martes, julio 23, 2024
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“Nuestro propósito es no fallarle al pueblo”

Andrey Avendaño lidera el equipo negociador del Estado Mayor Central de las Farc-EP, grupo armado que no reconoce el Acuerdo de Paz firmado en 2016. VOZ conversó con él sobre los avances que dejó el primer encuentro con el Gobierno y los principales retos que tendrá la negociación

Redacción Política

Andrey Avendaño podría pasar desapercibido en cualquier calle de Bogotá. Es joven y viste como tal. Con notables rasgos indígenas, su contextura física se parece a la de un atleta. Sus largos dedos de las manos podrían ser las de cualquier interprete de piano. Una vez se rompe el hielo, su acento campesino lo delata. Viene de las montañas del Catatumbo.

Andrey es guerrillero del Frente 33 del Estado Mayor de las Farc-EP con presencia en Norte de Santander. Está en Bogotá por cuenta del proceso de paz que pronto instalará la mesa entre la organización armada y el Gobierno de Gustavo Petro.

Son las seis de la mañana. Antes de encender la grabadora pide un tinto. No puede ocultar el frío al cual no está acostumbrado. Y así inicia esta conversación entre VOZ y el jefe negociador del Estado Mayor Central de las Farc-EP.

El jefe negociador

¿Quién es Andrey Avendaño?

-Soy un joven de 28 años, nacido y criado en el Catatumbo. Como muchos, obligado por la violencia a tomar las armas. Ingresé a las Farc en 2006 a la edad de 11 años. El 24 de noviembre de 2014 caí preso. Salí el 2 de septiembre del 2017 por el proceso de paz. Fui civil alrededor de tres meses. Estando en Tibú me entero que la policía estaba tratando de hacer una falsa operación para volverme a capturar. No me quedó otra alternativa que volver a la montaña.  Allí tratamos de darle otra vez continuidad al proyecto de las Farc junto con otros camaradas. En la actualidad hago parte del Bloque Magdalena Medio.

¿Cómo llega usted a liderar la comisión de negociación del Estado Mayor Central de las FARC-EP?

-La comandancia que participó en el reciente pleno en los Llanos del Yarí me nombra por ser uno de los mandos del Estado Mayor Central. Uno recibe este nombramiento con alegría, pero también con un gran compromiso en tratar de buscarle una solución al conflicto colombiano mediante la vía dialogada. También hay una responsabilidad con la delegación, compuesta por otros camaradas que tienen mucho conocimiento y experiencia.

Podría usted recordar las razones que tiene el EMC-Farc para no acogerse al Acuerdo de Paz firmado en 2016.

-Son muchos puntos. Uno de los temas más difíciles es que el proceso de paz fue “refrendado” por la derecha. Esto creó unas condiciones poco favorables para el pueblo y para la paz que perdió vigencia con la derrota en el plebiscito. El tema de la sustitución de cultivos de uso ilícito es el mejor ejemplo al eliminarse el componente de gradualidad y concertación. Otro tema es que al pueblo estuvo solamente como espectador, aplicable también a la guerrillerada que no participó. Para que un proceso de paz sea exitoso es necesario la mayor vinculación de las comunidades, incluidas las personas que estamos alzadas en armas. Finalmente, no compartimos el enfoque “que nada está acordado hasta que todo este acordado”.

Sin embargo, nosotros no somos mezquinos y le apostamos a los cambios políticos. El camarada Manuel Marulanda era claro, la única manera de entendernos entre colombianos es mediante la vía dialogada.

La mesa

¿Cuál es el balance que hace el EMC-Farc del Acuerdo Especial firmado recientemente en Suárez, Cauca?

-Todos coincidimos en que es necesario crear unas directrices claras. Participación de las comunidades en este proceso y que la salida a la conflictividad en los territorios no es con más militarización.

Las dos delegaciones tratamos de identificar las causas generadoras del conflicto. Quedaron una serie de tareas para poder avanzar. Interpretamos que el pueblo colombiano tiene muchas expectativas, porque son quienes sufren los embates de la guerra. Por eso vamos lento pero seguros. Nuestra política es no fallarle a las comunidades, al pueblo que nos acompaña.

