“Pasaremos a la historia si construimos la paz”

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El presidente Gustavo Petro junto con la nueva cúpula militar. Foto Presidencia de la República

Las Fuerzas Armadas y de Policía han reconocido al presidente Gustavo Petro como su Comandante Supremo. Si bien existen molestias al interior, los mensajes emitidos por el jefe de Estado son salvar vidas, defender la naturaleza y construir la paz total

Óscar Sotelo Ortiz
@oscarsopos

“Un día me llevaron a una especie de celda en un pasillo muy largo. Escuchaba, estando encapuchado, cómo las puertas se abrían y se cerraban. De pronto me quitaron la capucha negra y vi como a diez oficiales, todos con insignias, aunque con sus rostros cubiertos. Comenzaron el interrogatorio. Lo más duro fue la presión psicológica. Al final aparecían uniformados con condecoraciones, igualmente encapuchados. Yo creo que ellos querían mostrar su poder y que me hiciera a la idea que eran invencibles. Que el esfuerzo de cambiar al país o de guiar una revolución era imposible en un país como Colombia”.

La anterior cita corresponde al libro Una vida, muchas vidas (2021) autobiografía del presidente Gustavo Petro. Específicamente narra las torturas que sufrió el actual mandatario en la Escuela de Caballería en 1985, cuando tenía 25 años y militaba en el Movimiento 19 de Abril, M-19.

De torturado a comandante supremo

Su captura se efectuó en el barrio Bolívar 83 de Zipaquirá como una respuesta en contra del Eme ante la contundente derrota que el grupo insurgente le propinó al Ejército en la Batalla de Yarumales, confrontación militar ocurrida entre diciembre de 1984 y enero de 1985.

Según recuerda Petro, los militares lo golpearon con culatazos de fusil, lo torturaron con corrientazos de electricidad y lo obligaron a dormir permanentemente debajo de los caballos. Incluso, le aplicaron el método de la “gota china”, que consiste en inmovilizar a la víctima boca arriba, derramar en la frente una gota de agua fría cada cinco segundos y esperar que el efecto de no poder dormir, como el de no beber agua, lo llevara a la locura.

37 años después de los hechos, la misma institución que degradó la humanidad del actual jefe de Estado, lo reconoció el pasado 20 de agosto como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de la República. Sin duda, un verdadero acontecimiento histórico que hasta hace algunos meses era algo impensado.

El malestar interno

Como le confirmó a este semanario un alto cargo al interior del ministerio de Defensa, que un exguerrillero sea el nuevo comandante de las Fuerzas Militares, es un sapo gigante que han tenido que tragarse: “Lo que le incomoda a una parte poderosa de la oficialidad, ya sea activa o en retiro, es que el presidente venga del M-19. Recordemos que este grupo insurgente ejecutó acciones dirigidas para atacar directamente la moral militar y que en la memoria del Ejército son difíciles de olvidar”.

No obstante, la fuente que pide la reserva de su nombre, reconoce que al interior de las Fuerzas Armadas existe un respeto por los resultados electorales del pasado 19 de junio. Lo anterior quedaría en evidencia con la transición institucional y con la nueva cúpula militar que ha presentado el nuevo gobierno en cabeza del ministro de Defensa Iván Velásquez Gómez.

El funcionario también advierte que sí existe malestar y desconfianza ante los recientes hechos: “En su discurso de posesión solo nombró a los militares para que le trajeran la espada de Bolívar, además incumplió con la ceremonia de presentación de tropas programada para el miércoles 17 de agosto, que finalmente fue cancelada. Y eso que no he nombrado el llamado a calificar servicios de 52 oficiales, tanto en las Fuerzas Armadas como de Policía, que naturalmente desataron la idea que se está consumando una «cacería de brujas»”.

La nueva cúpula

Independientemente de las opiniones críticas que existan al interior de la fuerza, en las últimas dos semanas se viene produciendo un cambio considerable en lo que podría identificarse como la nueva política de seguridad y defensa del Gobierno nacional.

En primera medida, existió un verdadero revolcón en la cúpula militar. El Decreto 1697 de 2022 establece la nueva jerarquía de la fuerza pública, que finalmente quedó conformada así: el general Helder Fernán Giraldo Bonilla, comandante de las Fuerzas Militares; general Luis Mauricio Ospina Gutiérrez, comandante del Ejército Nacional; vicealmirante Francisco Hernando Cubides, comandante de la Armada Nacional; general Luis Carlos Córdoba Avendaño, comandante de la Fuerza Aérea Colombiana; y general Henry Armando Sanabria Cely, director de la Policía Nacional.

“Aunque la nueva cúpula militar produce tranquilidad, debo decirle señor ministro Iván Velásquez, todavía quedan generales que no se van a poder sostener debido a sus investigaciones por violación de los derechos humanos y falsos positivos. Aquí todavía quedan bandidos por sacar”, fue la reacción del sargento (r) Alexander Chala, excandidato al Senado por el Pacto Histórico y una de las voces más críticas con el accionar de la fuerza pública en los últimos tiempos.

Los mensajes

El segundo punto de inflexión son los mensajes emitidos por el presidente Petro, tanto en el acto con la Policía el jueves 18 de agosto, como en la ceremonia de presentación de tropas al ministro de Defensa y a la nueva cúpula militar, evento realizado en la noche del sábado 20 en la Escuela Militar de Cadetes José María Córdova.

“La Policía Nacional no está para perseguir jovencitos en los parques, para tumbarle la carreta de alimentos a un vendedor ambulante, para llegar a la casa de una familia campesina y porque cultivó hoja de coca arrastrarlos a las cárceles. Eso lo único que va a provocar es una confrontación permanente entre una ciudadanía joven y un personal uniformado también joven”, fueron las palabras del jefe de Estado ante una institución criticada por su desproporcionado accionar en el paro nacional. También les dijo, que los resultados se miden por vidas salvadas y no por “bajas” presentadas, lo cual es la premisa fundamental del concepto de seguridad humana.

El segundo evento, estuvo antecedido por el anuncio de restituir los protocolos y suspender las órdenes de captura contra el equipo negociador del ELN para así reanudar los diálogos de paz con esta insurgencia y lograr lo que el nuevo gobierno ha llamado la “paz total”.

Así las cosas y frente a frente con el estamento militar, el presidente persuadió a las Fuerzas Armadas a defender la soberanía nacional ante las amenazas del crimen trasnacional, luchar contra el cambio climático y construir una alianza popular con el campesinado.

“Pasaremos a la historia si construimos la paz”, fue la frase más potente del presidente Petro en un acto donde los aplausos tímidos de la gradería se contrastaron con la euforia de los casi 30 mil usuarios conectados que comentaron en tiempo real la transmisión oficial emitida en YouTube.

Democratizar

En los dos discursos, el presidente Petro fue enfático en que se deben eliminar las barreras socioeconómicas y politiqueras que hoy impiden que cualquier persona pueda aspirar a ser parte de la alta cúpula militar, es decir, que el soldado profesional o la suboficial tengan oportunidades reales de ascenso al interior de la fuerza. Un mensaje democratizador que seduce a la juventud que se decanta por la vida militar y que también espera cambios.

Lo anterior inevitablemente recuerda las palabras del extinto comandante del M-19 Jaime Bateman Cayón: “La policía y el ejército son cuerpos conformados por gente que también hace parte del pueblo. Si con ellos se hace un buen trabajo, si se tiene una buena política, a muchos, la revolución también puede ganárselos”.