Sobre la concepción materialista de la historia

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Karl Marx

Reproducimos fragmentos de una carta enviada por Karl Marx en 1877 al director de la revista rusa Otiechéstvennie Zapiski, aludiendo al debate causado por su obra El Capital entre los revolucionarios rusos, a propósito del camino que debía seguir un país atrasado y rural

Karl Marx

Las líneas que a continuación encontrarán, tienen un doble valor: por un lado, aportan luces sobre la concepción materialista de la historia, la cual está muy alejada del mecanicismo que hoy muchos intelectuales le quieren achacar a Marx, pues este señala que lo esbozado en su obra culmen no puede constituirse en un rígido marco conceptual impuesto a toda sociedad, sin importar las circunstancias históricas en cada una de estas; por otro lado, aportan luces a un debate que se ha abierto paso a propósito de las afirmaciones en el sentido de que Colombia no es una sociedad capitalista.
Carta de Marx Al director de Otiechéstvennie Zapiski1

I

El autor del artículo Karl Marx ante el Tribunal del señor Zhukovsky es evidentemente una persona inteligente y si, en mi exposición sobre la acumulación primitiva, hubiese encontrado un sólo pasaje en apoyo de sus conclusiones, lo hubiese citado. En ausencia de tal pasaje, se encuentra obligado a recurrir […] a una especie de polémica contra [el escritor ruso Herzen], publicada en el apéndice a la primera edición alemana de El Capital.

¿Cuál es mi queja en ese lugar contra ese escritor? Que descubrió la comuna rusa, no en Rusia, sino en el libro escrito por Haxthausen, consejero de estado prusiano, y que en sus manos la comuna rusa sólo sirve de argumento para probar que la vieja y podrida Europa será regenerada por la victoria del paneslavismo. Mi juicio acerca de ese escritor puede ser correcto o falso, pero de modo alguno puede constituir una clave de mis opiniones sobre los esfuerzos «de los rusos para hallar para su país una vía de desarrollo que será diferente de la que transitó y sigue transitando la Europa Occidental».

En el apéndice a la segunda edición alemana de El Capital […] hablo de «un gran crítico y estudioso ruso» con la alta consideración que merece. En sus notables artículos, este escritor ha tratado la cuestión de si Rusia, como lo sostienen sus economistas liberales, debe empezar por destruir la comuna rural para pasar al régimen capitalista, o si, por el contrario, puede –sin experimentar las torturas de este régimen- apropiarse de todos sus frutos dando desarrollo a sus propias condiciones históricas. Dicho escritor se pronuncia en favor de esta última solución […].

Para terminar, puesto que no me gusta dejar nada que deba adivinarse, iré derecho al grano. Para poder estar autorizado a estimar el desarrollo económico actual de Rusia, estudié el ruso y luego estudié durante muchos años las publicaciones oficiales y otras vinculadas a este asunto. Llegué a esta conclusión: si Rusia sigue por el camino que ha seguido desde 1861, perderá la mejor oportunidad que le haya ofrecido jamás la historia a una nación de evitar el desarrollo capitalista.

II

El capítulo sobre la acumulación primitiva no pretende más que trazar el camino por el cual surgió el orden económico capitalista, en Europa Occidental, del seno del régimen económico feudal. Por ello describe el movimiento histórico que, al divorciar a los productores de sus medios de producción, los convierte en asalariados […], al tiempo que convierte en capitalistas a quienes poseen los medios de producción.

En esa historia hacen época todas las revoluciones que sirven de palanca al avance de la clase capitalista en formación; y sobre todo las que, después de despojar a grandes masas de hombres de sus medios tradicionales de producción y subsistencia, las arroja súbitamente al mercado del trabajo. Pero la base de todo este desarrollo es la expropiación de los cultivadores.

«Esto sólo se ha cumplido radicalmente en Inglaterra…pero todos los países del Occidente Europeo están yendo por el mismo camino» (El Capital, edición francesa, 1879, p. 315). Al final del capítulo se resume de esta manera la tendencia histórica de la producción: que ella misma engendra su propia negación con la inexorabilidad que preside las metamorfosis de la naturaleza; que ella misma ha creado los elementos de un nuevo orden económico al darle de inmediato el mayor impulso a las fuerzas de producción del trabajo social y al desenvolvimiento integral de cada uno de los productores; que la propiedad capitalista, al fundarse como ya lo hace en realidad, sobre una forma de la producción colectiva, no puede hacer otra cosa que transformarse en propiedad social. En este punto no he aportado ninguna prueba, por la simple razón de que esta afirmación no es más que el breve resumen de largos desarrollos dados anteriormente en los capítulos que tratan de la producción capitalista.

Ahora bien, ¿Qué aplicación a Rusia puede hacer mi crítico de este bosquejo histórico? Únicamente esta: si Rusia tiende a transformarse en una nación capitalista a ejemplo de los países de la Europa Occidental […] no lo logrará sin transformar primero en proletarios a una buena parte de sus campesinos; y en consecuencia, una vez llegada al corazón del régimen capitalista, experimentará sus despiadadas leyes, como las experimentaron otros pueblos profanos.

Eso es todo. Pero no lo es para mi crítico. Se siente obligado a metamorfosear mi esbozo histórico de la génesis del capitalismo en el Occidente europeo en una teoría histórico-filosófica de la marcha general que el destino le impone a todo pueblo, cualesquiera sean las circunstancias históricas en que se encuentre, a fin de que pueda terminar por llegar a la forma de la economía que le asegure, junto con la mayor expansión de las potencias productivas del trabajo social, el desarrollo más completo del hombre. Pero le pido a mi crítico que me dispense. (Me honra y me avergüenza a la vez demasiado). Tomemos un ejemplo.

En diversos pasajes de El Capital aludo al destino que les cupo a los plebeyos de la antigua Roma. En su origen habían sido campesinos libres, cultivando cada cual su propia fracción de tierra. En el curso de la historia romana fueron expropiados. El mismo movimiento que los divorció de sus medios de producción y subsistencia trajo consigo la formación, no sólo de la gran propiedad agraria, sino también del gran capital financiero.

Y así fue que una linda mañana se encontraron con que, por una parte, había hombres libres despojados de todo a excepción de su fuerza de trabajo, y por la otra, para que explotasen este trabajo, quienes poseían toda la riqueza adquirida. ¿Qué ocurrió? Los proletarios romanos se transformaron, no en trabajadores asalariados, sino en una muchedumbre de desocupados más abyectos que los «pobres blancos» que hubo en el sur de los Estados Unidos, y junto con ello se desarrolló un modo de producción que no era capitalista, sino que dependía de la esclavitud.

Así, pues, sucesos notablemente análogos pero que tienen lugar en medios históricos diferentes conducen a resultados totalmente distintos. Estudiando por separado cada una de estas formas de evolución y comparándolas luego, se puede encontrar fácilmente la clave de este fenómeno, pero nunca se llegará a ello mediante el pasaporte universal de una teoría histórico-filosófica general cuya suprema virtud consiste en ser supra-histórica.

1 Fuente: Karl Marx & Friedrich Engels Correspondencia. Digitalizada en Marxists.org.