La década perdida: 10 años del TLC con Estados Unidos

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Puerto de Buenaventura

El balance pone en claro que los tratados de libre comercio no estimulan el desarrollo porque priman los intereses de las potencias económicas que imponen sus reglas de juego

Redacción Economía

Se cumplió por estos días la primera década del Tratado de Libre Comercio, TLC, firmado entre Colombia y Estados Unidos, primer eslabón en la cadena de acuerdos similares con otros países y bloques económicos, si se considera que en la actualidad son 16 acuerdos firmados.

El TLC con Estados Unidos marcó, por así decirlo, la ruta para los posteriores acuerdos por el contenido de los mismos. No se trataba de un acuerdo para importar o exportar bienes y servicios simplemente. El tratado contempla temas tan conflictivos como la propiedad intelectual, la competencia desleal, resolución de conflictos, etc., a tal punto que para muchos analistas la economía y soberanía nacionales quedaron, de algún modo, comprometidas en el clausulado del acuerdo.

Reseña

Primero se pensó en crear el Área de Libre Comercio de las Américas, Alca, que buscaba agrupar bajo un solo acuerdo a todo el continente americano desde Alaska hasta la Patagonia para la libre circulación de mercancías sin arancel. Ante el rechazo unánime que suscitó esta propuesta, Estados Unidos optó por llegar a acuerdos por separado con cada país para disminuir la resistencia que se originó en toda la región, tomando como referente al Nafta, el acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos, Canadá y México.

Para Estados Unidos era estratégico firmar estos acuerdos para asegurar la colocación de sus excedentes agrícolas, dada la alta tecnificación de su agricultura y los subsidios estatales. El sector agrícola colombiano es bastante regazado en cuanto a productividad, relaciones semi feudales de tenencia y explotación de la tierra, vías terciarias, infraestructura, etc.

Estamos pues, en comparación con la agricultura norteamericana, frente a una verdadera competencia desleal. Este tratado abarca todos los sectores económicos: comercio, industria, servicios, educación, banca, comercio, etc.

El acuerdo se anunciaba como la oportunidad para el desarrollo colombiano en virtud que el tratado le abría la puerta a 320 millones de potenciales compradores (la población de Estados Unidos). Como si solo las exportaciones le aseguraron a un país el desarrollo integral. Todos los países buscan por lo general exportar más e importar lo menos posible de tal suerte que les quede un saldo a favor.

Se recurre a las importaciones cuando el país no tiene la capacidad ni las ventajas para producir determinados bienes de consumo. Los TLC firmados a la fecha son con la Unión Europea (lácteos y derivados); Corea del Sur (industria automotriz y electrodomésticos); la Comunidad Andina de Naciones, el Mercosur, entre otros. Están en negociación tratados similares con Japón y Emiratos Árabes.

El sector agropecuario 

Un componente clave en el acuerdo es el sector agropecuario, en el cual se contempla el desmonte gradual de los aranceles a los productos importados hasta llevarlo a cero. El resultado final es la ruina de los productores nacionales pues no pueden competir por las condiciones de micro (menos de una hectárea para cultivar) y minifundio de la agricultura colombiana, los costos de los insumos, la baja productividad, etc., resultado de lo cual, el importado sale más económico al consumidor final.

Aquí entra a jugar el tema de la propiedad intelectual en cuanto al uso de semillas transgénicas, que, de acuerdo al tratado, no se pueden utilizar por segunda vez. O sea, la semilla modificada, solo se puede utilizar para una cosecha, para una segunda toca adquirir otra y así sucesivamente. Con la producción de medicamentos ocurre otro tanto, las farmacéuticas se reservan el derecho sobre la patente, lo que encarece los medicamentos y la población no tiene acceso a estos.

Las contradicciones

La canasta exportadora colombiana es muy poco diversificada para colocar bienes y servicios en los países objeto de los tratados. Se reduce a café, flores, frutas, textiles, vestuario, cueros, calzado, artesanías y materia prima del sector minero-energético (crudo, carbón, minerales). El común denominador es el escaso valor agregado de estos bienes. El país no ha avanzado en producir bienes de capital ni siquiera de los de mediana complejidad tecnológica. De hecho, estamos importando ciertos bienes de la industria liviana que antes se producían internamente.

La irrupción de China en el mercado internacional ha contribuido a este proceso. El recién nombrado ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo dijo en reciente entrevista que hay “que reindustrializar a Colombia” haciendo alusión al desmonte que ha sufrido el sector industrial en los últimos treinta años. En cuanto a infraestructura, incluso hoy día, no existen las vías adecuadas para transportar las mercancías desde y hacia los puertos de Buenaventura, Cartagena y Barranquilla.

Si se quisiera exportar automóviles desde los centros de ensamblaje que hoy existen en el país, vemos que quedaron ubicados lejos de los puertos, lo cual no los hace competitivos. Solo para señalar algunos rasgos del atraso que tenemos para competir en el mercado internacional.

Los términos del tratado establecen que, por ejemplo, subsidiar o exonerar del pago de servicios públicos a ciertos sectores sociales, o incluso la educación pública, son formas de competencia desleal cuando alguna empresa extranjera pretenda incursionar en estas áreas.

Renegociar el tratado 

El presidente electo Gustavo Petro se pronunció a favor de renegociar los tratados de libre comercio como una medida para “proteger la agricultura nacional y mejorar las condiciones de los campesinos colombianos” y luego ha agregado que el objetivo es “mejorar la posición de Colombia en el comercio internacional y en las cadenas mundiales de valor”1.

Conclusión preliminar de lo anterior es que los tratados comerciales no son per se, una condición para el desarrollo de un país, pueden contribuir a este cuando son mutuamente beneficiosos. Un desarrollo uniforme de un país, debe ser, por ejemplo, la seguridad y soberanía alimentaria, depender al mínimo de las importaciones de alimentos.  Los tratados hoy vigentes van en contravía de este objetivo.

Por otro lado, la llegada al gobierno del Pacto Histórico en Colombia favorece el fortalecimiento de tratados económicos y comerciales con los países y bloques de la región suramericana como la Comunidad Andina de Naciones, CAN, o con el Mercosur, con los cuales se pueden obtener mutuos beneficios sin lesionar la soberanía nacional.

1 Portafolio, abril 19 de 2022, pag.6