miércoles, julio 17, 2024
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El universo alegre de un bus en el Caribe

Viajar en buses que van de Cartagena a Turbaco, Arjona, Santa Catalina, Bayunca o Galerazamba, o de Barranquilla a Baranoa, Sabanalarga, Sabanagrande o Juan de Acosta es literalmente un goce y un reto sensorial

Zabier Hernández Buelvas

Todo ocurre allí

Estás allí, esperando. En el instante en que llega el bus, escuchas un estribillo que se repite: “Bayunca…Bayunca…Bayunca”. Casi, en segundos, un joven ─el ayudante─, utilizando la inercia del movimiento del automotor, se lanza a tierra con una práctica de malabarista y te pregunta de manera firme y sonora, “¿pa´onde va?”. Debes responder rápido porque siempre van contra el reloj, si no te decides, solo escucharás que el ayudante le dice al chofer “dale”, pero el bus ya va a unos doscientos metros cogiendo velocidad.

Si ya lograste subirte, te recibe el estruendo rítmico de una champeta, vallenato, salsa, mapalé, entre otros géneros musicales, y el ayudante diciendo “córranse atrá” y repite varias veces, pero le agrega “nojoda echen pa´trá”.

Si te logras sentar, enseguida debes intentar afinar la orientación de tu oído, estás obligado a escuchar varias historias al tiempo, de la señora de al lado, de los que van adelante, de los que van atrás, te llagan los ecos de la conversación a altos decibeles entre el ayudante y el conductor, la brisa que entra por las ventanillas y los vendedores de almojábanas, diabolines, enyucaos, cocadas de papaya y de coco, bollo de maíz, de angelito ─coco con anís─, de plátano y de yuca.

En este universo no hay gradualidad, no hay alguien que hable primero y otro que escuche después, no hay mundos paralelos, no hay dimensiones ni niveles de energías. Aquí todo fluye y ocurre al tiempo, los mundos, las vidas, las historias, las necesidades, la sensualidad, el enojo, el reclamo y la ternura, se entrecruzan formando un mundo ordenado para la comunidad costeña, pero ininteligible para el forastero y el turista.

¿Un bus o una habitación?

Al detallar el interior del bus, la perspicacia del observador, encontrarás que ese sorprendente universo humano es correspondido con un decorado que no es casual ni aislado del frenesí social que está viviendo. Cortinas, ¿cortinas?, sí, de las mismas que se ponen en las habitaciones de casa y en hoteles, de colores, adornadas con hilos dorados en sus bordes, rodean las ventanas, adornan el panorámico en la parte interior y danzan al ritmo del viento que entra a alborotar más la verbena andante ─Verbena: bailes populares urbanos─.

Por todos lados, el pasajero encontrará letreros, frases y sentencias, con mensajes religiosos, de crítica social, de superación y de mamadera de gallo. Calcomanías con colores fosforescentes, que deslumbran al recibir luz, pegadas y ubicadas en el espaldar de las sillas, en las puertas, en los vidrios de las ventanillas, en las laterales, las ventanillas y hasta en el panorámico. Mensajes como “Si el niño es hijo del conductor no paga” o “Mi suegra cree que soy Dios, sabe que existo, pero no me puede ver”, “Padre hay solo uno, para todo lo demás, MasterCard”, “Si supieras cuánto pienso en ti, me denunciarías por acoso mental” y “Una madre siempre estará en los peores momentos para ayudarte y decirte, ¡te lo dije!”.

Y lo que faltaba

En estos territorios, bautizan a los buses, les ponen nombres. Sí, así como oyen. Es algo así como lo que ahora se llama “personalizar el vehículo”. Si el dueño o conductor del bus es fiel creyente de San Marcos y si tiene varios buses, le coloca “San Marcos #1”, “San Marcos #2” y así según la cantidad de buses tenga. Otros son menos religiosos y le colocan nombres de sus cantantes favoritos “No vienes Díaz”, “Héctor Lavoe” o frases que refieren a la forma de ser del conductor “Feo pero cariñoso” o solicitando algo “Suave nena”.

Viajar en un bus en el Caribe es sentir el contraste y la diversidad cultural llevada a las máximas expresiones visuales, auditivas, sensoriales y gustativas. La atmósfera llena de alegría, de socialización pública y abierta, de sonidos del acordeón, de la trompeta, la gaita y el tambor y la gritería sobre historias de vidas, te marcarán para siempre.

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