El calor y los incendios azotan a Europa

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El calor se ensaña con Europa mientras la crisis energética provocada por la guerra en Ucrania obliga a varios países a volver al carbón, el peor combustible para la naturaleza. El futuro es incierto

Cuando ha transcurrido solo la mitad del verano en el hemisferio norte, en Portugal y España ya se registran más de 1.700 muertes por las olas de calor

Sergio Salazar

El pasado 19 de julio, el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial, OMM, Petteri Taalas sentenció que olas de calor como las que está viviendo Europa con temperaturas máximas récords serán la nueva normalidad para las próximas décadas¹.

Con esto se está constatando lo que los reportes científicos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) vienen señalando: “El cambio climático inducido por el hombre ya está afectando a muchos fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en todas las regiones en todo el mundo. Las pruebas de los cambios observados en fenómenos extremos como olas de calor, fuertes precipitaciones, sequías y ciclones tropicales, y, en particular, su atribución a la influencia humana, se ha reforzado desde el AR5”² (AR5 = por sus siglas en inglés, quinto informe de evaluación del IPCC, publicado en 2013).

En sus declaraciones, el secretario general de la OMM se lamentó porque no ha sido posible reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el ámbito mundial, lo cual se está viendo reflejado en las tendencias negativas del clima y sus impactos en las sociedades, sobre todo en las más vulnerables, y dejando un mensaje político claro: «Espero que esto sea una llamada de atención para los gobiernos y que tenga un impacto en los comportamientos de voto en los países democráticos».

Cambio climático y eventos extremos

Como lo menciona el último reporte del Grupo II del IPCC³, el aumento de los eventos extremos meteorológicos y climáticos ha provocado algunos impactos irreversibles, ya que los sistemas naturales y humanos han sido sometidos a condiciones que sobrepasan su capacidad de adaptación.

En particular, con mayor o menor grado de fiabilidad en las conclusiones del reporte del IPCC, se le atribuyen al cambio climático inducido por los humanos los aumentos observados en la frecuencia e intensidad de las temperaturas altas extremas en los continentes y océanos, las fuertes precipitaciones, la sequía y los incendios forestales.

Entre los impactos que se asocian a dichos fenómenos se encuentran, entre otros, el aumento de la mortalidad humana relacionada las altas temperaturas, el aumento de la mortalidad de masa forestal relacionada con la sequía, los aumentos observados en las áreas quemadas por incendios forestales.

Respecto a las olas de calor, hay una tendencia clara. En la base de datos mundial de desastres EM-DATU⁴ con datos de 1900 a la fecha, se ve cómo las olas de calor severas se han multiplicado al menos por cinco en el último medio siglo pasando de años con hasta dos eventos en el ámbito global en mitad del siglo pasado, a un promedio global de años con 10 y más eventos en lo que va del presente siglo.

Lo anterior cobra vidas. En relación con olas de calor, apenas en la mitad del verano de 2022, ya se registran más de 1.700 muertes en Portugal y España, según el director regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud⁵, quien a la vez aseveró que en las últimas décadas cientos de miles de personas han muerto por efecto del calor extremo durante olas de calor prolongadas, a menudo acompañadas por incendios forestales.

En Portugal los residentes y los bomberos se han unido para tratar de apagar los incendios

Olas de calor y salud humana

La vulnerabilidad humana a las temperaturas altas extremas prolongadas durante varios días, e incluso semanas, como se está presentando en Europa, se ve intensificada en personas con patologías previas, que en el caso de las ciudades también convergen problemáticas que agravan el cuadro sanitario, como lo son aspectos ambientales: la contaminación atmosférica y el efecto “isla de calor” de las áreas urbanas, así como aspectos sociales como el aislamiento, condiciones de ingresos económicos bajo o infraviviendas y personas que viven en la calle⁶.

Por eso las cifras dramáticas de muertes asociadas a las olas de calor se dan principalmente en las grandes aglomeraciones urbanas como se reflejó en la gran ola de calor de 2003 en Europa con una cifra cercana a las 70 mil muertes⁷.

