¿Veeduría ciudadana o exigir que Roma se construya en un día?

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Celebración del Pacto Histórico por el triunfo de Gustavo Petro y Francia Márquez el pasado 19 de junio. Foto Colombia Humana

Cuando un gobierno llamado de izquierda o progresista asciende al poder, la ciudadanía exige con ahínco el cumplimiento de las propuestas. Sin embargo, esta actitud solo resalta con esplendor cuando el gobierno elegido es de tendencia progresista y no de derecha. ¿Cuál es la razón de esta diferencia?

Sharon Barón – Revista Hekatombe

Después de que se conocieran los resultados de las elecciones presidenciales en Colombia, en las redes sociales no solo hubo publicaciones a favor o en contra de los resultados, sino que también resaltaron un tipo especial de publicaciones novedosas: aquellas que insisten en que después de la victoria del Pacto Histórico lo que queda es un gran compromiso con la veeduría. Es decir, un gran número de ciudadanos hicieron público su compromiso con tener los ojos encima del gobierno entrante, analizarlo con mirada crítica y exigir el cumplimiento de las propuestas.

Afirmo que estas publicaciones son novedosas porque después de la victoria de los anteriores gobiernos no se presentó tanta insistencia por parte de los ciudadanos afines en la necesidad de una veeduría crítica. Esto es característico en Latinoamérica: cuando un gobierno llamado de izquierda o progresista asciende al poder, la ciudadanía exige con ahínco el cumplimiento de las propuestas.

Esta no es una actitud negativa. Al contrario, es la actitud que todos los ciudadanos deberíamos tener en sociedades democráticas, pues hacer un seguimiento estricto y juicioso de nuestros representantes es lo que hace de la ciudadanía un ejercicio activo y no pasivo. Sin embargo, llama la atención que esta actitud sólo resalte con esplendor cuando el gobierno elegido es de tendencia progresista y no neoliberal o de derecha. ¿Cuál es la razón de esta diferencia?

Ruptura

La primera razón que puede explicar esta tendencia es que con los gobiernos progresistas lo que triunfan son las propuestas de transformación, en un continente en el cual la alternancia del poder no ha sido posible, porque los líderes de izquierda que ascienden al poder son una extraña excepción si se visualizan desde la historia de cada país.

Es decir, lo común al analizar las propuestas políticas de los dirigentes en Latinoamérica es que en su grandísima mayoría son compatibles con posiciones de derecha y sus propuestas económicas tienden hacia el neoliberalismo (al menos ha sido así desde finales del siglo pasado).

En Colombia, por ejemplo, Gustavo Petro se ha convertido en el primer presidente de la historia del país cuyas posturas políticas tiendan más hacia la izquierda. En este sentido, él al igual que los demás gobiernos progresistas en Latinoamérica representan una ruptura con el estado actual de las cosas.

¿Qué implicaciones tiene esta ruptura? En primer lugar, que las expectativas sean demasiado altas, pues por primera vez los que no han sido escuchados sienten que alguien los representa. En segundo lugar, que los defensores del status quo aúnen esfuerzos para recuperar el poder y así imposibilitar los cambios con los cuales no concuerdan. En tercer lugar, que los medios de comunicación afines con el Establecimiento (esto es característico de los medios masivos de comunicación) exageren y enfaticen en los errores del gobierno, mientras invisibilizan o tratan como nimiedades los logros alcanzados en materia social y económica. Estas han sido las tendencias en los países en los cuales han llegado al poder gobiernos alternativos.

Teun Van Dijk, uno de los lingüistas más importantes en la contemporaneidad, insiste en la relevancia del análisis de los discursos desde una perspectiva del poder, justamente porque los medios usan el lenguaje para construir percepciones. Lo que se dice y lo que no se dice responde a intereses de clase, pues los medios masivos son propiedad de las clases más favorecidas quienes suelen ser defensoras del status quo.

Las reformas estructurales

Teniendo en cuenta lo anterior, este escrito pretende ser una invitación para que los ciudadanos, sin renunciar a nuestro papel activo como veedores y sin dejar de exigir al gobierno entrante que cumpla con lo prometido, tengamos cuidado, pues podemos caer en el juego de poder que ha llevado a que el progresismo en otros países sea una realidad de un gobierno y luego los cambios prometidos se estanquen, ya que el siguiente gobierno vuelve a ser de derecha.

¿En qué consiste este juego? En primer lugar, consiste en no tener la capacidad de diferenciar entre los distintos poderes y, por lo tanto, exigir al presidente que haga lo que no puede hacer. El presidente pertenece a la rama ejecutiva, mas no a la legislativa. Por lo tanto, el presidente puede formular proyectos de ley, pero no está en sus manos la aprobación de dichos proyectos.

Por ese motivo, durante la campaña del Pacto Histórico fue muy importante la insistencia en que las elecciones para Senado y Cámara eran tan relevantes como las presidenciales, ya que sin una mayoría afín los proyectos de ley se iban a quedar en eso: en proyectos o propuestas.

En segundo lugar, este juego también consiste en exigir que los cambios prometidos se vean ya, en el corto plazo. La realidad es que Roma no se construyó en un día. Así mismo, los cambios de un país, especialmente cuando son cambios estructurales (la política ambiental, el funcionamiento del sistema tributario, las prioridades de los Estados, la política social, entre otros), no pueden ocurrir de la noche a la mañana sin que esto produzca crisis económicas.

Las transformaciones estructurales requieren una implementación paulatina. Por lo cual, esperar que un gobierno en cuatro años cambie la forma como el país ha funcionado en toda su historia no es solo utópico e ingenuo, sino injusto, puesto que exige más de lo que es posible. Para que estas transformaciones sean posibles se necesita iniciar el proceso de cambio y sostenerlo en el tiempo, lo cual sólo es posible si después de Petro sigue un gobierno afín con sus posturas políticas.

Pilas con la sobreexigencia

Por las razones anteriormente expuestas, se concluye que el camino que debemos transitar no consiste en sobreexigir al gobierno entrante, sino exigir en las justas proporciones y con la sensatez comandando nuestras críticas. Hay que reconocer las limitaciones y posibilidades con las que cuenta el gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez para cumplir con lo prometido.

En este sentido, hay que tener la capacidad crítica para centrarse en lo que no se puede hacer porque él no quiere cumplir y lo que no se puede hacer porque el legislativo se lo impide. La sobreexigencia, es decir, una exigencia irracional y que no tiene en consideración el funcionamiento del poder, puede llevar a que en cuatro años -en gran medida por la manipulación mediática- las personas concluyan que el gobierno no hizo nada, así como llegaron a esa conclusión culminada la alcaldía de Gustavo Petro en Bogotá y así como han llegado a esa conclusión en otros países latinoamericanos.

Esta sobreexigencia que no se lleva a cabo en los gobiernos tradicionales y sí en los alternativos ha sido la causa del estancamiento de un proceso de transformación, que no sólo necesitamos, sino que ahora, con los resultados electorales, sabemos que queremos.