El Pacto Histórico, un proceso político en construcción

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Asistente a la manifestación de Gustavo Petro en Sincelejo, Sucre. Foto Pacto Histórico

En las últimas semanas la izquierda colombiana, por primera vez en su historia contemporánea, se prepara para asumir el gobierno. Esto incluye los procesos de empalmes, la selección del gabinete y la preparación de los proyectos de leyes y la acción parlamentaria. Pero tras todos estos procesos, lo que subyace es el esfuerzo del Pacto Histórico para construir un escenario favorable para gobernar implementando los cambios contenidos en el Programa del construido colectivamente.

Si bien es cierto que la victoria electoral ha sido histórica, la pugna política que se expresó en las urnas expresa la existencia de un conflicto entre las fuerzas alternativas y el continuismo. El uribismo ha sido duramente golpeado, pero este aún tiene capacidad de maniobra.

Además, la burguesía reaccionaria sabe reinventarse, y no permanecerá inactiva, viendo pasivamente cómo el Pacto Histórico afecta sus intereses e impulsa una apertura democrática, mejora las condiciones de vida de la población trabajadora y explotada y así abre perspectivas para elegir otros presidentes que prolonguen el gobierno de cambios.

En otras palabras, las victorias del 13 de marzo y el 19 de junio muestran una correlación de fuerzas favorable para la izquierda, algo que nunca antes habíamos experimentado. Sin embargo, esta no fue una victoria aplastante, y para lograr gobernabilidad es necesario construir alianzas políticas, que, sobre todo, en el parlamento, permitan crear un margen de maniobra para el gobierno.

Y esto es aún más importante en cuanto es imperativo sacar adelante reformas urgentes para poder poner en marcha muchas de las promesas de campaña, principalmente las referentes al presupuesto público y las finanzas del estado. Que tengamos en cuenta que las redes de corrupción del Centro Democrático, en cabeza del presidente saliente Iván Duque, dejan al país con el déficit más grande de su historia.

Por ello se ha llamado a la conformación de un Frente Amplio para conjugar fuerzas políticas variopintas en torno a las reformas inmediatas. La finalidad es la de hacer posible un ambiente favorable para el nuevo gobierno, especialmente con miras a enfrentar el primer año de labores, pues este es un momento muy delicado dada la crítica situación en que ha dejado al país la nefasta administración Duque.

Este frente implica claramente acuerdos con fuerzas políticas con las que no se tienen identidades programáticas. Esto no significa que el Pacto se vaya a disolver en tal frente. El Pacto Histórico apenas comienza a construirse, y no debemos olvidar que este ha surgido de la coalición de organizaciones que se reclaman como populares e ideológicamente de izquierda.

No debemos confundir al Pacto con los compromisos parlamentarios que este, como partido de gobierno, se ha visto en la necesidad de establecer, con el fin lograr las mayorías en Senado y Cámara para aprobar las leyes que soporten los cambios contenidos en el Programa del Pacto Histórico y que el pueblo exige y son necesarios para construir auténtica democracia en Colombia.

El nuevo reto que ahora afrontamos desde el bloque popular y democrático es el de seguir ampliando el Pacto Histórico de cara a las disputas por el poder local. En este sentido, la política de unidad de las izquierdas ha de fortalecerse, para enfrentar en conjunto a la reacción y el continuismo en el periodo venidero.

Así pues, el Pacto comenzará a afianzarse desde los espacios regionales, y no solamente ampliando el espectro de organizaciones que lo integran, sino que, sumando también liderazgos de carácter social, aquellos que inciden en los barrios, las veredas.

Dados los nuevos retos que plantea la inminencia del cambio climático, debemos tratar de vincular al Pacto a ciudadanos comprometidos regionalmente con actividades protectoras de la naturaleza y la biodiversidad de la flora y la fauna.

Por todas las razones anteriores los comunistas debemos despojarnos de todo dogmatismo para poder incidir en estos espacios de construcción de un Pacto unido y fuerte y con permanente ampliación de su crecimiento e influencia en el pueblo. El momento histórico que estamos viviendo nos llama a romper cualquier acción que nos lleve al aislamiento político. Y esto no significa renunciar a nuestros principios programáticos, pues no debemos olvidar que el Pacto es resultado de la justa política por la unidad que el Partido ha promovido a lo largo de casi un siglo.

Esta política de unidad nos ha llevado al diálogo con otras colectividades políticas que también le han apostado a la apertura democrática y a la tarea de incrementar el nivel de conciencia política del pueblo que dinamicen las posibilidades de ganar aliados para la acción de objetivos más estratégicos. La historia del Partido Comunista nos ha enseñado que la lucha política consecuente, revolucionaria, permite avances significativos y pronto los podremos obtener desde el Gobierno para empoderar todavía más a nuestro pueblo hasta ahora siempre marginado. Aprovechemos eficazmente estos momentos para hacerlos más duraderos. ¡Lo que podemos conquistar no tiene límites!