Comunistas y cristianos: convergencia posible y necesaria

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Camilo Torres con los niños de un barrio popular. (Tomado del libro de Germán Guzmán Campos).

Andrés Olivos Lombana

Este artículo, por obvias razones de espacio, se limita a una breve nota, sobre la relación entre comunistas y cristianos -a partir de la propuesta de Frente Unido del sacerdote Camilo Torres-, sin desconocer el amplio y complejo espectro de las convergencias necesarias entre los diversos sectores que actúan en el escenario de las luchas revolucionarias contemporáneas. Los estrategas de la revolución y los profetas de la teología de la liberación nos enseñan; hoy nos corresponde retomar sus lecciones: aprendidas y por aprender.

Camilo frente a los comunistas

El 2 de septiembre de 1965, en la segunda edición del periódico “Frente Unido” Camilo publica su “Mensaje a los Comunistas”. En uno de sus apartes, dice: “Yo he dicho que soy revolucionario como colombiano, como sociólogo, como cristiano, como sacerdote. (…) No puedo ser anticomunista ni como colombiano, ni como sociólogo, ni como cristiano, ni como sacerdote. No soy anticomunista como colombiano, porque el anticomunismo se orienta para perseguir a compatriotas inconformes… (…) No soy anticomunista como sociólogo, porque en los planteamientos comunistas para combatir la pobreza, el hambre, el analfabetismo, la falta de vivienda, la falta de servicios para el pueblo, se encuentran soluciones eficaces y científicas. (…) No soy anticomunista como sacerdote, porque, aunque los mismos comunistas no lo sepan, entre ellos puede haber muchos que son auténticos cristianos”.

Los comunistas y el Frente Unido

Durante todo el año 1965 el Partido Comunista y las organizaciones de masas, sindicales, campesinas y estudiantiles en las que este partido tiene influencia, acompañan a Camilo día a día, por todo el territorio nacional, en la acción de promoción y organización del Frente Unido, comisionando para esa labor a varios dirigentes de su comité central.

Tal trabajo unitario se puede constatar a través del apoyo y cubrimiento periodístico registrado semana a semana por Voz Proletaria, información que por lo general se ha omitido en los libros y compilaciones sobre el sacerdote Camilo Torres.

El imperialismo y la abstención electoral

En el mes de agosto de 1965, en pleno auge de la promoción del Frente Unido y del recorrido de Camilo por todo el país, el intelectual comunista José Arizala, en el editorial de la revista Documentos Políticos titulado “Sobre el Frente Unido”, señala lo siguiente: “En su plataforma inicial, propuesta por el padre Camilo para la discusión de los diferentes sectores revolucionarios, se plantean objetivos de gran trascendencia. (…) El programa del Frente unido tiene un contenido revolucionario y no simplemente reformista”.

Y sobre la ambigua concepción y postura de Camilo Torres frente al imperialismo, añade lo siguiente Arizala: “… El Partido Comunista insiste en que el Frente Unido -para poder cumplir los fines revolucionarios que se ha propuesto- dirija todo su filo contra el imperialismo yanqui, el mayor enemigo de nuestra patria”; y luego Arizala puntualiza señalando que desafortunadamente este asunto “no ocupa suficiente espacio en los discursos del padre Camilo, dedicando mayor atención a temas relativamente secundarios como el de la abstención electoral y otros”.

Enseñanzas de los estrategas de la revolución

Es necesario retomar algunas voces que, -para el asunto que nos ocupa-, se consideran esenciales: Lenin, Fidel y las de algunos dirigentes y compañeros mayores del partido.

Vladimir Lenin
El gran estratega de la Revolución bolchevique, Vladimir Ilich Lenin (1870 – 1924) en su artículo Socialismo y religión (1905) plantea que el ateísmo no debe estar incluido en el programa del Partido porque “la unidad en la lucha verdaderamente revolucionaria de las clases oprimidas para crear el paraíso terrenal es más importante para nosotros, que la unidad de opinión proletaria sobre el paraíso celestial”.

Fidel Castro
Por su parte Fidel Castro, en octubre de 1977, en la visita a Jamaica, ante un auditorio en su mayoría protestante, declara que muchas veces se había preguntado: “Por qué las ideas de la justicia social tienen que chocar con las creencias religiosas? ¿Por qué tienen que chocar con el cristianismo? (…) Yo conozco bastante de los principios cristianos y de las prédicas de Cristo. Tengo mi concepto de que Cristo fue un gran revolucionario ¡Ese es mi concepto! Era un hombre cuya doctrina toda se consagró a los humildes, a los pobres, a combatir los abusos, a combatir la injusticia, a combatir la humillación del ser humano. Yo diría que hay mucho en común entre el espíritu, la esencia de su prédica y el socialismo”.

Los comunistas y su validación crítica de Camilo

Una semana después de la muerte de Camilo Torres ocurrida en combate con el ejército el 15 de febrero de 1966 en las montañas del departamento de Santander, Gilberto Vieira secretario general del Partido Comunista de Colombia, escribe en el semanario Voz Proletaria un interesante artículo titulado “El padre Camilo Torres, héroe y mártir de la revolución popular colombiana” (edición del 24 de febrero, p. 4).

