Se configura nuevo orden mundial

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En el resultado final de la articulación de un nuevo orden internacional, un pendiente es el desenlace final del conflicto en Ucrania. No todos los analistas entienden el papel del presidente ruso en la crisis ucraniana. Un viejo zorro como Putin no sacrifica un peón para crear fuegos artificiales

Ricardo Arenales

Durante su discurso ante la última cumbre de la Organización del Tratado Atlántico Norte, OTAN, el 21 de marzo pasado, el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, advirtió a sus aliados que “va a haber un nuevo orden mundial y tenemos que liderarlo”. No precisó en qué consistiría esa dramática transformación, pero hizo la afirmación después de que las potencias occidentales en conjunto se proponían trazar una estrategia de lucha contra la creciente influencia de Rusia y China en el hemisferio.

“Sesenta millones de personas murieron entre 1900 y 1946. Y desde entonces hemos establecido un orden mundial liberal, y eso no había ocurrido en mucho tiempo. Mucha gente moría, pero de lejos había un caos”, dijo Biden. “Y ahora es un momento en que las cosas están cambiando. Va a haber un nuevo orden mundial y tenemos que liderarlo, y tenemos que unir al resto del mundo libre para hacerlo”, preció el líder norteamericano.

Y aunque Biden no acompañó su invitación con un discurso programático, que indicara la esencia del cambio en movimiento, sí le imprimió un sesgo, que no se ajusta exactamente a la realidad histórica. No dice que los sesenta millones de muertos que menciona fueron obra de las aventuras militaristas y colonialistas de Estados Unidos y las grandes potencias. Defiende la construcción de un ‘mundo libre’, que en realidad es el causante de la debacle económica, política, social, sanitaria y climática que vive el planeta.

Ya no es el amo

Pero lo que hay que tener en cuenta en un planeamiento geoestratégico es la aspiración a que el nuevo orden mundial en ciernes, sea liderado por Estados Unidos. Ese es el trasfondo de la mención en la reunión de la OTAN.

Entre las cosas que en el mundo vienen cambiando, está la de que Estados Unidos ya no es el amo y señor al que el resto del planeta le rinde pleitesía. Y la idea de liderar un nuevo orden mundial se la disputan otras naciones en desarrollo.

El pasado 30 de mayo, previo a una reunión ministerial de los países vecinos de Afganistán, se reunieron en Beijing los cancilleres de China y Rusia y abordaron el tema de un mundo multipolar.

En ese momento, el canciller ruso Serguei Lavrov le dijo a su homólogo asiático, que el mundo está pasando por una etapa importante en la historia de las relaciones internacionales, al final de la cual la situación debe “aclararse considerablemente”. “Avanzaremos junto a ustedes, junto a otras naciones con ideas afines, hacia un orden mundial multipolar, justo y democrático”, precisó en ese momento el titular de Exteriores de la Federación Rusa.

Nuevas realidades

En realidad, abordar una discusión en este sentido es compleja, se entrecruzan y transversalizan nuevas realidades geopolíticas. La más inmediata, que la guerra en Ucrania amenaza con una crisis civilizatoria y, gracias a una redistribución de fuerzas, con determinar las características de ese nuevo orden mundial. Ucrania, ciertamente sería el punto de inflexión para esa transformación.

La cuestión es que, con el posicionamiento de las tropas rusas en una buena parte de Ucrania, la práctica desaparición del ejército y la fuerza aérea de ese país, y en su reemplazo la presencia de mercenarios occidentales y de la OTAN con nuevos arsenales, la confrontación ya no parece ser entre fuerzas ucranianas y rusas, sino entre rusas y norteamericanas y de la OTAN. Es decir, el conflicto se globaliza a pasos acelerados.

Se complica el panorama, en tanto hay países que claramente dicen que no van a aceptar “una aldea global”. Pakistán, China, India, estarían en esa lista. La Unión Europea, pese a las declaraciones de Washington, no actúa en forma homogénea y presenta reservas, especialmente frente al hecho de que como en las dos guerras mundiales anteriores, Estados Unidos consigue hábilmente trasladar los escenarios bélicos a otras regiones, fuera de su país y poner a los aliados como carne de cañón en favor de sus intereses geoestratégicos.

Secuelas de la pandemia

Hasta la pandemia, la globalización tal como la conocíamos era asimétrica. El capital podía desplazarse sin trabas, mientras que los trabajadores permanecían atrapados en su país de origen. Ahora sucede lo contrario. El trabajo se torna cada vez más global, mientras los movimientos de capital son fragmentados. La crisis climática, las guerras, inciden en esta situación.

La globalización del trabajo será posible gracias al teletrabajo. La pandemia del covid-19 ha propiciado el cambio, la tecnología ya existía. Empresas y trabajadores han descubierto que los trabajos que antes requerían la presencia física pueden llevarse a cabo desde la casa. Por decirlo de otra manera, desde cualquier parte del mundo.

Tensiones

La globalización del capital, por el contrario, evoluciona en sentido contrario. Por razones geopolíticas, y también fiscales. La implementación de un impuesto de sociedades global del 15 por ciento, hace más difícil la evasión fiscal, y por consiguiente la rentabilidad de los grandes capitales, muchos de ellos vinculados a actividades ilegales.

En estos movimientos de capitales influyen las recientes tensiones entre Estados Unidos de un lado, y Rusia y China del otro. A lo que se agrega el devenir incierto de la crisis en Ucrania. Varios países, respondiendo a las sanciones norteamericanas, prescinden paulatinamente de comerciar con el dólar e intentan el rediseño de nuevos mecanismos financieros y bancarios sin la tutela de Washington.

En el resultado final de la articulación de un nuevo orden internacional, un pendiente es el desenlace final del conflicto en Ucrania. No todos los analistas entienden el papel del presidente ruso en la crisis ucraniana. Un viejo zorro como Putin no sacrifica un peón para crear fuegos artificiales. Lo hace porque ya ubicó todas las piezas del ajedrez en las casillas correctas y está listo para ganar. China, entre tanto espera un poco a la sombra el momento propicio para inaugurar el Nuevo Sistema Mundo Euroasiático.

La intervención militar en Ucrania ya tiene y tendrá implicaciones en la economía global, en el abastecimiento de energía, en la cadena alimenticia global, e incrementa insumos para la inflación mundial de precios, que ya estaba en marcha por la pandemia, y que puede incidir hacia una hiperinflación.