El documento dice que previo al momento de instalación, la pre agenda de la Mesa de Diálogos de Paz tendrá participación ciudadana. ¿Qué buscan con esa idea?

-Sí. Las delegaciones solamente vamos a construir los ejes y con base a eso las comunidades van construir el conjunto de la agenda. La idea es que en este proceso todos los sectores tengan la oportunidad de llegar a plantear sus dificultades, sus problemáticas y las posibles soluciones. Será una mesa por y para los territorios.

Independientemente a lo que digan las comunidades, ustedes como estructura armada, ¿cuál es el punto de negociación que más les interesaría trabajar?

-Uno de los puntos es el tema del acceso a la tierra. La principal causa del conflicto gira sobre este tema y somos enfáticos en que se le debe garantizar el acceso de la tierra a la mayoría del campesinado, así ya existan pequeños avances desde el Gobierno. Otro tema que consideramos de vital importancia es la implementación inmediata. Si llegamos al acuerdo sobre tierras, sobre medio ambiente, lo ponemos en marcha al instante. Sobre esta idea coincidimos con el Gobierno.

Qué les gusta: ¿mesa de paz en Colombia o en el exterior?

-Por línea nuestra y por la orientación de nuestro comandante Manuel Marulanda, es más importante para nosotros una mesa de diálogo en Colombia, en los territorios.

Hablemos un poco de las ocho misiones humanitarias. ¿Cuál es el principal objetivo?

-Se trató de recoger las zonas donde se han presentado más violaciones a los al Derecho Internacional Humanitario por parte de la fuerza pública y por parte de nuestras unidades, si en algún momento hubiera lugar en que nos hayamos equivocado, pues también hay que hacer las correcciones.

Se trata de ir a construir eventos amplios con las comunidades. Se escogieron las zonas de más conflictividad. El objetivo de las misiones es tratar de recoger insumos para hacer formulaciones para que no se vuelvan a presentar casos de violaciones a los derechos humanos. La idea es ir a esos escenarios de escucha, recibir inquietudes, problemáticas y soluciones, para después plantearlas donde corresponde.

El Acuerdo habla de unos grupos en territorio que harán ajustes a los protocolos de respeto a la población civil y cese al fuego, y a los mecanismos de veeduría, monitoreo y de verificación. Cuéntenos sobre este proceso.

Nosotros hemos coincidido en que no se puede estar dialogando dentro del marco de la confrontación armada. Por eso hemos planteado que el cese al fuego bilateral es muy importante porque no tiene lógica que mientras estamos conversando, en la selva otros se están matando. Para que esto pase se necesitan estos protocolos. Una de las tareas fundamentales es hacer ajuste a los protocolos ya firmados y así hacer más eficaz el cese al fuego, para que no se vuelvan a presentar casos como en el pasado.

Una vez la instalación de la mesa, nosotros planteamos que dos o tres días a más tardar se inicie el cese al fuego bilateral. No podemos estar improvisando. El otro tema es generar alivios humanitarios de las comunidades para que haya tranquilidad en los territorios y las comunidades.

¿Qué países, gobiernos, organizaciones, procesos o personalidades proponen ustedes para el acompañamiento y verificación del proceso?

-Sobre los que hay consenso son Venezuela, Brasil, México, Suiza, Irlanda, Noruega y la Unión Europea. Nosotros hemos propuesto a Sudáfrica e Irán. Por el momento estamos entregando las cartas. Se mantienen el acompañamiento de la Misión de Verificación de la ONU, la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA, MAPP-OEA, la Conferencia Episcopal de Colombia y el Consejo Mundial de Iglesias.

Disidentes

Las comunidades de Tame, Arauca, denuncian enfrentamientos entre ELN y EMC-Farc que han ocasionado desplazamientos y confinamientos de la población civil. ¿Cómo evalúan ustedes la situación?

