Por una sociedad cuidadora

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Movilización de mujeres en Bogotá. Foto Mónica Miranda

Editorial VOZ 3152

El protagonismo del movimiento de mujeres y el movimiento feminista por preservar y conquistar sus derechos, tiene su traza en los cambios políticos de corte de izquierda y progresistas en la región. Esto se constata con el gobierno del Pacto Histórico y el frente amplio, que sitúa a las mujeres como protagonistas del cambio.

Lo corroboran no solo las páginas de nuestro semanario y las agendas de los gobiernos democráticos, sino también las conferencias regionales y las movilizaciones que se están convocando a nivel global para el 25 de noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

Recientemente se realizó en Buenos Aires, Argentina, la XV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe ‘La sociedad del cuidado: horizonte para una recuperación sostenible con igualdad de género’, que impulsa la Cepal cada tres años en coordinación con ONU Mujeres.

En el espacio participaron representantes gubernamentales de la región, el movimiento feminista y organizaciones de mujeres que en juntanza sumaron más de tres mil personas, en la perspectiva del reconocimiento de la connotación política que le han impregnado estos movimientos desde hace décadas, garantizando la agenda por los derechos de las mujeres en la región y la incorporación de la economía del cuidado.

El cuidado tiene que ver con la vida misma y su preservación, es decir, lo que hace posible el sostenimiento de la vida, amenazada por la crisis multidimensional del sistema capitalista y su modelo neoliberal privatizador que nos hace más dependientes al impactar negativamente en las economías nacionales y en los sistemas públicos del cuidado y la naturaleza, causando entre otras problemáticas, el dramático cambio climático y la profundización de las desigualdades, con mayor impacto en la vida de las mujeres.

Esta situación se hizo más visible en la pandemia donde, según la Cepal, “se retrocedió más de una década en cuanto a los niveles de participación laboral de las mujeres”, y por tanto en las conquistas y derechos de estas.

Hoy se reivindica el cuidado como un derecho humano fundamental. Abogamos por Estados, gobiernos y sociedades cuidadoras, y la corresponsabilidad del movimiento social y popular, el sector público y privado, es decir, la sociedad en su conjunto. Sin perder de vista que este es un asunto en disputa, que supone retos sobre todo ante sectores de derecha que a nivel mundial van tras las conquistas de nuestros derechos y del conjunto de la clase trabajadora, por lo que implica una relación directa con la lucha por la democratización de nuestros países.

Es allí donde el Estado debe jugar un rol protagónico como regulador de la función social del trabajo del cuidado para avanzar a sistemas integrales y garantizar derechos con un enfoque de género, de los derechos de las mujeres, interseccionalidad y multiculturalidad a quienes los proveen.

El sistema patriarcal ha instaurado y naturalizado el rol del cuidado a las mujeres, generando con ello la profundización de múltiples jornadas, una vez que el capitalismo se ha sostenido con la división sexual y desigual del trabajo.

En este contexto para avanzar hacia una sociedad cuidadora se hace necesario nuevos currículos que partan de una educación no sexista, que supere la división sexual del trabajo, la cosificación de las mujeres y de la vida misma. Reconocer nuestro papel en la sociedad como sujetas políticas de derechos y como actoras que aportamos a la riqueza de las naciones con el trabajo remunerado y no remunerado, he ahí la importancia de asumir estos cambios como propios para hacer posible las transformaciones políticas.

La conferencia instó a los Estados y gobiernos a asumir las convenciones suscritas por estos. En este sentido el compromiso de Buenos Aires está relacionado con “la promoción de medidas para superar la división sexual del trabajo, la búsqueda de una justa organización social de los cuidados, reconocer el cuidado como un derecho y generar los marcos normativos que protejan y cumplan los derechos de quienes reciben y proveen cuidados de forma remunerada y no remunerada, que prevengan todas las formas de acoso sexual y laboral en el mundo del trabajo formal e informal y que liberen tiempo para que las mujeres puedan incorporarse al empleo y a la educación, participar en la vida pública, política y económica, y disfrutar plenamente de su autonomía. Prevenir, atender, sancionar y erradicar todas las formas de violencia y discriminación por razón de género contra las mujeres”.

En coherencia con estos compromisos, el gobierno del cambio creará el Sistema Nacional de Cuidados para reconocer y recompensar el trabajo de cuidado feminizado, además integrará al sistema de pensiones a las mujeres que han trabajado toda su vida en los cuidados, reafirmando el legado de la lucha del movimiento de mujeres y feministas, que además, han contribuido con dispositivos jurídicos como la Ley 1257 de 2008 sobre la no violencia contra las mujeres y la de la economía del cuidado, impulsadas por la exsenadora y hoy ministra de Trabajo Gloria Inés Ramírez.

Consolidar este legado en el Gobierno del cambio y profundizar los cambios estructurales es el gran reto. La invitación es a movilizarnos el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.