La soberanía, recobrada

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José Ramón Llanos

A lo largo del siglo XX y lo recorrido del presente, ningún Gobierno colombiano le habló a Estados Unidos como lo hizo Gustavo Petro. Nada de esguinces ni balbuceos. Con claridad, somos un país soberano y nuestra política es esta. Quedaron en el pasado el anticomunismo ramplón, el enemigo interno, las bases gringas y las extradiciones estilo Uribe-Duque. En Colombia hay un único soberano, yo, Gustavo Petro.

En el discurso inaugural de su Gobierno, Gustavo Petro invitó a las naciones latinoamericanas a construir una política colectiva autónoma frente al problema mundial del narcotráfico y todavía más. Sugirió una crítica: ¿Acaso no llegó el momento de reconocer el fracaso de esa política antidroga, impuesta por Estados Unidos a todo el mundo? Política que por la forma como exigen los gobernantes y algunos funcionarios de aquel país, resultan imposiciones, que hasta ahora los presidentes colombianos han devenido vergonzantes ejecutores.

Ahora habló el Presidente con meridiana claridad, no más extradiciones exprés. Extraditados por Colombia a la nación de Lincoln, donde sus gobiernos usufructuaban el 50 por ciento de los haberes mal habidos de los narcotraficantes a cambio de lenidad en las condenas, inclusive con aceptación de cambio en sus identidades. ¿Quién da más? Ningún país con sentido de dignidad.

Si el contenido de ese primer discurso del Presidente se convierte en acciones de la política exterior en sus relaciones con Estados Unidos, serán asunto del pasado las bases militares de ese país en Colombia; el anticomunismo y la persecución de comunistas, académicos progresistas y profesores destituidos por sus investigaciones sociales y sus denuncias de la extrema miseria de los habitantes de las zonas urbanas de los extramuros y el campesinado.

Otra consecuencia altamente innovadora y beneficiosa para la convivencia y la paz del país, es el cambio de la doctrina militar que finalmente ponía a las Fuerzas Armadas a ejecutar acciones contra los colombianos definidos por Estados Unidos como enemigos internos. Las orientaciones del nuevo Presidente de Colombia a las Fuerzas Armadas, es totalmente diferente a la doctrina militar de Iván Duque, que condujo al ministro de Defensa a definir a los niños reclutados por la guerrilla: “Como máquinas de guerra”, para justificar el infanticidio mediante bombardeos.

El Presidente de El Pacto Histórico no solo cambió el lenguaje tropero del anterior gobernante, sino que introdujo un mensaje humanista y pro paz: “Hoy nace la política integral de seguridad humana por la paz y la defensa de la vida en los territorios”, contenido de un Twitter. Cuando nombró la cúpula militar, entre otras cosas dijo: “Ejército, sociedad y producción pueden unirse en una nueva ética social indestructible”.

El Programa de El Pacto Histórico, recoge muchos de los objetivos construidos por el Partido Comunista Colombiano a lo largo de sus 92 años de brega revolucionaria, y suma también los aportes del M-19 y las experiencias y las reflexiones del largo trajinar político de Gustavo Petro tratando de enraizar democracia en Colombia. Esa sapiencia acumulada aflora en las decisiones del actual Presidente de la República, cargadas de aciertos que aumentan las esperanzas de los millones de excluidos que votaron por él. Son, en cierta forma, gajes de la soberanía recobrada.

Saeta. El Pacto Histórico y Gustavo Petro hicieron posible lo que parecía imposible, Gloria Inés Ramírez, una comunista, Presidenta, interina de la República de Colombia.