sábado, abril 20, 2024
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Taiwán, ¿una segunda Ucrania?

Estados Unidos ha otorgado a Taiwán el papel de una especie de base militar. Es decir, parece más evidente la decisión norteamericana de utilizar a Taiwán contra China, como utiliza a Ucrania contra Rusia

Alberto Acevedo

A finales de enero pasado, el general Michael Minihan, oficial de alto rango de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, declaró que una guerra en Taiwán podría darse en un plazo de dos años, como máximo. En las condiciones actuales, las declaraciones del oficial no deben interpretarse como el aspaviento de uno de los ‘halcones’ de la política norteamericana.

Hay razones para pensar que ciertamente, los Estados Unidos se preparan para un conflicto en gran escala y, como afirman algunos analistas, tras la escalada contra Rusia en Ucrania, Washington se alista a preparar otro frente de guerra internacional, esta vez contra China en el escenario de Taiwán.

Un nuevo teatro de operaciones militares en esta parte del mundo es una opción sobre la que la Casa Blanca se ha venido preparando desde hace bastante tiempo. Hay en curso un proceso de militarización, que se centra en torno a una alianza militar de carácter agresivo, junto a Australia y Gran Bretaña contra China.

Producto de esta escalada, desde 2003 Washington llegó a nuevos acuerdos con Filipinas, para instalar cuatro nuevas bases militares en esta isla, con una posición privilegiada para Estados Unidos, prácticamente en las narices de China.

En la mira

A partir de 1990, tras la caída de la URSS, Estados Unidos diseñó un nuevo tipo de presencia global en la región integrando a los ejércitos de los países aliados como fuerzas subordinadas al control militar norteamericano y construyendo bases militares más pequeñas, pero más numerosas, para crear un alcance mayor acorde con su poder aéreo, tecnológicamente superior.

En ese proceso se encontró con una realidad: que su poder no es exclusivo y tiene a competidores como China. Es allí donde adquiere un especial valor el acuerdo de cooperación con Filipinas. Al menos tres de las cuatro bases militares proyectadas, estarían en la isla de Luzón, al norte del archipiélago, lo que prácticamente coloca a Taiwán en el punto de mira de las tropas norteamericanas acantonadas en la zona.

Tenemos entonces que, en los dos extremos de Eurasia, Estados Unidos comenzó a provocar a Rusia, a través de Ucrania, y a China a través de Taiwán. El curso de la guerra en Ucrania ya se conoce. Mientras que las nuevas bases militares en Filipinas forman parte de una escalada contra China utilizando a Taiwán como campo de batalla.

Lo en el fondo, lo que pretende Washington es bloquear el desarrollo tecnológico y militar de China y ponerla a sus pies. Es en esa perspectiva que Estados Unidos ha otorgado a Taiwán el papel de una especie de base militar.

Doble juego

Antes de la revolución china de 1949, el país asiático vivía un crudo enfrentamiento entre las fuerzas independentistas, lideradas por Mao Tse Tung, y las nacionalistas, conocidas también como el Kuomintang, lideradas por Chiang Kai-shek, en el poder hasta el triunfo de la revolución. Las fuerzas nacionalistas huyeron hacia Taiwán, donde fundaron la República de China, con un gobierno en el exilio, mientras en Pekín se instalaba la República Popular China.

El país asiático reclamó desde entonces su derecho a ejercer plena soberanía sobre la isla y diseñó la política de “una sola China”. La comunidad internacional en forma abrumadoramente mayoritaria acogió esta estrategia. La Casa Blanca mantiene una actitud ambivalente. Reconoce a China continental, tiene relaciones con Pekín, pero al mismo tiempo presta ayuda militar a Taiwán.

China al respecto ha mantenido una política invariable: Taiwán debe reunificarse pacíficamente con el resto del país. Pero responderá muy duro ante cualquier veleidad independentista, alentada desde el exterior, o cualquier intervención militar directa que amenace sus intereses.

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