Allá en La Guajira arriba

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Entre la noche y el día de La Guajira; pintura en vinilos del artista Alex Mora

La mujer wayuu es conductora y responsable del clan. Se distingue porque en su sociedad políticamente representa la etnia, por consiguiente, es la encargada de representarla en los cargos públicos

Nelsy Contreras

No cabe duda, la literatura regional engrandece y aporta elementos históricos para visibilizar el origen y la idiosincrasia de los pueblos, en especial, las culturas indígenas como protagonistas de la resistencia a esa época sangrienta que llamaron Conquista.

Las diferentes regiones de Colombia contribuyen a preservar el legado ancestral, bien sea a través de mitos, costumbres, leyendas y cuentos, y otras a través de la oralidad, contadas de generación en generación. Es el caso de la cultura Wayuu asentada en La Guajira al norte de Colombia y al noroeste de Venezuela, razón por la que muchos historiadores hablan sobre la nación wayuu, lo que permite engrandecer su cosmovisión. En la mente de este pueblo no existen fronteras geográficas.

La literatura wayuu está llena de relatos míticos y cosmogónicos que narra su origen mitológico, siendo uno de ellos el que habla sobre su inicio de vida. En ese relato cuentan que los primeros indígenas de esta etnia y sus respectivos clanes o castas vinieron de Wotkasainru, localizado en la Alta Guajira.

Seguidamente, una figura importante de su universo mítico llamado Waleiwa (Dios) les dio vida. Este mismo personaje creó los hierros para identificar cada Clan, por eso en esta cultura y en su organización escuchamos el clan Ipuna, Epieyu, Jusayu, Jayariyu.

Cabe destacar que el territorio Wayuu se divide en Alta, Media y Baja Guajira, allí los nativos vivifican sus sueños y costumbres amparados en la inmensidad del Mar Caribe, llenos de sal y tierras desérticas. Estos son los momentos oportunos para que su tío materno cuente y trasmitan el legado cultural de sus antepasados.

Conductora y responsable del clan

La figura del tío materno explica la estructura de carácter matrilineal. Por esto es la persona encargada de resolver todo tipo de problemas familiares, incluido el arreglo del matrimonio y su respectivo dote.

Los sueños de los Wayuu iluminan su literatura, además tienen un significado premonitorio, por eso dentro de su quehacer diario ayudan a identificar la realidad del colectivo, su singularidad e incluso le sirve para permanecer alertas en situaciones de amenazas.

La mujer wayuu es conductora y responsable del clan. Se distingue porque en su sociedad políticamente representa la etnia, por consiguiente, es la encargada de representarlos en los cargos públicos.

Continuando con esa literatura mitológica y fascinante sobre el inicio de la vida, los wayuu simbolizan en los esposos Pulowi y Juva su existencia. Pulowi es mujer, tiene estrecha relación con la sequía y los vientos y Juva reencarna la generación de la vida, es un hombre nómada que caza y mata.

El matrimonio y el entierro

Los wayuu viven dos momentos especiales en su vida: el matrimonio y el entierro. El matrimonio arreglado por el tío materno otorga un pacto que radica en tener disponibilidad económica y el apoyo de la familia. Ese pacto consiste en el pago de la dote a la familia de la novia constituido por animales, joyas, hamacas y vasijas.

El entierro es un rito especial a cargo de las mujeres, quienes se dedican a preparar al muerto.

Existe una diferencia entre muerte natural y muerte violenta. La muerte natural recoge el muerto, lo bañan para luego ser colocado en un ataúd, y después de dos años sacan sus restos para ser incinerados.

En los wayuu la muerte violenta tiene unas características especiales: No permiten que las autoridades competentes hagan levantamiento del cadáver y mucho menos autopsia, las mujeres lo recogen e inmediatamente le dan cristiana sepultura en su cementerio que queda cerca de su ranchería, para luego descansar en Jepirra.