confirió el doctorado Honoris Causa en letras, y dirigió por muchos años la Biblioteca Pública del Atlántico.

Soneto del amor equivocado 

Toca mi corazón tu mano pura,
lejano amor cercano todavía,
y se me vuelve más azul el día
en la clara verdad de la hermosura.

La cultura ancestral en su poesía

En el poema Cedros hay un volver a sus orígenes libaneses a los que nunca abandonó, como su herencia cultural pese a la distancia temporal y espacial. María Mercedes Jaramillo en su ensayo La influencia de la poesía sufí en la obra de Meira del Mar, lo interpreta como la relación íntima, espiritual y emocional con sus ancestros.

Fragmento del poema CEDROS

La voz del padre, entonces,
inclinóse a mi oído
para decirme, quedo:
«Son los cedros del Líbano
hija mía.

Mil años hace, acaso
mil más, que medran
a las plantas de Dios.

Guarda su imagen
en la frente y la sangre.
Nunca olvides
que miraste de cerca
la Belleza».

Sobre el asunto de la belleza Jaramillo dice: “La “belleza” del universo es una de las formas de la manifestación divina que es accesible al intelecto y que le permite al ser humano trascender lo cotidiano y participar de lo absoluto”.

No perteneció al grupo La Cueva de Barranquilla, porque la discriminaron y le cerraron las puertas con el argumento que el grupo era exclusivo de hombres: Álvaro Cepeda Samudio, Ramón Vinyes, Alfonso Fuenmayor, entre otros, no le permitían entrar por ser un espacio no apto para mujeres decentes. Sin embargo, sostuvo una larga amistas con Gabriel García Márquez, quien cuando presentó baja visión, le contrató al lector Diego Marín para que tres veces a la semana le leyera.

Los críticos analizan la obra de Meira

“Meira del Mar es una poetisa tradicional, en el sentido que a la palabra «tradición» da el poeta Ezra Pound: “Tradición no significa ataduras que nos liguen al pasado: es algo bello que nosotros conservamos”.

“Romántica, si por romanticismo ha de entenderse esa entrega del alma a la naturaleza; nueva, si por nueva se tiene a la poesía libre de sensiblerías. En su poesía hay una angustia vital que recorre permanentemente su voz”, dice Ignacio Reyes Posada.

“Meira del Mar logra a través de un lenguaje elaborado y claro, no confundirse con la pirotecnia verbal de su época, para traducir su alma en una poesía más clarividente y más ensimismada, aunque navegante, como ola escapada de su mar de fondo”, según palabras del crítico Ramiro Lagos.

Meira del Mar publicó los libros: Alba de olvido (1942) Sitio del amor (1944) Verdad del sueño (1946) Secreta isla (1951) Huésped sin sombra, Antología (1971) Reencuentro (1981) Laúd… entre otros. La Universidad del Norte de Barranquilla, en el 2007 publicó su obra completa.

Muerte mía 

«La muerte no es quedarme
con las manos ancladas
como barcos inútiles
a mis propias orillas,
ni tener en los ojos,
tras la sombra del párpado
el último paisaje
hundiéndose en sí mismo.
La muerte no es sentirme
fija en la tierra oscura
mientras mueve la noche
su gajo de luceros,
y mueve el mar profundo
las naves y los peces,
y el viento mueve estíos,
otoños, primaveras.

¡Otra cosa es la muerte!
Decir tu nombre una
y otra vez en la niebla
sin que tornes el rostro
a mi rostro, es la muerte.
Y estar de ti lejana
cuando dices «La tarde
vuela sobre las rosas
como un ala de oro.

La muerte es ir borrando
caminos de regreso
y llegar con mis lágrimas
a un país sin nosotros
y es saber qué pregunta
mi corazón en vano
por tu melancolía.

¡Otra cosa es la muerte!»