lunes, mayo 20, 2024
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La verdad sobre Urabá

Editorial VOZ 3190

El país no tendría la oportunidad de conocer la verdad sobre el genocidio político en contra del Partido Comunista y la Unión Patriótica en la región de Urabá si no fuera por el trabajo de la periodista y defensora de los derechos humanos Luz Eugenia Vásquez Cruz, recientemente fallecida.

Su investigación Historia de un genocidio: El exterminio de la Unión Patriótica en Urabá (2006), publicado por la Corporación Reiniciar, es una de las piezas mejor documentadas sobre lo ocurrido en el territorio urabaense desde la segunda mitad del siglo XX hasta comenzar el nuevo milenio. La perspectiva de este exhaustivo estudio se fundamenta en los cientos de testimonios y miles de documentos que dejó la exitosa, pero al mismo tiempo trágica experiencia del Partido Comunista y la UP en la región.

La historia es la siguiente. El Urabá antioqueño (Turbo, Apartadó, Chigorodó, Carepa y Mutatá) experimentó un cambio socioeconómico, político y cultural por cuenta de la llegada a la región del cultivo industrial del banano que lideró la Frutera de Sevilla (United Fruit Company) finalizando la década de los años cincuenta del siglo pasado.

El boom del banano ocasionó no solo contradicciones obrero-patronales, sino un crecimiento poblacional que agudizó las desigualdades sociales en la región. Al respecto, el Partido Comunista vio una ventana de oportunidad para desarrollar su trabajo político en beneficio de las mayorías sociales de Urabá.

La exitosa estrategia del Partido Comunista fue estimular la organización obrera, implementar la experiencia viviendista e impulsar el trabajo agrario. Un ejemplo de lo anterior fue la creación en 1967 del Sindicato de Trabajadores de las Bananeras de Urabá, Sintrabanano, el despliegue de Provivienda en la fundación de barrios en los sectores populares y experiencias rurales-comunitarias, como en San José de Apartadó.

Sin embargo, otros actores también vieron en Urabá el territorio propicio para crecer e incidir políticamente. Este es el caso del movimiento armado con el EPL, y después las Farc, que llegaron al territorio comenzando la década de los setenta.

Si bien existían tensiones, sobre todo articuladas con las relaciones obrero-patronales, fue finalizando la década de los setenta, con la salida de la Frutera de Sevilla y la llegada de empresarios bananeros antioqueños, que la región se convirtió en un caldero de conflictividades sociales.

Así mismo, el proceso de paz entre el Gobierno de Belisario Betancur y las Farc de 1984 modificó el tablero político. El nacimiento de la UP en 1985, los múltiples paros de los obreros bananeros en la década y la elección popular de alcaldes en 1988, permitieron que el Partido Comunista y la UP se convirtieran en las fuerzas hegemónicas en la región. La estrategia exitosa fueron las victorias democráticas entre 1988 y 1992 en las principales ciudades de Urabá.

La reacción del Establecimiento urabaense y nacional fue ejecutar una campaña a sangre y fuego para recuperar el poder. Esta operación, denunciada una y mil veces por el Partido Comunista y la UP, se llamó el Plan Retorno y su clímax se dio en el periodo en el que Álvaro Uribe Vélez fue gobernador de Antioquia.

El objetivo era exterminar y desterrar a las fuerzas revolucionarias. Por lo tanto, las estrategias implementadas fueron suplantar y desconocer la legitimidad lograda por el Partido Comunista y la UP con el voto popular; identificar a estas fuerzas políticas como responsables de la violencia y señalarlas como el brazo armado de las Farc; eliminar físicamente a pobladores, inermes, despojarlos y desplazarlos; y judicializar a militantes y dirigentes de izquierda.

Para lograr sus objetivos, la mejor herramienta fue poner en funcionamiento a las fuerzas paramilitares de Fidel y Carlos Castaño que coparon el territorio con la masacre de la finca Honduras en 1988. Después, con la desmovilización del EPL y el rearme en los Comandos Populares, la señora muerte se convirtió en el rostro de la tragedia en Urabá.

En esta región fueron asesinadas 5.200 personas, casi 2.000 casos de desaparición forzada y cerca de 60 mil desplazados por razón del conflicto armado según el sociólogo y periodista Alfredo Molano Bravo. Así mismo, la Corporación Reiniciar documentó 1.330 asesinatos y 157 casos de desaparición de líderes, lideresas, militantes y simpatizantes de la UP y el Partido Comunista en la región entre los años ochenta y noventa.

El Partido Comunista de Urabá ‘Israel Quintero’ dejó de existir el 18 de septiembre de 1997. El regional alcanzó a tener más de 20 mil militantes, a vender cada semana cerca de 5.000 periódicos VOZ, gobernar las ciudades de Apartadó, Chigorodó, Turbo, Mutatá y Dabeiba. Quienes tuvieron que tomar la difícil decisión de disolver al Partido en la región saben qué pasó, quiénes dieron las ordenes, quiénes las ejecutaron y quiénes se lucraron con el exterminio de los comunistas en Urabá.

Por eso, frente a las recientes calumnias de la revista Semana, solo nos queda invocar el famosos refrán: ¡águila no caza mosca! Porque de nuestro lado está la historia, la memoria y la dignidad.

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