Una biografía Sobre Federico Engels

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Ilustración Engels

Una biografía que trata de compendiar las aportaciones más importantes del pensador alemán a disciplinas tan dispares como la sociología, la economía política, la ecología o la guerra

María Ayete – Mundo Obrero

He estado tentada de titular esta reseña “Engels, el primer marxista” o, todavía mejor, “Sin Engels, ni Marx ni marxismo”. Finalmente, se habrán dado cuenta, he optado por algo menos ingenioso, que no menos apropiado. Sí, apropiado. ¿Por qué? Primero, porque esto hoy va de Engels y, segundo, porque esto hoy va de Engels y no de Engels y de Marx, o de Engels y el marxismo.

Lo dice estupendamente bien Michael Krätke en su biografía que sobre Engels tradujo el año pasado Ángel Ferrero para la editorial catalana Bellaterra: siempre que se habla de Engels se habla de Marx, pero, ay, qué pocas veces pasa en la dirección opuesta. Tampoco yo voy a ir en la dirección opuesta. Mi objetivo es otro. Más radical, si se quiere: hablar de Engels sin ni siquiera nombrar a Marx, aunque -es cierto- ya lo esté nombrando. Corramos un tupido velo.

El burgués

Friedrich Engels. El burgués que inventó el marxismo no es una biografía al uso. Quiero decir que no es un texto centrado en los episodios más relevantes o anecdóticos de la vida de Engels. Es, al contrario, una biografía que trata de compendiar las aportaciones más importantes del pensador alemán a disciplinas tan dispares como la sociología, la economía política, la ecología o la guerra y subrayar lo peculiar de su condición: socialista radical con levita, corbata y sombrero de copa, hijo mayor de empresario de éxito en la industria textil. Formado para continuar la estela de su progenitor y sin estudios universitarios.

Es un Engels sin duda joven el que ya se da cuenta de la importancia de los hechos económicos como fuerza histórica fundamental en el mundo moderno, como pilar constituyente del antagonismo de clase.

La importancia capital de este hallazgo para la economía política es obvia, así como lo es otra de sus grandes iluminaciones: que el capital es una relación, el resultado de una ruptura o división del trabajo.

La situación

Punto y aparte merece La situación de la clase obrera en Inglaterra, un ensayo que Krätke no duda en calificar como “clásico de la sociología urbana”. Clásico o no, lo que es un hecho es que en él se describen por primera vez las condiciones de vida y de trabajo de los obreros y se realiza un análisis de las relaciones entre urbanismo y segregación. El gran resultado de la victoria de la fábrica sobre el taller es, para el joven Engels, uno: la aparición de una nueva clase, el proletariado moderno extenuado por jornadas laborales de 12 horas sin días libres frente a la clase propietaria de terratenientes y capitalistas.

Esta nueva clase social es libre (¡hurra!), pero al mismo tiempo no lo es: solo hace falta quedarse sin trabajo para corroborarlo (¿les suena?). Es sencillo: mantienes tu libertad personal, pero no tienes más remedio que buscar a quien compre tu fuerza de trabajo (tu vida).

Amistades y chascarrillos

Pero Engels dice muchísimas cosas más. En La revolución de la ciencia del señor Eugen Dühring (el Anti-Dühring) señala, por ejemplo, el punto nodal de la crítica al capitalismo marxista clásico: que nada es natural en la dinámica capitalista, aunque así nos lo parezca, y que, por lo tanto, tampoco son naturales las leyes económicas que gobiernan dicha dinámica, mientras que en El desarrollo del socialismo de utopía a ciencia subraya la expansión constante como raíz de ser y forma de vida del capitalismo. Que las condiciones materiales determinan social e históricamente todo descubrimiento científico en la medida en que determinan las condiciones del trabajo científico también se lo debemos a él.

Me despido, entonces, animando a todo aquel que desee seguir buceando en la interdisciplinariedad del pensamiento de Engels a acercarse a la obra de Krätke, una biografía que antepone las contribuciones intelectuales del alemán a amistades y chascarrillos.