Con las evidencias sobre la mesa y los resultados de proyecciones a largo plazo con los escenarios de cambio climático, se espera que en varias regiones del mundo como América Central y del Sur, África, India, sureste asiático y norte de Australia, experimenten un mayor número de días por año con temperaturas altas que sobrepasan los límites de sobrevivencia humana⁸.

Los retos políticos

La inacción política global generalizada frente a los impactos del cambio climáticos es la evidencia de la supremacía de los intereses de la acumulación de capitales frente a la supervivencia misma de la humanidad. Los fracasos de las cumbres globales sobre el clima, así como de los Acuerdos, como el de París, así lo constatan.

La crisis multidimensional de la actualidad (climática, ecológica, económica, social, política) son el producto en un sistema económico imperante que debe ser superado. El nivel de consciencia sobre la problemática es más que evidente. Queda la acción para apostar por las transformaciones. Algunos ejemplos van en esa dirección.

Colombia es uno de ellos con el gobierno del Pacto Histórico, en cuyo programa se encuentran el “Pacto para recuperar el Trabajo y la productividad con sustentabilidad ambiental” y el “Pacto por la naturaleza y para afrontar la crisis climática”.

La apuesta por el ordenamiento territorial en torno al agua, la transición hacia modelos energético, agrario, industrial y de movilidad con bajas emisiones de gases de efecto invernadero, la protección de la biodiversidad y frenar la deforestación, entre otros, son retos de primer orden en un país con una historia reciente de corrupción política y depredación ambiental asociada al narcotráfico, la expansión de la ganadería y los agronegocios, a un modelo económico extractivista.

La voluntad de cambio del gobierno debe estar acompañada del empoderamiento popular para que dichos cambios se materialicen.

1. https://public.wmo.int/en/media/news/%E2%80%9C-heatwave-new-normal%E2%80%9D-wmo-secretary-general-says
2. IPCC, 2021: Summary for Policymakers. In: Climate Change 2021: The Physical Science Basis. Contribution of Working Group I to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [Masson-Delmotte, V., P. Zhai, A. Pirani, S.L. Connors, C. Péan, S. Berger, N. Caud, Y. Chen, L. Goldfarb, M.I. Gomis, M. Huang, K. Leitzell, E. Lonnoy, J.B.R. Matthews, T.K. Maycock, T. Waterfield, O. Yelekçi, R. Yu, and B. Zhou (eds.)]. Cambridge University Press, Cambridge, United Kingdom and New York, NY, USA, pp. 3−32, doi:10.1017/9781009157896.001.
3. IPCC, 2022: Summary for Policymakers. In: Climate Change 2022: Impacts, Adaptation, and Vulnerability. Contribution of Working Group II to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [H.-O. Pörtner, D.C. Roberts, M. Tignor, E.S. Poloczanska, K. Mintenbeck, A. Alegría, M. Craig, S. Langsdorf, S. Löschke, V. Möller, A. Okem, B. Rama (eds.)]. Cambridge University Press. In Press.
4. EM-DAT, CRED / UCLouvain, Brussels, Belgium – www.emdat.be
5. https://www.dw.com/es/ola-de-calor-caus%C3%B3-1700-muertes-innecesarias-en-espa%C3%B1a-y-portugal-advierte-la-oms/a-62570495
6. Campbell, S., Remenyi, T. A., White, C. J., & Johnston, F. H. (2018). Heatwave and health impact research: A global review. Health & place, 53, 210-218.
7. Schewe, J., Gosling, S. N., Reyer, C., Zhao, F., Ciais, P., Elliott, J., … & Warszawski, L. (2019). State-of-the-art global models underestimate impacts from climate extremes. Nature communications, 10(1), 1-14.
8. Mora, C., Dousset, B., Caldwell, I. R., Powell, F. E., Geronimo, R. C., Bielecki, C. R., … & Trauernicht, C. (2017). Global risk of deadly heat. Nature climate change, 7(7), 501-506.