Según Santos, la pequeña burguesía vive en el paraíso

0
La pobreza multidimensional como la llaman ahora y la extrema son una patética realidad en las ciudades y en el campo.

Mientras el Gobierno sostiene que somos campeones en América Latina en superar la pobreza, la tragedia social demuestra lo contrario. Colombia tiene su propia troika que le impone modelos y medidas antipopulares

La pobreza multidimensional como la llaman ahora y la extrema son una patética realidad en las ciudades y en el campo.
La pobreza multidimensional como la llaman ahora y la extrema son una patética realidad en las ciudades y en el campo.

Carlos A. Lozano Guillén

La semana pasada se conoció el informe del Departamento Nacional de Estadística (DANE), que asegura que la pobreza disminuyó el año pasado a 27,8 por ciento en el país, menos que la media regional que es del 28.1 por ciento, según la Cepal. La fantástica revelación oficial llevó al presidente Santos a decir que “seguimos siendo campeones en América Latina en disminución de la pobreza y en avances de la reducción de la desigualdad”. Más alegre, aún, aseveró que el 70 por ciento es de “clase media”. En consecuencia, según el mandatario, deberá acreditar sus programas a esta nueva realidad. Como quien dice: gobernar para la petite bourgeoisie que vive en una especie de “paraíso terrenal”.

La línea de pobreza monetaria el año pasado se estableció en $223.638, equivalente al costo de la canasta familiar (bienes). El informe sustenta sus conclusiones en que un hogar de cuatro personas con ingresos de $894,552 mensuales es considerado pobre. Si se trata de áreas urbanas sería de $985.344 mensuales en promedio y en las áreas rurales están en pobreza monetaria los que tengan ingresos, en promedio, de $591.008 mensuales. La línea de la pobreza extrema está por debajo de $102.109 de ingresos mensuales y se corresponde al 7.9 por ciento de la población en 2015. Una de cada 12 personas está en pobreza extrema.

Pobreza multidimensional

La pobreza multidimensional (condiciones educativas del hogar, condiciones de la niñez y la juventud, salud, trabajo y acceso a los servicios públicos domiciliarios y vivienda, factores que la componen), fue del 20.2 por ciento, según la fuente gubernamental. Áreas urbanas, en promedio, 14.4 por ciento y en áreas rurales del 40 por ciento. Hay enorme distancia entre la pobreza multidimensional en las ciudades y en las áreas rurales. Sin embargo, para el presidente Santos disminuyó el doble en las áreas rurales con relación a las ciudades.

En números, 700.000 personas habrían salido de la pobreza multidimensional entre 2014-2015 y en el mismo periodo salieron 24.000 personas de la pobreza extrema. En el último lustro 4.1 millones de personas salieron de la pobreza multidimensional. Respaldan sus cuentas alegres con el comportamiento del coeficiente de Gini que de 0.538 en 2014 se redujo a 0.522 en 2015, es decir, en 0.016 es menor la desigualdad. Es dable recordar, que el coeficiente de Gini, de una manera sencilla, es el que mide la desigualdad en los ingresos. También puede medir otros factores de desigualdad.

Cifras alegres

Estas cuentas alegres, distantes de la realidad, propias de un gobierno demagógico, llevaron a decir a economistas, académicos y medios burgueses, que el “país va mal, pero la gente va bien”, galimatías con el que pretenden avalar las políticas gubernamentales y el modelo extractivista, privatizador y del libre mercado neoliberal y capitalista.

La antesala del informe del DANE y de la explicación pública que hizo del mismo el presidente Juan Manuel Santos, fueron las entrevistas divulgadas por varios medios de comunicación, de expertos internacionales, particularmente norteamericanos, del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno y del ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas Santamaría, con el colofón de una encuesta de Gallup.

Mientras en el exterior, los voceros del FMI y de la Casa Blanca colman de elogios los “avances sociales” de Colombia, Moreno y Cárdenas, colombianos, abogan porque se supere el pesimismo económico criollo.

Para Moreno nos “va mucho mejor de lo que la gente cree”, lo cual no es óbice para un mayor esfuerzo tributario y, por ende, más impuestos. Adorna su planteamiento con excentricidades como llegar a un ingreso per cápita de 30 mil dólares anuales en 15 años, sin superar la extrema desigualdad y la exagerada concentración de la riqueza que no le merecen ni un suspiro. Las dificultades de la economía, según él, son coyunturales.

