La guerra y el calentamiento global

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El conflicto en Ucrania ha servido de pretexto para desfinanciar los programas de lucha contra el cambio climático

Debido al conflicto militar y a la falta del suministro del gas de Rusia, Europa deberá desviar inversiones hacia otras energías fósiles con un potencial de calentamiento global mucho más elevado. Unos fondos que, de otro modo, se podrían destinar a energías renovables y políticas verdes

Ricardo Arenales 

La guerra en Ucrania ha venido como anillo al dedo para que los países industrializados reduzcan en grado superlativo las inversiones que tenían previstas en la lucha contra el cambio climático, abandonen sus obligaciones en esta materia, e incluso experimenten retrocesos en la reducción de gases de efecto invernadero, GEI.

A finales del 2020 el virus del covid-19 se expandió a escala mundial provocando millones de muertes y paralizando la economía, la movilidad y el comercio internacional.

Esta “paralización” mundial dio lugar a una reducción global de las emisiones GEI, pero también generó un estancamiento de los avances políticos y del sector privado en materia de acción climática. Algunos encuentros internacionales decisivos para la lucha contra el cambio climático, como la COP26, tuvieron que posponerse debido a la situación de emergencia sanitaria.

Planes estancados

Debido a la crisis económica, las empresas parecían tener la excusa perfecta para dejar a un lado sus Planes de Sostenibilidad o de Reducción de emisiones. Los avances en materia de acción climática quedaron estancados.

El conflicto en Ucrania ha hecho que se repita una situación similar. O mejor, que se profundice la tendencia ya iniciada con motivo de la lucha contra la pandemia en los casi tres años anteriores. Debido a este conflicto militar y a falta del suministro del gas de Rusia, Europa deberá desviar inversiones hacia otras energías fósiles con un potencial de calentamiento global mucho más elevado. Unos fondos que, de otro modo, se podrían destinar a energías renovables y políticas verdes.

El cierre de los gasoductos derivará en un mayor consumo de carbón y petróleo. Con este cambio en el suministro energético de Europa, podría ser imposible cumplir con los objetivos de descarbonización recogidos en la Agenda 2030 y el Fit for 55.

Los combustibles fósiles

Para lograr reducir un 55% el nivel global de las emisiones a la atmósfera para 2030 es necesario reducir de manera sustancial el consumo de combustibles fósiles. De hecho, uno de los debates que debían cerrarse en las próximas Conferencias de las Naciones Unidas por el cambio climático iba a ser la prohibición total de los mismos.

Algo que será imposible de conseguir si este conflicto se alarga en el tiempo. La transición hacia una sociedad cero emisiones podría quedar completamente paralizada. Por otra parte, también hay que tener en cuenta que, al estar en medio de un conflicto bélico, probablemente Rusia no será capaz de cumplir con los objetivos de descarbonización definidos durante la última COP26. Este planteamiento es válido para las demás potencias industrializadas.

Estados Unidos y la Unión Europea, durante la conferencia sobre cambio climático COP26, a finales del año pasado en Glasgow, se comprometieron a una estrategia de emisiones cero de gases de efecto invernadero, para limitar el calentamiento global.

Los jefes de Estado y de gobierno de Europa, y no pocos países de América Latina, repitieron en coro: “emisiones cero”. Hagamos las cosas de acuerdo con la ciencia, dijo en ese momento el mandatario norteamericano Joe Biden. Pero una cosa es lo que se predica y otra lo que se aplica.

¿Se lograrán las metas?

Una de las conclusiones más notables del reciente informe del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático, IPCC AR6 2021, es que, para limitar el aumento de temperatura a 1,5°C, con al menos un 67% de probabilidad, es necesario limitar las emisiones globales a 400 giga-toneladas durante el período 2021-2100.

Los países industrializados, con el 17% de la población mundial, son responsables por el 70% del calentamiento global acumulado entre 1900 y el 2020. Están en la obligación de contribuir con el 70% de los costos para superar esta amenaza planetaria.

La contribución al calentamiento global acumulada desde 1900 hasta 2020 sólo por Estados Unidos supera la de China, India, África y América Latina juntos. Lo mismo ocurre con la Unión Europea.

Solo palabras

Janet Yellen, secretaria del Tesoro de los Estados Unidos, equivalente a un ministro de Economía, declaró que el costo de la reconstrucción energética mundial, necesaria para alcanzar el objetivo de 1,5°C, se estima en 150 billones de dólares en los próximos 30 años, un promedio de cinco billones por año. A los países industrializados les corresponde aportar el 70%, en proporción con su contribución al problema, 3,5 billones por año durante al menos 30 años consecutivos.

Mientras Yellen hacía su anuncio en la COP-26, los países industrializados continuaban resistiéndose a cumplir con su compromiso, de hace 12 años, de aportar apenas 0,1 billón por año (100.000 millones/año), apenas el 5% de lo que les corresponde. En estas condiciones, las metas propuestas para alcanzar la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero y del calentamiento global parece postergarse por el momento de manera indefinida.

Además, los alimentos

Voceros de los programas de asistencia social de las Naciones Unidas, han insistido de nuevo en que la inminencia de una crisis alimentaria de proporciones globales, va de la mano con el aumento de las tensiones por la guerra en Ucrania, la crisis climática y el abandono de los gobiernos de los programas sociales.

El director del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, David Beasley, advirtió la semana pasada que el conflicto entre Rusia y Ucrania ha provocado muy aumento de los precios de los alimentos a nivel mundial, lo que podría generar problemas políticos y sociales en los países pobres, golpeados por la interrupción de suministros alimenticios.

“Nos faltan miles de millones (de dólares), comentó el representante de la ONU, advirtiendo que los líderes europeos deberían donar más fondos a la organización. “Si no se proporciona este año unos cuantos miles de millones de dólares adicionales, habrá hambruna, desestabilización y migraciones masivas. Si creen que hay un infierno en la tierra, prepárense”, vaticinó Beasley.