El experimentado dirigente comunista se refiere al pronunciamiento de Camilo sobre la lucha armada, y a su repentino abandono de la dirección del Frente Unido: “En su famosa conferencia del 7 de septiembre de 1965 en la Casa Comunista de Bogotá -recuerda Gilberto Vieira-, el padre Camilo Torres reafirmó sus conceptos unitarios y declaró: ‘En el caso de la lucha armada lo esencial es la organización de toda la clase popular y esa es una labor paciente, callada, dura y prolongada’.

Y a renglón seguido afirma Vieira: “Sin embargo, en octubre de 1965, el padre Camilo Torres abandonó repentinamente la dirección del Frente Unido. Había llegado a la precipitada conclusión de que ya estaban cerradas todas las vías legales de acción política y que no quedaba otro camino revolucionario que la lucha armada. (…) Ciertamente, Camilo no consultó esa decisión suprema con sus aliados comunistas en la dirección del Frente Unido. Acaso porque sabía muy bien que nosotros le hubiéramos pedido proseguir a la cabeza del Frente Unido como movimiento de masas en ascenso, antes de convertirse en un combatiente más de una valerosa acción armada, que no es aún la forma principal de lucha de la mayoría del pueblo colombiano.

“Es que el padre Camilo Torres era un revolucionario cristiano, todo sentimiento y fervor. Su lucha consecuente, a la cabeza de grandes masas, lo hubiera conducido sin duda a las posiciones ideológicas del marxismo-leninismo. Pero, por no haber cumplido ese proceso, le fue imposible unir la pasión revolucionaria al método de análisis objetivo y sereno de la problemática colombiana y mundial”.

Más allá de una “rebeldía clerical”

Al finalizar la década del sesenta Álvaro Delgado -investigador comunista-, escribe un artículo (publicado en dos entregas en la revista Documentos Políticos) con el título Para una discusión sobre la ‘Iglesia rebelde’: en la primera entrega analiza la intervención de Camilo Torres en el contexto de renovación de la Iglesia católica latinoamericana.

“El padre Camilo Torres fue más allá de todo cálculo de ‘rebeldía clerical’ y dio un ejemplo de consecuencia revolucionaria que sus seguidores no pueden eludir, aunque distorsionen su pensamiento. Ya la historia no tiene que esperar más los días y puede decir desde ahora que sí es posible para un católico, y para un hombre consagrado al ‘servicio de Dios’, combatir con honor por un nuevo mundo, al lado de los obreros y los campesinos”.

“El cura guerrillero”: Mito y deformación de su legado

El 18 de octubre de 1965 Camilo viaja a las montañas de Santander donde se vincula como integrante del Ejército de Liberación Nacional (ELN), decisión que hace pública el 7 de enero de 1966, mediante una Proclama al pueblo colombiano; el 15 de febrero de dicho año muere en un enfrentamiento militar entre el ELN y el ejército nacional. Algunos contabilizan 121 días de permanencia de Camilo en la guerrilla. De esta forma llega el final del sacerdote revolucionario, del joven Camilo de apenas 37 años de edad, quien hubiera podido ser el corajudo y eficaz líder político del cambio revolucionario en Colombia.

Con su muerte se consolida el “mito del cura guerrillero”, un mito que construyen paradójicamente dos sectores antagónicos e irreconciliables: de un lado la oligarquía bipartidista, en asocio con la jerarquía eclesiástica reaccionaria, quienes satanizan al sacerdote revolucionario con el mote de “guerrillero”; y de otro, la prédica del ELN que pretende acrecentar un capital político con la figura emblemática del “cura guerrillero”.

Muy rápidamente el mito del cura guerrillero se extiende por Latinoamérica, reforzado con poemas y canciones bien intencionadas, pero que a la postre deforman el auténtico legado de convergencia para la unidad, del político y líder revolucionario.

“Aquí estoy”

Para finalizar esta nota sobre la posible y necesaria convergencia entre comunistas y cristianos, trasladémonos en compañía de la memoria viva, a uno de los escenarios cotidianos de la protesta en Colombia, pues allí está ocurriendo algo de tiempo atrás, algo que aún no cesa.

Desde el centro de la Plaza de Bolívar -de repente y de manera brusca- algunos de los manifestantes dirigen su mirada visionaria hacia la Catedral; agudizan su escucha, pues parece que allí adentro algo está ocurriendo: Todos están de rodillas sobre el reclinatorio, en silencio, con la camándula en mano… pero en un mismo instante, como si se hubieran puesto de acuerdo, levantan su mirada hacia la cúpula del templo, presintiendo un llamado… sin duda, una voz misteriosa, les ordena y les invita: “Todos arriba. Abrid las puertas, salid a la plaza: Aquí estoy”.

En la plaza se escuchan todas las voces: gritan, levantan banderas, corean consignas, danzan y cantan con Violeta, Atahualpa, Víctor, Mercedes y Viglietti… son muchas voces… Y continúan aún las voces, según lo registra el poeta que no abandona el escenario, manteniéndose como testigo inclaudicable: “Crece, crece la audiencia”.