Qatar, balones en el desierto

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La selección de fútbol de Noruega protesta con el mensaje: “Derechos humanos dentro y fuera de la cancha”. Foto Ataque Futbolero

Se calcula que en el proceso de construcción de las infraestructuras de este certamen –estadios, aeropuertos, autopistas, hoteles, etc.– han fallecido por accidentes laborales un total de 6.500 trabajadores

Jorge García del Castillo (*)

A un mes del comienzo de la vergüenza mundial que se perpetrará con la cita planetaria futbolera de Qatar y su Mundial: ¿de verdad, señores de la FIFA, que se va a jugar un Mundial de Fútbol en Qatar?, ¿van a rodar los esféricos por el arenal baldío y yermo, o tenderán a detenerse entre las dunas? Poderoso caballero es Don Dinero. Se llevan, Sancho, un Mundial de Fútbol al desierto, a un país que no tiene ni ha tenido, hasta el momento presente, tradición en la práctica del deporte rey. Supercopa en Riad, mundial en Catar y petrodólares: el fútbol es geopolítica.

Para colmo, a nuestros próceres deportivos no les preocupa la violación sistemática de los derechos humanos y, mucho menos, las condiciones salariales y de trabajo de quienes preparan las instalaciones y demás trabajos para asegurar la organización del espectáculo. Se calcula que en el proceso de construcción de las infraestructuras de este Mundial -fundamentalmente, construcción de estadios, hoteles, infraestructuras- han fallecido por accidentes laborales un total de unos 6.500 trabajadores -golpes de calor, accidentes laborales, caídas, etcétera-; éstos están sufriendo un régimen esclavista en sus condiciones laborales, cuestiones que en cualquier país democrático y civilizado no se obviarían y serían objeto de denuncia y protesta masiva.

Todo ello, en el contexto de un negocio redondo propiciado, por lo que podríamos llamar el complejo propagandístico-industrial-balompédico, capacitado, con la energía obscena y opaca, para procurar unos ingresos a la FIFA de 6.000 millones de dólares. Indecente, obsceno; sí, pero sin respuesta alguna ciudadana. No pasa nada, la Liga está ganada. ¡Manada de mangantes! ¡Cómo será el tinglado, que hasta las competiciones domésticas se detienen en plena temporada invernal futbolera! ¿Cuándo reaccionarán los aficionados al fútbol? Algunos de los cuales, no llegan a fin de mes, son trabajadores pobres; pero siguen bailándoles el agua a los magnates del deporte balompédico. ¿Hasta cuándo?

Querido, Sancho, hagamos lo que merece tamaña injusticia: ni asistir ni ver por televisión ninguno de los encuentros previstos. 64 partidos son demasiados, mucho arroz para tan poco pollo. ¡Qué con su pan se lo coman! Sí, un boicot, eso es lo pertinente. Para mí es fácil porque no soy futbolero; pero apelo a la conciencia de los aficionados y espectadores. El noble deporte balompédico -deporte de caballeros- no se merece estas degeneraciones y abyecciones. Yo soy muy aficionado al Rugby, deporte oval que proviene de un tronco común; somos hermanos de la misma madre.

No parece que esto preocupe a jugadores, árbitros, directivos, y demás personal que integra los equipos nacionales que disputarán esta competición. ¿Dónde está su valentía, su espíritu crítico, su conciencia deportiva? ¿Serán, al menos, capaces de algún gesto reivindicativo, de denuncia de esta sórdida realidad? ¿Qué son para ellos los derechos humanos? ¿Entre los 32 países contendientes habrá alguno con la suficiente dignidad para protestar, de forma explícita al atropello de un Qatar envenenado? Es aleccionador, hasta este momento, el compromiso de algunos equipos europeos de portar el brazalete arco iris durante los encuentros. Un digno proceder y una reivindicación para el colectivo LGTBI. No obstante, la vulneración de los Derechos Humanos afecta a muchas otras esferas.

Menos pases y goles, y más pensamiento crítico. En vez de ver los partidos, léanse el informe de Amnistía Internacional del año 2020/2021. No tiene desperdicio. Valoren su contenido y fórmense un criterio y, después, saquen la tarjeta amarilla o roja. Por último, me gustaría reseñar este comentario completamente lúcido: «El fútbol es el primer deporte mundial en términos de audiencia, ingresos y atención. En un momento en el que prevalece el poder blando, es natural que el fútbol se convierta en una gran herramienta para que cualquier Estado desarrolle su influencia internacional. Esto es todavía más cierto en el caso de las nuevas potencias energéticas del Golfo, como Qatar», señala Guégan. «A falta de un verdadero poder duro global y perenne, [el fútbol] es la política de poder que les ofrece su inmensa riqueza ligada a la renta energética».

Otra sentencia que estimo contundente de Amnistía Internacional (AI): “La Copa Mundial 2022 estará lejos de la ejemplaridad en términos de prevención de daños, pero todavía puede suponer un punto de inflexión en el afán de la FIFA de respetar los Derechos Humanos si todos los trabajadores y trabajadoras que han sufrido abusos durante la preparación, el montaje y la celebración de este evento emblemático reciben la reparación adecuada”. Demandémoslo, activemos nuestro espíritu reivindicativo y nuestra solidaridad con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Confederación Sindical Internacional (CSI) -a la que pertenecen los Sindicatos Españoles de Clase: CCOO y UGT-, y otras Organizaciones de todo el mundo.

Más claro el agua. Por cierto, Amnistía Internacional ha calculado la cuantía que representaría la reparación de la orgía de los accidentes laborales con resultado de muerte (440 millones de dólares) padecido por los trabajadores migrantes (hindúes, pakistaníes, bangladesíes, ceilandeses, nepalíes, etc…).

Decía, el nunca bien ponderado Eduardo Galeano, futbolero y gran aficionado: “de las cosas no importantes, el fútbol es la más importante”. Querido Galeano, en ocasiones, por su dimensión económica, sociológica, político-social y reivindicativa es, simplemente, nuclear.

Publicado en el portal www.nuevatribuna.es