¡A ganar la Presidencia!

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Gustavo Petro deposita su voto en la pasada jornada electoral. Foto Alexa Rochi

Los resultados de las elecciones del pasado domingo ratificaron lo ya sabido: la única candidatura que representa el cambio, es la del Pacto Histórico. Inmediatamente se supo que Rodolfo Hernández pasaba a segunda vuelta para disputar la presidencia, se vino una andanada de apoyos uribistas. Federico Gutiérrez, quien pocos días atrás criticaba duramente al exalcalde de Bucaramanga por su cínica retórica anticorrupción, llamó a votar por Hernández para “salvar a Colombia”.

Lógicamente Paloma Valencia y María Fernanda Cabal lo secundaron. Y es que el uribismo lo planteó tras verse derrotado en las elecciones legislativas de marzo: su estrategia para ganar la presidencia consistiría en apoyar en segunda vuelta al contendor de Gustavo Petro.

Ahora todas las fuerzas tradicionales, esas que nos quieren mantener en un ciclo continuo de guerra, que viven del saqueo al patrimonio público, que se enriquecen con la especulación, para tratar de mantenerse en el poder, se alinean con Hernández para seguir usufructuando sus privilegios. Además, Rodolfo Hernández es tan corrupto como los uribistas que hoy lo apoyan. Por corrupción está siendo acusado en el juzgado 10 Penal del Circuito de Bucaramanga.

Si bien Gustavo Petro no logró la victoria en la primera vuelta, la acción sistemática y entusiasta de todos los miembros del Pacto Histórico asegura la conquista de la Presidencia de la República el 19 de junio. Analicemos los resultados electorales obtenidos por Gustavo Petro a partir del 2018.

Petro pasó de 4.8 millones de votos en 2018, a 8.5 millones en este 2022. Este aumento de la votación es una muestra de que en la sociedad colombiana la demanda de un cambio que amplíe la democracia y mejore las condiciones de vida, se afianza y crece. Además, las urnas le cantaron el responso al uribismo y al Centro Democrático.

Más allá del hecho de que las maquinarias políticas tradicionales vienen tejiendo su entramado en torno a la figura del exalcalde de Bucaramanga para evitar un viraje en el curso político y social del país, las personas que acudieron a las urnas para apoyar la candidatura de Rodolfo Hernández, lo hicieron mayoritariamente bajo el firme convencimiento de estar apoyando a un candidato ajeno al uribismo y a los políticos tradicionales.

Hoy, el adversario de Petro sostiene un discurso que habla de continuar la implementación del Acuerdo de Paz y abrir caminos de diálogo con el ELN. Muchos pensarán, con justa razón, que esto no es más que demagogia, y más aún si consideramos que Hernández ha estado ausente en los debates sobre la paz. Pero esta indiferencia con la cuestión fundamental de la paz no es la única carencia de Rodolfo Hernández, tiene falencias más graves.

Por ejemplo, sus conocimientos sobre el fracking y las graves afectaciones sobre el agua son muy elementales. Pero es más grave aún su declarada misoginia tanto que se atrevió a decir que las mujeres debían opinar sobre política, pero desde el hogar; igual acontece con su rechazo a los LGBTIQ. Su lenguaje es chabacano, la forma como se refiere a las mujeres del pueblo es grosera, desconsiderada propia de la cultura machista que él exhibe y defiende.

Aunque todas estas cuestiones son graves. Existe una que pone en alto riesgo la escasa institucionalidad colombiana: su admiración por Hitler y las orientaciones políticas contenidas en su obra Mi lucha. Claro que los asesores lo obligaron a que rectificara esas declaraciones, porque son conscientes que el empresariado decente   le negaría su apoyo inmediatamente.

Estas falencias anotadas son el insumo fundamental que deben socializar los comunistas y sus principales cuadros en una acción aliada con las organizaciones sociales en un trabajo directo entre las masas. Esta tarea exige una comunicación con un lenguaje no acartonado que logre que el pueblo entienda lo que significaría como retroceso social que llegara a la presidencia un candidato con esta ideología neofascista e ignorante de tantos conocimientos básicos para gobernar al país.

Esta campaña sistemática a lo largo de todo el país exige además que el discurso de todos los miembros del Pacto Histórico explique con claridad los cambios que benefician al pueblo que contiene el Programa que promueven Francia y Petro. En esta forma podremos enfrentar exitosamente la demagogia del ingeniero Hernández y tendremos la posibilidad de conquistar los votos de todos aquellos que se mantienen en la abstención o que votaron en blanco. Estas son las acciones que garantizarán la presidencia de Gustavo y Francia.

Ahora bien, es claro que en la segunda vuelta se enfrentan el programa de cambios sociales y políticos que plantea el programa del Pacto Histórico frente a la perorata populachera de Rodolfo Hernández, que oculta con un llamado a combatir la corrupción, la agenda continuista apoyada por las fuerzas tradicionales que siempre han gobernado.

Para lograr una victoria contra este candidato que posa de alternativo, será necesario desplegar una campaña que cubra barrio a barrio, casa a casa, de todas las ciudades colombianas para llegar a ese pueblo trabajador que demanda cambios que alivien su existencia, y plantearle que solo el Pacto Histórico defiende sus intereses y aspiraciones.