Gloria Inés, ministra delegataria

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Gloria Inés Ramírez, ministra del Trabajo. Foto Mintrabajo

La figura de Ministro Delegatario no es nueva y Gustavo Petro no es el primer presidente que acude a ella. La Constitución Política establece que cuando el mandatario haga viajes al extranjero en ejercicio del cargo, este debe designar un Ministro Delegatario que desempeñe las funciones de la jefatura del Estado mientras esté ausente el mandatario.

Así, en tanto la presidencia implica responsabilidades implícitas en las relaciones exteriores del Gobierno, los viajes a otros países son parte integrante de la agenda de trabajo de los mandatarios. Por eso el Ministro Delegatario es una figura de gran utilidad utilizada de manera recurrente.

La designación de la responsable de la cartera de Trabajo como Ministra Delegataria no es en sí misma un hecho inédito e incluso muchos dirían que esto no es más que una formalidad. Pero lo cierto es que la decisión que tomó el pasado lunes 29 de agosto el presidente Petro reviste una gran importancia que debemos destacar.

El decreto presidencial tiene un gran componente político y una ponderación simbólica, ya que la funcionaria designada por el Presidente de la República es Gloria Inés Ramírez Ríos, una maestra, experimentada y reconocida lideresa sindical del magisterio, parlamentaria que luchó decididamente por los derechos de la población trabajadora, de los derechos de las mujeres y, además, es reconocida integrante de la dirección nacional del Partido Comunista Colombiano, quien pasó a ejercer las funciones de la jefatura del Estado.

Aunque fuese por un día y se tratara de una formalidad que responde a las exigencias que impone la Constitución al presidente, designar a una comunista como encargada en la jefatura del Estado en un país como Colombia no es un acto de común ocurrencia. En Colombia las clases dominantes, la Iglesia y los partidos tradicionales han sido inveteradamente anticomunistas, aún antes de la existencia misma de organizaciones que reivindicaran como propias las banderas revolucionarias. Es más, el comunismo era invocado como una amenaza social aun cuando no se había formado todavía el movimiento obrero comunista.

Cuando apareció la clase obrera y surgieron las organizaciones que se reclamaron como socialistas y comunistas, se había creado un imaginario anticomunista en el país propenso a perseguir a todos aquellos que se identificaran o apoyaran de manera momentánea a los comunistas. El clima de intolerancia se conjugó con el conflicto armado, y así, en medio de la guerra que ha vivido el país desde mediados del siglo XX, fue tomando forma una política de exterminio sistemático contra los comunistas.

También fueron objeto de discriminación y señalamientos excluyentes organizaciones y liderazgos que enarbolaran ideas radicales ligadas a los cambios sociales, de inclusión, de reivindicación de los derechos de los trabajadores y de los pequeños y medianos campesinos y exigieran la igualdad y equidad de derechos para las mujeres.

Por todos estos antecedentes de persecución sistemática a los comunistas, la responsabilidad que le asignó el presidente a la Ministra de Trabajo es un valioso mensaje a la sociedad colombiana y en especial a las élites del país: la paz y la convivencia nacional exigen erradicar definitivamente la mentalidad que solo concibe a los comunistas como individuos indeseables que deben ser perseguidos y marginados de la sociedad y eliminados políticamente y, en múltiples ocasiones, hasta físicamente.

Además, la designación de Gloria Inés como Ministra Delegataria es un reconocimiento a la política de unidad y muestra de realismo político del Pacto Histórico. Es de reconocimiento general que, con el fin de alcanzar la victoria en los pasados comicios electorales, la coalición que hoy gobierna tuvo que ampliar sus alianzas y acercarse a sectores tradicionales de la política, que se han mostrado críticos al uribismo y han procurado una apertura democrática.

Con la designación de Gloria Inés en este importante encargo Petro da muestras de su sólido compromiso con los acuerdos de campaña y con la unidad popular que lo llevó a la presidencia y que sus decisiones ejecutivas satisfacen plenamente al electorado, el pueblo elegirá a otros candidatos del Pacto Histórico para que también ocupen el solio del país.

El Partido Comunista insistió, luego de la derrota de la candidatura alternativa en 2018, en relanzar a Petro para enfrentar al uribismo y los sectores más recalcitrantes ligados al militarismo, los terratenientes y el capital financiero, que se sienten representados en el Centro Democrático. Así se fue planteando que la única manera de enfrentar a la reacción era conseguir la unidad de las fuerzas populares, democráticas y alternativas.

Así se fue allanando el camino para la conformación del Pacto Histórico. Ahora, el que a una de las dirigentes del Partido Comunista se le asigne esta responsabilidad, muestra que la unidad y un programa que recoja los anhelos de inclusión y reivindicación del pueblo son garantes de futuras victorias por más democracia y soberanía para Colombia.