El XXIII Congreso del Partido consolidará el rumbo unitario

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Movilización popular en Bogotá. Foto Carolina Tejada

Editorial VOZ 3154

Es evidente que varios de los momentos más importantes en nuestra historia social y política, en los que el pueblo irrumpió para conquistar sus reivindicaciones y construir la democracia, estuvieron marcados por acertadas iniciativas de unidad.

Desde la política de Frente Popular, con la cual se apoyó el importante movimiento reformista de Alfonso López Pumarejo y mediante la cual se le dio forma a la Confederación de Trabajadores de Colombia, pasando por la Unión Nacional de Oposición que desafió al bipartidismo en las urnas y las calles, hasta la Unión Patriótica, que forjó la iniciativa de una salida negociada al conflicto armado que implicaba cambios radicales para satisfacer los anhelos de paz, erradicación de la miseria, más leyes que promuevan equidad en la distribución de la riqueza que los trabajadores producen.

Estas iniciativas también representan valiosas experiencias. En la medida que estas organizaciones protagonizaron luchas que lograron disputarle a las élites el monopolio del poder, y lograr importantes conquistas para las masas explotadas, el sistema respondió violentamente para cerrarle el paso a cualquier posibilidad de una apertura democrática.

Esas experiencias hicieron posible el gran auge de las luchas sociales, aún en condiciones de la brutal represión del gobierno de Iván Duque, al calor de esas luchas de estudiantes, de jóvenes mujeres, de los trabajadores se construyó un nuevo proyecto unitario de las fuerzas alternativas que buscan la liquidación del neoliberalismo, sus políticas económicas y sus graves consecuencias en las poblaciones más vulnerables.

La cualificación del movimiento y la claridad de los dirigentes progresistas y comunistas hicieron posible constituir la más consecuente y esclarecida alianza política de izquierda: el Pacto Histórico. Esta fuerza unitaria convocó a la población más consciente a movilizarse para convencer a los jóvenes que debían convertir en acciones políticas esas energías y volcarse a las urnas para posibilitar la llegada al poder de Gustavo Petro, para hacer realidad la derrota de los agentes del neoliberalismo.

La victoria contra las fuerzas más retrógradas comenzó en las elecciones senatoriales en el mes de marzo del presente año, cuando el uribismo sufrió su primera gran derrota electoral. El avance radical del Pacto Histórico se coronó en los comicios presidenciales de junio, un hecho inédito, pues por primera vez en nuestra historia las fuerzas de izquierda arribaron al poder ejecutivo, además, con suficiente apoyo parlamentario para aprobar leyes que promueven cambios significativos, ejemplo, la reforma tributaria.

Estos eventos han inaugurado un nuevo escenario en nuestro país. Por primera vez en la historia reciente, sectores populares se abren paso en la conducción del Estado, y se han comenzado a crear condiciones propicias para la construcción de poder político desde abajo.

Además, tal situación se da al tiempo que en Nuestra América se ha iniciado un ascenso de gobiernos alternativos, y todo ello en la región donde el imperialismo norteamericano impuso, desde los años cincuenta, su criminal anticomunismo, que hoy está seriamente cuestionado por los sectores progresistas.

El Partido Comunista ha sido uno de los principales impulsores de la unidad de las fuerzas populares en Colombia en el último siglo, y como tal, fue un elemento fundamental en la configuración del Pacto Histórico y en el avance de este hacia la victoria electoral.  La situación positiva actual expresa avances de singular importancia ya que venimos de tres décadas de una cruenta y sistemática persecución, iniciada a finales de la década de los años cincuenta del siglo pasado.

En esa época, Álvaro Uribe Vélez escaló el terror a niveles de barbarie apoyando las organizaciones paramilitares e instrumentando el Ejército Nacional para que ejecutara los falsos positivos, eufemismo utilizado para ocultar crímenes de Estado.

No obstante que quisieron exterminar a sangre y fuego a los comunistas, prevalecimos protegidos por el alto grado de organización y la correcta estrategia de defensa implementada por la dirección del Partido y ejecutada por la valerosa y disciplinada militancia. Todas estas acciones estuvieron apoyadas en nuestro proyecto emancipador que tiene plena vigencia aún hoy, cuando el capitalismo sigue sometiendo al mundo a la explotación, el hambre y la miseria y ha puesto a la humanidad en riesgo de extinción.

Por esos riesgos el XXIII Congreso del PCC se va a llevar a cabo en un momento crucial. La persistencia de los comunistas en la lucha por la paz y la unidad popular ha sido decisiva en la configuración del momento histórico que estamos viviendo. Pero esta conquista es tan solo un punto de partida.

El momento exige a la organización comunista un esfuerzo por la construcción de un poder popular, que pueda defender e impulsar al Gobierno alternativo a la aplicación de su Programa político, el cual hemos construido en colectivo como respuesta a las necesidades sociales más urgentes de nuestra nación.

Pero más aún, la construcción de un nuevo poder debe apuntar a que el gobierno actual no sea un simple paréntesis en nuestro cerrado régimen político, sino que se proyecte en la construcción de una sólida democracia con perspectiva de larga permanencia. El XXIII Congreso del PCC con seguridad cumplirá a cabalidad esa tarea. No lo dudamos, el socialismo es nuestro objetivo. ¡Y lo construiremos! ¡Viva el XXIII Congreso del PCC!