La mujer en la obra de Goya

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¡Qué valor!

A través de la pintura, Goya asignó un papel fundamental a la mujer de su tiempo. Con transparencia, se ve en cada cuadro qué quiso reflejar de ellas, qué buscó destacar o qué significaba la retratada: Destrozada pero altiva, nunca derrotada

Leonidas Arango

Las mujeres siempre ocuparon un lugar de privilegio en las obras de Francisco Goya. Retrató a miles de ellas, desde cortesanas hasta reinas y nunca dudó en reflejar con plena libertad el genio y la figura de cada una dándole profundidad psicológica envuelta en un exquisito dominio de la pintura. Con ello las hizo inmortales.

De algunas mujeres retratadas por Goya –como las famosas Majas (la vestida y la desnuda) o la duquesa de Alba– se ha dicho que eran amantes suyas, pero no existen documentos que lo comprueben. En cambio, sí tuvo dos relaciones serias. La primera, su matrimonio con Josefa Bayeu, que duró 29 años y dejó seis hijos de los que solo uno sobrevivió al pintor. Ya viudo, poco después de terminada la guerra de la Independencia entabló una controvertida relación con Leocadia Zorrilla, una mujer 42 años más joven que él y quien lo acompañaría hasta su muerte en 1828.

No es difícil comprobar cómo Goya, el artista, asignó un papel fundamental a la mujer de su tiempo a través de la pintura. Con transparencia vemos en cada cuadro qué quiso reflejar de ellas, qué buscó destacar o qué significaba la retratada para él.

Los Caprichos

Para Goya la pintura fue un vehículo de instrucción moral más que un simple objeto estético. Hacia 1799 concluyó la primera de sus grandes series de grabados, Los Caprichos, una serie de ochenta y dos estampas para vender al público. La colección fue una crítica feroz de la sociedad civil y religiosa de la época. En ella aparecen algunos seres macabros que serían después protagonistas de otras obras del maestro.

Los temas de los Caprichos se centran en la brujería, la prostitución obligada, el anticlericalismo y la Inquisición. Son una denuncia permanente de la injusticia social, de la superstición y de conductas absurdas como el causar terror a los niños. En ellos se aleja de la visión de la mujer como musa, propia del romanticismo naciente en el siglo XIX, y dedica la mitad de la serie escenas cotidianas e íntimas donde la mujer del pueblo es víctima del abuso y la violencia, denigrada por la prostitución o condenada al matrimonio forzado. Entre varios ejemplos podemos citar El sí pronuncian y la mano alargan al primero que llega.

Durante la invasión de España por las tropas napoleónicas en 1808 mantuvo Goya su puesto de pintor de la corte de José Bonaparte. A pesar de todo, el pintor plasmó los horrores del conflicto en lienzos famosos y en una serie de sesenta y seis grabados, Los desastres de la guerra (1810-1814), un testimonio de las atrocidades cometidas por los dos bandos, una protesta visual contra la violencia.

En esta serie la mujer es una víctima principal del odio humano, manifestado en violaciones y humillaciones perpetradas por los invasores franceses. Pero también le confiere calidades de heroísmo cuando la muestra luchando como una guerrera valerosa. Goya exime a las mujeres de cualquier responsabilidad en las causas de la guerra, las trata con respeto y consideración.

Testigo implacable de la historia

Son las mujeres las únicas que salen bien paradas de estos grabados del aragonés. En sus rostros se lee la dignidad desesperada. Cansadas y destrozadas pero altivas, nunca derrotadas. De entre muchos ejemplos escogemos algunos: No quieren y ¡Qué valor! En la composición del aguafuerte Y son fieras, los cuerpos mutilados, los muebles y el niño muerto demuestran la influencia que tuvo este grabado sobre el célebre Guernica de Picasso.

Francisco Goya y Lucientes fue un espíritu arriesgado y desprendido que siempre expresó su verdad a través del arte. Han pasado más de dos siglos, pero Goya sigue siendo un testigo fiel, implacable e insobornable de la historia viva de su tiempo.

Si el pintor aragonés visitara la Colombia de nuestros días dibujaría (filmaría) la barbarie de manera muy similar a sus colecciones de grabados y tal vez daría el título de Yo lo vi a alguno de sus videos. Por eso sentimos que Goya también es un artista nuestro y de nuestros días.