Victoria Villarruel bajo el escrutinio feminista

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Victorial Villarruel y Javier Milei

La nueva vicepresidenta representa el retorno del olvidado partido militar, presente en la escena nacional hasta el ascenso de Raúl Alfonsín en 1983

Diana Carolina Alfonso
@DianaCaro_AP

En los últimos años la derecha neofascista de América Latina se acomodó a la política de las identidades. Durante el 2019 en los albores del golpe en Bolivia, con cierta ingenuidad y no poca sevicia, la feminista María Galindo calificó la situación en una radio local como una “pelea entre machos”.

A modo de revancha providencial, a los pocos días fue una mujer quien se convirtió en la punta de lanza del terrorismo golpista. Jeanine Añez inauguró el podio de las dictadoras en nuestro continente y desencadenó una brutal matanza sobre las capitales del país que había reelegido en las urnas al indígena Evo Morales Aimara.

Este año le tocó a Perú repetir al pie de la letra el formato golpista escrito en las oficinas del Departamento de Estado norteamericano. Según diversas fuentes, al menos 49 civiles murieron durante los enfrentamientos que se precipitaron el 7 de diciembre del 2022 con el apresamiento de Pedro Castillo, mientras que las manifestaciones dejaron, en total, 77 asesinatos dirigidos por el ejecutivo. En este caso fue Dina Boluarte la dictadora en ceñirse la banda roja presidencial con la sangre de sus connacionales.

Negacionista

En Argentina la última contienda presidencial abrió un boquerón al pasado que tomó por sorpresa incluso a confesos negacionistas como el exmilitar de ultraderecha Aldo Rico, promotor del famoso alzamiento carapintada que se opuso al retorno de la democracia en 1987 y 1990.

Rico, a la derecha de Videla, no dudó en oponerse a las afirmaciones de La Libertad Avanza, el partido encabezado por Javier Milei y Victoria Villarruel. Ésta última, abogada defensora de varios militares condenados por el accionar terrorista de la dictadura cívico-militar que inició el 24 de marzo de 1976.

En la escena pública Victoria se presenta como la hija de un héroe de Malvinas. Eduardo Villarruel, su padre, fue denunciado en 1984 ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, Conadep, por operativizar “áreas libres”, es decir zonas despejadas para el secuestro de personas durante la dictadura.

En el año 2003, la joven abogada Victoria Villarruel hizo parte de la Asociación Unidad Argentina, Aunar, bajo la dirección de Fernando Verplaetsen, exjefe de inteligencia del Comando de Institutos Militares con asiento en Campo de Mayo, uno de los centros de tortura más importantes del proceso dictatorial. Tras el retorno de la democracia, Aunar se ocupó de la oposición a la extradición de los militares juzgados por crímenes de lesa humanidad.

En el 2006 la carrera de Villarruel despegó con la conformación del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas, Celtyv. Esta organización de litigantes de ultraderecha reivindicaba el accionar de los militares y justificaba su defensa ante los tribunales dispuestos para el juicio a las juntas militares.

¿Nueva derecha?

El ascenso actual de figuras como Victoria Villarruel responde a una síntesis compleja entre fenómenos actuales y estructuras de vieja data. La deuda con el Fondo Monetario Internacional, FMI, que adquirió, a cien años, el entonces presidente Mauricio Macri –actual jefe político de Milei– se ha traducido en una escandalosa precarización de la vida. Como resultado en las últimas elecciones se consolidó el voto popular de ultraderecha.

Por otra parte, el sesgo generacional tuvo un eco en los jóvenes que constituyen alrededor del 60% de la pobreza. En la pandemia, la flexibilización laboral afectó a las juventudes que se vieron disociadas de sus entornos y expuestas a la explotación de las nuevas tecnologías. El espejismo de la consigna “sé tu propio jefe” tomó una forma masiva, enojada y virtualmente alejada de los mecanismos del estado presente.

Lo que sorprende de la figura de Villarruel es su capacidad política. Esta mujer representa el retorno del olvidado partido militar, presente en la escena nacional hasta la asunción de Raúl Alfonsín en 1983. El partido militar es una categoría que engloba intereses corporativos, castrenses y oligárquicos. Hace cuarenta años, desde el retorno de la democracia, el partido militar estuvo ausente de la arena política. También fue juzgado y diezmado por la memoria de nobles heroínas como las madres y abuelas de Plaza de Mayo.

Villarruel encarna la antítesis objetiva de la construcción política y democrática de la noción de víctimas: militantes, obreros, intelectuales, madres e hijas, desaparecidos y asesinados por el Estado nacional desde 1976. La nueva vicepresidenta se asume como la hija abanderada de la década de los setenta, transformada en 2006 en víctima de los juicios del kirchnerismo.

Su proyecto económico es el de Milei y el del ministro de Economía de Menem, Domingo Cavallo. Es el mismo proyecto que compartieron Martínez de Hoz, cerebro de la apertura económica bajo el mando de Videla, y Bernardino Rivadavia, presidente que en 1824 endeudó la nación por ochenta años con el Reino Unido. Las ideas liberales son compartidas por la oligarquía nacional desde la fundación de la República y siempre han gozado del firme respaldo de las fuerzas militares.

El debate feminista

Hay quienes creen que el triunfo de Milei-Villarruel se explica como una reacción a la “década ganada” de Chávez, Lula, Evo y Néstor, y más concretamente como una respuesta negativa ante la avanzada feminista. Aunque probablemente el enojo generalizado se acondicione con la filosofía ultraconservadora de agitadores como Agustín Laje, el ascenso político de la extrema derecha en Argentina debe buscarse en las ausencias y no en los triunfos de la política estatal. Así lo argumenta la exlegisladora feminista y líder juvenil Ofelia Fernández, quien pone el acento de la crisis política en las deudas del Estado precedido por un Alberto Fernández en vacancia permanente.

El movimiento feminista es querellante en esa larga historia de pugnas entre las oligarquías militaristas y las demandas sociales. Fue el caso de la Ley del voto femenino impulsada por Eva Duarte de Perón, pasando por la lucha de las madres y abuelas de Plaza de Mayo, y la lucha de las militantes sobrevivientes a la dictadura, quienes denunciaron que el ejercicio de la tortura respondió a la construcción de un rol inhumano de masculinidad dominante.

La ola verde expresó la síntesis de todas esas vanguardias victoriosas y se torna amenazante en momentos antidemocráticos, porque las calles de la Argentina le recuerdan a las y los opresores de ayer y de hoy que los sables no resisten a los pañuelos.