El bolero, patrimonio inmaterial de la humanidad

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El Trío Matamoros compuesto por Miguel Matamoros (izquierda), Siro Rodríguez (centro) y Rafael Cueto (derecha). Foto Ecured Cuba

Atendiendo a la solicitud de Cuba y México, la Unesco aprobó que el género musical sea patrimonio inmaterial de la humanidad. A lo largo del siglo XX, los sonidos románticos del bolero se extendieron por todo el continente

César Pagano

Aunque hubo boleros en Cuba de transmisión oral desde mediados del siglo XIX, solo se conserva El Colibrí de autor anónimo, que actualmente se puede apreciar en YouTube en la versión de Miriam Ramos.

Se toma como el inicio del género romántico, cuando José Pepe Sánchez (1856-1910) un sastre, minero y patriota escribió y presentó en sociedad en 1885 un bolero binario en 2/4 que bautizó como Tristezas.

Se le tiene como el organizador del Bolero, porque lo perfiló solo en el estilo romántico; lo desligó de otros ritmos contemporáneos como el son; y le dio un ordenamiento con la introducción instrumental, dos estrofas de dieciséis compases cada una, separadas por un pasacalle en el medio y con un final apropiado.

Pepe Sánchez, aunque tuvo un quinteto nunca grabó discos, pero si lo alcanzaron a realizar Sindo Garay (la Tarde), Alberto Villalón (Boda Negra y El triunfo del Bolero) y en especial Miguel Matamoros con su trío y su repertorio que alcanzo amplia fama internacional.

El bolero no solo por sus poemas y novedosa y bella música logró difusión rápida, sino porque causaba mucha atracción que podía bailarse en forma cadenciosa y permite la conversación privada e íntima de la pareja. Hay que imaginar esta posibilidad hace más de cien años, lejanos tiempos de limitadas posibilidades para el encuentro de los jóvenes, pues no existían, discotecas, cines, centros comerciales, etc.

Por las olas del Caribe

El fenómeno musical y generacional después de tomarse a Cuba entera, viajó rápido entre las olas y las naves a las islas vecinas de República Dominicana, Haití y Puerto Rico donde serviría de vehículo para manifestar el amor patrio por la independencia del Imperio, la desigualdad social y por el rechazo a la guerra.

Lo anterior se puede confirmar con canciones como Preciosa, Lamento borincano y Vengo a decirle adiós a los muchachos de los inspirados compositores Rafael Hernández y Pedro Flórez, interpretados en la formidable voz de un cantante social como Daniel Santos.

Y el bolero arribó a México –pujante de revolución y con gran desarrollo industrial, agrario y comercial–, a Mérida y a Veracruz. De la primera ciudad costera brotaron con sus canciones: Guty Cárdenas, Ricardo Palmerín, Luis Demetrio, entre otros, y más reciente el fecundo Armando Manzanero.

De Veracruz gustaba decir Agustín Lara que era “hijo del pirata, de la luna de plata y del mar”, pero también eran hijos predilectos: Lorenzo Barcelata y Mario Ruiz Armengol. Y a Ciudad de México llegaron soñadores los provincianos de Gonzalo Curiel, Gabriel Ruiz, Luis Arcaras, Vicente Garrido, Roberto Cantoral y una estrella iluminada como Consuelo Velásquez y María Elena Valdelamar.

En México nació el bolero ranchero de la casualidad, porque en una huelga de músicos de orquesta, obligó a que Rubén Fuentes adaptara y domara el mariachi para que cantara Pedro Infante y después el insuperable Javier Solís.

Otra novedad mexicana fue la del trio armónico, que nació con Los Panchos y luego avanzó con los Tres Ases y Los Tres Caballeros. Además, en ese ambiente surgieron fantásticos solistas tales como: José Mojica, Jorge Negrete, Tito Guízar, Jorge Fernández, Nicolás Urcelay, Marco Antonio Solís, hasta desembocar en el popular Pedro Vargas, otras generaciones trajeron a carismáticos renovadores tales como Armando Manzanero, José José y Luis Miguel.

También las mujeres derivaron en cancioneras con dos grandes escuelas donde brillaron como adalides Toña La Negra y María Luisa Landín. Hubo algunas inclasificables como Elvira Ríos, Eva Garza, Amparo Montes, María Victoria, Amalia Mendoza ‘La Tariacuri’, Manolita Arreola, Eugenia León de hoy y muchas hermanitas, y otras, hasta la puertorriqueña Virginia López que se consagró en México.

El bolero en otras naciones

Los datos históricos demuestran que es el género más extendido y perdurable de todo el continente y quizás el mejor educador sentimental y sexual de nuestros pueblos. Es el género romántico más apropiado, porque nunca llega a las tragedias pesimistas, aunque bellas de la ranchera o los preciosos tangos. Su fuerza poética y su belleza musical, además del baile cadencioso, han servido para traspasar barreras, incluso las de los idiomas, como sucedió cuando el bolero se tomó a Haití y el Brasil.

A Brasil el bolero llegó por intermedio de mexicanos y cubanos, tales como Lara, Lecuona con Rita Montaner y Pedro Vargas con Ana María González, Lucho Gatica y Carlos Julio Ramírez en tiempos más recientes. Y entonces hubo cosecha de autores brasileros, tales como Ary Barroso, Leo Rosa, Lupicinio Rodríguez, Heriberto Martins, Jair Amorín, etc., y hasta mujeres destacadas como Dolores Durán.

Y para que el elenco se completara cantaron con estilo original Altemar Dutra, Milthiño, Los Tabajaras, Simone, Alcione, Tania Alves, Ellis Regina, María Betania, Bert Carvalho y Gal Costa, entre muchas otras, que no jugaban futbol, pero metieron canciones románticas como goles olímpicos.

No alcanza el papel para mencionar el bolero en Argentina para competir con el mexicano a través de compositores como Mario Clavell, Don Fabián y Chico Novarro, fallecido en este año y refinados cantantes tales como Leo Marini, Hugo Romani, Fernando Torres, Roberto Yanés y exquisitas cantantes tales como Libertad Lamarque, María Graña y María Marta Serra Lima en nuestros tiempos.

En Venezuela en la época del boom petrolero, también sirvió para nutrir a grandes compositores tales como Lorenzo Herrera, Aldemaro Romero, Luis Alfonso Larraín, José Reina, Chelique Saravia, Italo Pizzolante, Homero Parra y María Luisa Escobar.

También se destacaron cantantes de impacto tales como Alfredo Sadel, Héctor Cabrera, Felipe Pirela, ‘El Puma’ Rodríguez, Aquiles Machado, Argenis Carrullo y un matriarcado amplio de primorosas mujeres, tales como Estelita del Llano, Graciela Naranjo, María Teresa Chacín, Cecilia Todd, Débora Sacha, Eugenia Méndez, Dayán Montiel, mi preferida Gisela Guedes y María Rivas en el bolero-jazz, ya fallecida, entre otras.