-Lo primero es reconocer quiénes somos como organizaciones revolucionarias. La solución a la conflictividad en Arauca no es mediante la agudización de la guerra. Allí pueden pasar 20 años y ni el ELN va a acabar a las Farc, ni las Farc va a acabar al ELN, porque hay raíces históricas, tejido social y comunidades que apoyan a unos como a los otros. Eso quiere decir que debemos buscar son puntos de encuentro. Nosotros planteamos que sea la comunidad la que se encargue de hacer las recomendaciones y los planteamientos, porque son ellos los que sufren las consecuencias de la confrontación armada.

Sin embargo, el pronunciamiento del ELN no ayuda a cambiar el clima y crear condiciones favorables. No puede ser posible que hoy la comunidad nacional e internacional reconozca el carácter político de Farc, pero el ELN no, cosa que no nos preocupa, porque a nosotros quien nos legitima es el pueblo. Pero las comunidades en Arauca están pidiendo encarecidamente parar la confrontación armada. ¿Cuál es el temor? ¿Por qué no hacemos una tregua?

El país conoce de las tensiones y confrontaciones entre ustedes con la Segunda Marquetalia que, como ustedes, también se reconocen como herederos de las Farc. ¿Ve usted posible un diálogo o acercamiento entre las dos estructuras para resolver las diferencias?

-Nosotros tenemos muchos reparos con la Segunda Marquetalia. Seguramente ahí hay gente buena que quiere contribuir al proyecto revolucionario. Pero no se entienden esa clase de alianzas que han hecho con sectores, por ejemplo, los Comandos de Frontera. El país conoce que esa estructura está ligada netamente al narcotráfico y su ideología es paramilitar. Aún así en el Putumayo se buscó un acercamiento con ellos para tratar de desescalar el conflicto en el territorio, pero fue imposible lograrlo, precisamente por esas alianzas que dejan mal parado a un proyecto que se dice ser revolucionario. Mientras estas alianzas persistan, imposible dialogar.

¿Cuál es la opinión que tienen sobre el llamado ‘Clan del Golfo’ y otras estructuras armadas herederas del paramilitarismo?

-Son una cadena de continuidad del narcotráfico. Mientras esto persista va a ser muy complejo porque siempre van a reacomodarse y aunque los combatamos seguirán, porque entre otras cosas sus integrantes son pagos. Tienen mucha plata, hay que reconocerlo. Lo que nos preocupa es que hasta el momento, a un año de gobierno, no hay una política clara sobre el paramilitarismo, siguen expandiendo y los que sufren son las comunidades que históricamente han convivido con ellos, con el adicional que ahora están llegando a lugares nuevos.

Muchas voces críticas dicen que el EMC es una estructura narcotizada, incluso han llegado a decir que es una organización “paraca” aliada a las fuerzas militares. ¿Qué les responde a esas voces?

-Como organización tenemos claro que narcotraficantes no somos. En las regiones donde hay coca se vive del impuesto al gramaje y eso siempre ha sido así. No es que nosotros estemos en la cadena del narcotráfico y que entonces ahorita somos los súper narcotraficantes, no. Quienes nos han acusado de estar aliados del paramilitarismo, que muestren pruebas. En el Bloque Magdalena Medio, los estamos combatiendo, caso Sur del Bolívar.

El pleno que se realizó en las sábanas del Yari demostró la unificación de las FARC, demostró que si bien el proceso nos dejó desintegrados, hay continuidad de la lucha. Es verdad que los mandos que estamos somos nuevos, pero sí tenemos claro y tenemos bien definido que estamos dentro en la lucha armada por las comunidades.

Hoy tenemos un compromiso y es parar la deforestación de la Amazonía. El frente comandante Jorge Briceño es uno de los frentes que se dedicó por completo a esa tarea. Incluso lo reconoce el Gobierno nacional.

¿Les molesta que los identifiquen como disidentes?

-Sí ser disidente es no estar de acuerdo con que se entregará a merced del paramilitarismo la suerte de los campesinos colombianos; sí ser disidente es no estar de acuerdo con las injusticias; sí ser disidente es no estar de acuerdo con que nos quieran someter a vejámenes por el hecho de ser rebelde; sí ser disidentes es apostarle a la verdadera paz con justicia social, con igualdad de condiciones para todos, sin distinción alguna; con honor somos disidentes, porque continuamos con el proyecto político-militar del camarada Marulanda.

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