Puño en alto contra la exclusión

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Protesta de las jugadoras de la selección femenina de fútbol en el partido inaugural de la Copa América Femenina. Foto Ministerio del Deporte

Una vez más las futbolistas de la selección nacional protestaron para denunciar el abandono en que está el fútbol femenino por parte de los dirigentes, quienes amenazaron con cancelar la liga profesional del segundo semestre

Laura Doncel
@LauraDoncel1

El pasado viernes 9 de julio inició la Copa América Femenina. Dicho torneo va por su novena edición y es la máxima competencia de fútbol femenino en América del Sur. Para esta edición, Colombia ha sido nombrada como la sede del evento. Lo paradójico es que justo la selección colombiana es la que menos garantías ofrece a sus jugadoras, tal y como quedó evidenciado en el partido debut frente a Paraguay, cuando las once jugadoras levantaron sus manos mientras sonaba el himno nacional.

Está acción fue a manera de protesta, en rechazo al desinterés sistemático del Gobierno nacional y los directivos deportivos con el fútbol femenino. La gota que rebosó la copa fue la cancelación de la liga profesional para el segundo semestre del 2022.

Contrastes

El malestar en las jugadoras, aficionadas y personas que promocionan el fútbol femenino es que existe una profunda desigualdad con respecto al fútbol masculino. Los futbolistas hombres reciben salarios muy altos, los torneos nacionales tienen duración, competitividad y promoción, dotaciones en buen estado, excesiva financiación, entre otros beneficios.

Mientras tanto, la liga profesional de fútbol femenino siempre naufraga en la incertidumbre de si existen las condiciones para realizarse. Además, tiene una periodicidad de cada año, es decir que las futbolistas juegan en sus equipos el primer semestre y en el segundo no cuentan con un empleo formal, pese a que tienen un contrato con el equipo, no reciben un salario el resto del año.

Esto no solo las perjudica de manera financiera, sino que su rendimiento físico también se ve afectado y les resta demasiado al llegar a una competencia de talla internacional. No obstante, los resultados esperados por los directivos y la Federación Colombiana de Fútbol son altos.

“Entre fútbol femenino y masculino todo es contraste. Cuando tú vas a los entrenamientos puedes evidenciar el choque que existe entre los equipos profesionales. Es muy complicado. Pongo un ejemplo. Mientras los equipos profesionales llegan al estadio en buses y son ovacionados como grandes héroes, las jugadoras profesionales tienen que llegar por sus propios medios a la cancha. Y es en todo”, comenta Sophía Martínez, fotógrafa profesional y colaboradora gráfica de Millonarios Femenino.

Acoso y exclusión

Así mismo, a las condiciones en que ejercen su profesión, se le suma el acoso laboral y sexual, pues las acciones que han tomado para exigir un trato equitativo han dado como resultado que el cuerpo técnico del seleccionado deje de convocarles, les amenace y les presione. Tal como sucedió en marzo de 2019 cuando dos jugadoras de la selección sub 17, una de ellas menor de edad, denunciaron a la Fiscalía actos de acoso sexual por parte de su técnico y cuerpo médico durante las contrataciones previas al mundial de 2018.

La situación generó una oleada de denuncias y una campaña llamada #MenosMiedoMásFútbol, por la que algunas de las voceras inclusive fueron vetadas definitivamente de la selección Colombia, entre ellas Yorelí Rincón, quien desde entonces no es convocada por la selección, la santandereana jugaba como volante 10 del equipo y cuenta con una gran experiencia en Europa, algo así como si James Rodríguez dejara de ser convocado sin ningún sentido.

De igual forma Vanessa Córdoba, portera e hija de Oscar Córdoba, Isabella Echeverri centrocampista, actual jugadora del Monterrey y Natalia Gaitán defensa central centro campista.

Injusticias

Del mismo modo, Melissa Ortiz jugadora radicada en Estados Unidos y comentarista deportiva, asegura que actualmente las futbolistas reciben un pago de 22 dólares al día, un salario demasiado bajo en comparación con los pagos a los futbolistas, además de ser un pago que sigue siendo el mismo desde 2014 y es tres veces menor que el de selección de Venezuela.

La deportista se sumó a la causa desde sus redes sociales manifestando lo siguiente: “Hoy nos unimos por el cambio. Aunque nos faltan garantías, nos sobra amor por esta camiseta, por eso nos unimos con la ilusión del trabajo en equipo, de la equidad en las condiciones de trabajo y competencia, de las decisiones concertadas y de un futuro brillante para todas las que hacemos parte del fútbol femenino”.

Cabe aclarar que pese a las paupérrimas condiciones en las que viven las jugadoras de fútbol, han logrado más que el seleccionado masculino. Sin recibir mucho apoyo, luego de cada triunfo el Gobierno nacional y la Dimayor son unos de los primeros en ufanarse por ello, aunque en ocasiones se les ha quitado el rubro económico que reciben por estos y se les ha dado a los equipos masculinos, tal y como ocurrió cuando el Atlético Huila quedó campeón de la Copa Libertadores 2018 y sus jugadoras, entre ellas Yorelí, denunciaron que se les daba dotación usada y además el premio le fue entregado al equipo de hombres.

La resistencia

“Por supuesto, los directivos son los primeros responsables de la crisis en general del fútbol colombiano y en particular con la liga femenina. Pero si no hay interés en la gente y las mujeres en ver los partidos, en promocionar los equipos, las plantillas y los juegos, pues difícilmente tendrá salida la liga”, dice con voz indignada Sophia. Para la reportera gráfica, si el país no tiene un fútbol femenino digno, va a ser muy difícil soñar con superar las dificultades estructurales que se viven hoy en el deporte.

Con respecto a lo anterior, el fútbol debe dejar de ser visto como una disciplina meramente deportiva. El capital ha cumplido con mercantilizar cada aspecto del desarrollo humano, incluyendo las pasiones y en una sociedad patriarcal en donde no genera pasión el fútbol femenino, no produce ganancias y si no es así a los empresarios no les sirve.

De manera que las jugadoras podrán manifestarse en cada partido, quedar campeonas del torneo en curso o de la próxima Copa Mundial, y nunca serán tratadas de forma equitativa si la gente no las mira y las apoya de forma definitiva.

Al cierre de la edición, continúan los contrastes. Mientras el seleccionado femenino ha ganado contundentemente en sus dos primeras salidas de Copa América (4-2 contra Paraguay y 3-0 contra Bolivia), aún no se sabe si se realizará la liga profesional en el segundo semestre del 2022. Algunos medios informan que Ramón Jesurún, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, incómodo ante la protesta ordenó a la Dimayor la realización del rentado femenino.