Para Cárdenas es necesario el recorte de seis billones de pesos para que el déficit fiscal no exceda el 3.6 por ciento del PIB en 2016. Todos a apretarse el cinturón, menos los militares que mantendrán el astronómico presupuesto de guerra cuando se quiere es lograr la paz. En educación el recorte es de 140 mil millones de pesos y en salud de 143 mil millones de pesos. La inversión en investigación se reduce. Se mantienen las megaobras de la campaña presidencial del vicepresidente Germán Vargas Lleras. En impuestos la preocupación no es que los ricos paguen, sino perseguir a quienes “se escudan en organizaciones sin ánimo de lucro”. La reforma tributaria estimulará a los empresarios para que generen más empleo. Como quien dice exonerarlos de la carga tributaria, mientras al pueblo lo cargarán de más IVA aun en los artículos de primera necesidad. Menos para los que tienen mucho, más para los que no tienen nada.

La realidad es otra

Como colofón de la campaña publicitaria se conoció la encuesta de Gallup, que coloca en el centro el debate de que al país le va mal pero a la gente le va bien. Semejante acertijo se deriva de que en la encuesta, llena de contradicciones, el 61 por ciento está contento con su estándar de vida. No obstante, está en contra de las políticas oficiales, pero reconoce que mejoran el empleo y otros factores sociales. Está de acuerdo con los diálogos de paz, pero en contra de los que se adelantan en La Habana. ¿Cómo entender una encuesta con esas contradicciones? El universo es de 1.200 personas de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga. Deciden por más de 42 millones de colombianos. ¡Qué tal!

Todo va encaminado a justificar el cuento de los economistas burgueses y del Gobierno nacional de que somos un país de “clase media”. A esta, sostienen, no le interesa el discurso de la paz, ni de la democracia, ni de las reformas sociales, cuyos logros beneficiarían según esa interpretación a una minoría. Les preocupa es el pico y placa, que no les encarezcan el caviar y el consumo suntuario, la buena vida y la comodidad. ¡Habrase visto! Semejante interpretación tan arribista y antipática.

Pero la realidad del país es otra. El desempleo real bordea casi el 50 por ciento de la fuerza de trabajo porque la mayoría son rebuscadores de la “economía informal” o de la llamada tercerización, que no es empleo fijo y no reconoce los derechos laborales. El “Ejército Industrial de Reserva”, en el concepto de Marx, es una realidad y contradice las cifras oficiales. La inflación es del 7 por ciento y la devaluación es del 6 por ciento. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) para Colombia es de 0,720 que nos coloca en el puesto 97 muy por debajo de otros países latinoamericanos, incluyendo a Venezuela, de la que tanto despotrican, que tiene un IDH de 0,762 y está en el puesto 74. La carestía está disparada y ya superó el miserable aumento del salario mínimo en 2016. Es demasiada la concentración de la riqueza.

“Las cifras macroeconómicas no andan tan bien como hace tres años. La renta petrolera prácticamente desapareció, las exportaciones no levantan, el desempleo en enero se disparó hasta el 11,9 por ciento, la inflación cerró 2015 en 6.77 por ciento, el crecimiento económico máximo sería de 3 por ciento, las proyecciones del gobierno fueron replanteadas, se recortó el presupuesto y las calificadoras nos tienen en la mira” (El Salmón de El Espectador, domingo 6 de marzo de 2015, página 30). En La Guajira, Chocó y otras regiones los niños se mueren de física hambre, agregaríamos nosotros.

La troika

Colombia como Europa está sometida a una troika. Para el caso nuestro son el Banco Mundial, el FMI y el BID que imponen la orientación económica. El modelo energético y agro exportador, empobrece, contamina y destruye la naturaleza; son las causas estructurales de la crisis económica, más allá de lo coyuntural como el fenómeno del Niño (ahora viene el de la Niña), los precios del petróleo y otros factores externos.

La crisis se origina en el modelo impuesto desde afuera, fortalecido con las recetas de la troika para favorecer a las transnacionales, a los grupos económicos y al capital financiero. El Gobierno nacional en La Habana acepta unas reformas, pero en el país promueve la ley de Zidres que modifica la legislación vigente sobre baldíos, va en contravía de los acuerdos con la Cumbre Agraria y “establece nuevas formas de esclavitud en el campo”.

Son razones para que se colme la paciencia del pueblo colombiano que está protestando en las calles en preparación del Paro Cívico Nacional del 17 de marzo. Justas razones para la movilización popular.