“Un pueblo entero”

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José R. Llanos

En un país donde su clase dirigente, desde el siglo de su emancipación hasta hoy, por ambición de poder organizó más de 20 guerras civiles, que hizo tránsito del siglo XIX al XX en un feral conflicto bélico y además en los años 40 del siglo anterior, aún las sesiones del parlamento las terminaba a balazos y asesinatos, debió haber aprendido que esas contiendas necesariamente se terminan con diálogos y amnistías.

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Más aun, la llamada Guerra de los Mil Días terminó firmando la paz en un navío de las fuerzas navales de los Estados Unidos, país que menos de dos años después le arrebataría parte de su territorio. Sin embargo, como la extrema derecha ignora su propia historia, se requieren acciones excepcionales para superar este conflicto cruento que asola al país ha más de 50 años.

José Martí, intelectual y combatiente señero de América, caracterizaba a los hombres imprescindibles en momentos decisivos, así: “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana.”

Tenemos plenamente identificados a esos gobernantes que no conocen el decoro, es más: son los que inflaman la contienda. Entonces, los prohombres de estatura moral y política martiana, valientes, deben enarbolar las banderas de la paz.

La actual situación política y social de Colombia exige la acción de colombianos de esa estatura moral y política. La Patria necesita en estos momentos gobernantes valientes capaces de permanecer en la Mesa de La Habana, dialogando para transformar las numerosas propuestas de las FARC-EP y de la población en general en consensos que viabilicen el sendero que conduzca a una paz fundamentada en la equidad, en instituciones que propicien una real democracia, una redistribución de la riqueza y procesos políticos que garanticen la pureza de los eventos en que se eligen los cuerpos colegiados y el presidente de la república.

No es la hora de los políticos que esconden su cobardía y mezquindad tras la estridencia de su verborrea. Los azuzadores de la guerra, los beneficiarios de la guerra, los latifundistas y muchos ganaderos son los responsables de los desastres materiales y las miles de vidas perdidas en esta guerra

Es la hora de los hornos. Las cartas están sobre la mesa. Los hombres que se fueron a la guerra para defender su dignidad, evitar su aniquilamiento por tropas azuzadas y armadas por el imperialismo estadounidense con el pretexto de combatir el comunismo y negar sus banderas de lucha social, en varias misivas, la última firmada por el comandante Timoleón Jiménez dirigida al presidente de la nación, reiteran su voluntad de paz, plantean nuevas formas para garantizar el éxito de la Mesa de La Habana y le piden al mandatario Juan Manuel Santos que conjuntamente salven el proceso.

Llegó el momento de las definiciones, o el gobierno efectivamente está en manos del presidente Juan Manuel Santos y lo ejerce en beneficio de los altos intereses de Colombia y dialoga decididamente para construir la paz en la Isla de la Libertad, o es un simple instrumento de los militaristas que le imponen la guerra en contra de las necesidades de la inmensa mayoría de la nación y de las grandes expectativas y apoyo de las Naciones Unidas, del ALBA, Unasur, Celac y los gobiernos de Europa.

Es el momento de actuar con valor puesta la mira en el futuro promisorio de la patria, para trazar senderos que nos alejen del fragor del conflicto social armado que ha diezmado la riqueza nacional y ha sacrificado significativas vidas de varias generaciones de compatriotas. La patria tan invocada por algunos dirigentes para tapar sus fechorías, es necesario tenerla como punto de mira y fundamento para dinamizar las acciones defensoras del proceso de paz tan cuestionado y atacado por la extrema derecha, especialmente los latifundistas y ganaderos.

La nación entera le exige al presidente Juan Manuel Santos llenarse de valor y frentear a la derecha para evitar que dé al traste con los diálogos de La Habana. En esta decisión lo acompaña “el decoro de un pueblo entero”, el nuestro. Dejemos al ex presidente y sus secuaces en el puro centro de la escoria. Aunque lo fundamental será la movilización popular y social, la misma que hoy se levanta en todos los rincones del país y que se movilizará el próximo 9 de abril en una gran marcha por la paz.