Tiroteos en EE.UU., disparos que se escuchan en todo el mundo

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Escena de rescate tras la matanza en Uvalde, Texas

Las armas de fuego siguen siendo un símbolo nacional. El discurso oficial sobre el patriotismo siempre incluye un elogio a la idea de las armas como instrumento de defensa

Ricardo Arenales

Tan estadounidenses como el pastel de manzana resultan hoy los tiroteos en escuelas, centros comerciales, actos públicos y otro tipo de reuniones que los ciudadanos realizan en su cotidianidad. Según el Archivo de Violencia Armada de los Estados Unidos, en lo corrido del presente año (hasta el mes de julio) se ha producido 315 tiroteos en todo el territorio de la nación, con elevado saldo de víctimas fatales y heridos.

Entre los avatares de la cotidianidad y en la memoria colectiva se va perdiendo el registro de los nombres de los lugares en los que ha actuado un pistolero, en la mayoría de los casos un muchacho joven, blanco, con algún nivel de desadaptación o de resentimiento social, en no pocas ocasiones motivado por sentimientos racistas.

En la lista sobresalen sin embargo dos nombres: el de Highland Park, un suburbio de Chicago, donde Robert Crimo III, un muchacho de 21 años, disparó contra el desfile del 4 de Julio, conmemorativo de la independencia de Estados Unidos. Al término de la agresión quedó un saldo de seis muertos y 30 heridos; las víctimas tenían entre ocho y 85 años de edad.

Masculinidad tóxica

El otro evento violento se presentó en una escuela de Uvalde, Texas, que costó la vida a 19 niños y a dos profesores. Pocos días antes, otro tirador entró a un supermercado en Buffalo, Nueva York, y asesinó a diez personas.

“Este tipo de tiroteos masivos dejan a todos vulnerables, sin importar su edad; desde un infante hasta la persona más experimentada de esta nación queda vulnerable. Y cuando no puedes llevar a un familiar a un desfile, no puedes ir al supermercado, tus bebés no están seguros en las escuelas y otros incidentes de los últimos 20 años en este país, tenemos un problema”, señala Nina Turner, exsenadora y copresidenta de la campaña presidencial de Bernie Sanders 2020.

“Los tiroteos masivos en los Estados Unidos se deben en parte al racismo, el sexismo y la ‘masculinidad tóxica’ que equipara la posesión de armas con la masculinidad. Nos hemos negado a lidiar con un pasado violento y un presente violento en Estados Unidos de América”, precisó Turner.

Acumulación militarizada 

No sorprende la cotidianidad de estas atrocidades si se mira en el contexto del elevadísimo armamentismo civil, el mayor del mundo, con cerca de 1,2 armas de fuego por habitante. Estados Unidos es el país más belicoso y violento, tanto adentro como afuera de sus fronteras. El que más guerras ha emprendido en su historia, el que mantiene el mayor número de tropas y de bases militares fuera de su territorio y el que encabeza, con enorme ventaja, las cifras mundiales de gasto en armamentismo.

La industria armamentista norteamericana es enorme. El presupuesto militar es de un billón de dólares. Grandes sumas se invierten en armamentos, tanto de alta tecnología como rifles y artillería de baja tecnología. Incluso empresas como Facebook y Amazon proporcionan servicios clave a los militares, algo que el analista William I. Robinson llama “acumulación militarizada”.

Las armas de fuego siguen siendo un símbolo nacional. El discurso oficial sobre el patriotismo, siempre incluye un elogio a la idea de las armas como instrumento de defensa. La propaganda oficial introduce en la mente de los ciudadanos esa idea de defensa en dos direcciones: la defensa de sus hogares y la defensa de la nación frente a un ‘enemigo externo’, cualquiera que sea.

Elogio del francotirador

Al lado del militarismo y las masacres, se siembra la idea de una cultura de la crueldad. Basta, como ejemplo, mostrar el papel del cine y de algunas expresiones de la música y la literatura. En la película Francotirador, Chris Kyle glorifica a un maniático asesino que se ufana de haber dado muerte a 255 personas, muchos de ellos civiles, en guerras mercenarias ejecutadas por su gobierno.

Actores ‘guapos’ como Richard Gere y Ridley Scott, que protagoniza el sangriento rescate de una tripulación norteamericana derribada en Somalia en 1993, dan cuenta de ese ‘heroísmo’ esbirro. El más sonado y taquillero espectáculo, en las últimas semanas, lo protagoniza Tom Cruise, el héroe de Top Gun: Maverick, un elogio de las acciones armadas audaces de agresión en otras naciones, basadas en grupos paramilitares.

La acción de francotiradores individuales en escenarios urbanos de Estados Unidos, tiene, pues, un contexto complejo que debe ser mirado con detenimiento. La violencia de este género está anclada en la historia de las fuerzas policiales norteamericanas, otro factor a tener en cuenta. La violencia en los tiroteos no se puede ver aisladamente. Es producto de las características del funcionamiento del capitalismo estadounidense y de una cultura popular que la acoge.

Tom Cruise en Top Gun glorifica al soldado mercenario y el culto a las armas

Otras violencias

La violencia armada incluye también a la policía militarizada, racista, el crecimiento de las milicias de extrema derecha (las que participaron en la toma del Capitolio bajo la administración Trump), la violencia armada contra las mujeres, y la glorificación de la violencia armada y la guerra desde las redes sociales. Según activistas antifascistas, las milicias de derecha han matado a 329 personas desde 1990.

Otra faceta de este panorama es que el 54 por ciento de todas las muertes causadas por armas de fuego obedecen a suicidios. Y los que se suicidan son principalmente hombres y jóvenes. En la violencia por la acción de las armas debería tomarse en cuenta la que se ejerce en la frontera con México contra la población migrante. En lo que va corrido del presente año, 500 migrantes han resultado muertos por acción de las fuerzas policías solamente en la zona de frontera, reconocen las propias autoridades del país del norte.

Prohibición total

Las matanzas en Estados Unidos han provocado un debate nacional en el que numerosos sectores y hasta el propio presidente Biden -al menos de manera retórica-, llaman al control de las armas de fuego, a promulgar medidas serias que limiten su venta libre sin mayores requisitos. Esta opinión se asocia a la de sectores que creen que el país marcha por un camino equivocado, e incluso, que en pocos años podría verse inmerso en una guerra civil.

De acuerdo a una encuesta de julio de la firma especializada Gallup, el 74 por ciento de los norteamericanos piensa que el país va en una dirección equivocada, y un 87 por ciento declara estar insatisfecho por la forma en que van las cosas.

El derecho a portar armas, que sigue siendo legal en Estados Unidos, con protección constitucional, riñe con los intentos de democratizar la sociedad, que contemplan otras enmiendas de la carta magna. Los movimientos de base tienen la palabra. Las armas de asalto deben ser prohibidas totalmente.