lunes, marzo 4, 2024
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Octubre decisivo en Brasil

El país suramericano acudió a las urnas en una elección que no solo definió la segunda vuelta para la presidencia, sino también la composición del Congreso y las gobernaciones federales. Lula logró el 48,4 por ciento de los votos, pero Bolsonaro tiene más del 43

Pietro Lora Alarcón
@plalarcon

Concluidas las elecciones brasileñas este 2 de octubre, Luiz Inacio Lula da Silva candidato de la Coalición Brasil de la Esperanza y que obtuvo el 48,4% de los votos, disputará la presidencia de la República en la segunda vuelta que será el domingo 30 de octubre contra el actual presidente Jair Bolsonaro, segundo en la contienda con 43,2% de la votación.

La coalición es conformada por el Partido de los Trabajadores, PT, el Partido Comunista del Brasil, PCdoB y el Partido Verde, PV.  Cuenta con partidos aliados como el Partido Socialista, PSB; el Partido Socialismo y Libertad, PSOL; y la Red Solidaridad. Además, tiene el apoyo de todo un conjunto de movimientos como el Movimiento Sin Tierra, MST, organizaciones sociales, de trabajadores y exponentes de la cultura, estudiantes y en general una inmensa gama de representantes de los más diversos sectores populares.

Los resultados legislativos

Las elecciones de este domingo renovaron el Congreso y las gobernaciones y los legislativos de 23 Estados y del Distrito Federal. En Brasil el electorado supera los 156 millones de personas. Son 93 mil locales de votación y 577 mil urnas electrónicas. El país tiene la décima economía del planeta, registrando un PIB de US$1,83 trillones en el primer trimestre del año, según los datos de Austin Rating.

Por eso, el resultado electoral modifica la geoeconomía y tiene efectos en las orientaciones del boque dominante en las relaciones internacionales. Para América Latina el resultado impacta la agenda regional en términos financieros, ambientales y de integración, en gran medida porque las plataformas y programas de los candidatos en la segunda vuelta revelan posiciones diferenciadas y en algunos casos diametralmente opuestas sobre estos temas.

En el nuevo Congreso, hasta el momento, el Partido Liberal, base de apoyo de Bolsonaro pasa de 5 a 13 senadores y en la Cámara llega a 99 curules. El PT obtiene 9 senadores, aumentando 2 curules, y también incrementa la bancada en la Cámara de 56 a 68 diputados.  El PCdoB obtiene 6 diputados y el PV 4. Sumando, la Coalición de la Esperanza obtiene 78 diputados, aumentando 10 curules y pasando a ser la segunda bancada, con expectativa de aumentar a 80 diputados. También la coalición de izquierda encabezada por el PSOL y el Partido Socialista obtienen juntos 28 diputados.

En este contexto, los resultados en Cámara y Senado demuestran un aumento de la derecha en el Congreso y un fortalecimiento de los sectores ligados al proyecto bolsonarista, que desplaza al tradicional Partido Socialdemócrata, PSDB, que gobernó el país antes del periodo presidencial de Lula y que dominaba el escenario y los votos de la derecha brasileña. No obstante, es necesario registrar que la izquierda también creció en el legislativo.

Desde luego, en este enmarañado escenario hay que tener en cuenta al llamado “Centrón” conformado por partidos como el Movimiento Democrático, MDB, con 42 diputados y el Partido Social Democrático, PSD, que tendrá 40 diputados y que deben negociar apoyos en el transcurso de los trabajos del Congreso.

Por el lado de las gobernaciones, ocho de los gobernadores electos en primera vuelta han declarado apoyo a Bolsonaro y cinco apoyan a Lula. Aún están pendientes dos Estados importantes cuyos candidatos disputarán la elección en segunda vuelta: en Rio Grande del Sur, donde se confrontan los candidatos del PSDB y del PL; y en Sao Paulo, donde el candidato del PT Fernando Haddad y el militar de reserva Tarcisio de Freitas son protagonistas.

El rumbo

Desde un comienzo, el proyecto de la clase dominante brasileña más próxima al gobierno Trump y a los sectores del nuevo fascismo europeo, se centró en la táctica de impedir la candidatura de Lula en el 2018 por la vía de las acusaciones infundadas y el llamado lawfare. Después impusieron una candidatura extraída de la reserva de los cuarteles, que representara el Brasil que nunca soportó la democracia liberal conquistada en 1988.

Bolsonaro surge en ese contexto y rápidamente, alineado a Trump, profundiza los lazos de dependencia del país con los Estados Unidos, abriendo las compuertas para los negocios y acuerdos con el capital para la guerra e introduciendo vía decretos una normatividad que promociona la venta indiscriminada de armas a la población.

El proyecto de desmonte del Estado social, neoliberal en su concepción, conservador y de retórica agresiva contra las mujeres y los sectores más vulnerables, vino también acompañado de otorgar poder y atender exigencias de sectores gremiales, a los cuales se les provee de auxilio inmediato y directo, como a los transportadores y conductores de servicio público, en un país de gigantescas carreteras y grandes ciudades.

El mapa del hambre y el bolsonarismo 

En este cuadro, Brasil ingresa en el mapa del hambre en las estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO. Pero esto no es una prioridad, a pesar de ser 33 millones de personas que padecen esta situación.

El gobierno bolsonarista, desde la pandemia, incentivó aún más el agronegocio y las ventajas al capital financiero, para que, aprovechando la falta de recursos de los pequeños y medianos empresarios, fueran amparados por decretos a favor del crédito fácil con intereses elevados. Recientemente el Congreso disforme y con sus miembros buscando recursos, fue beneficiado con la administración del “presupuesto secreto”, que autoriza enviar dinero vivo a las regiones en alianza con el gobierno.

El sistema creado para dar fuerza a las fake news y que se manifiesta en redes sociales desinformando y confiriendo al presidente el atributo de “mito”, el lema “Dios encima de todos y Brasil encima de todo” pregonado en las iglesias evangélicas, las voces que claman el retorno a la dictadura y las actitudes por acción u omisión de sectores de las fuerzas armadas, crearon las condiciones para afianzar el denominado “bolsonarismo”, que como se ve no es un postulado teórico ni una doctrina, sino la revelación de una onda anticivilizatoria, cuyo contenido de clase se afirma con contundencia en la expansión de la dominación sobre los trabajadores, la precarización de los servicios públicos y la desatención con los derechos sociales y en general de los derechos humanos.

Al filo de la democracia 

Es por esto que las alianzas de la Coalición Brasil de la Esperanza, encabezada por el PT y el PCdoB, son amplias, flexibles y buscan juntar los divergentes para derrotar al antagónico. El contenido programático se propone afirmar la democracia y avanzar en la preservación de los derechos que fueron afectados a partir de la contrarreforma laboral y a las jubilaciones. Para el progresismo la prioridad es la agricultura familiar ligada a la defensa de la naturaleza y el fortalecimiento de los derechos sociales.

En Brasil la inmensa mayoría de los trabajadores están en la informalidad; la ciudadanía social y económica está fuertemente afectada, luego del confinamiento angustiante, sin perspectivas concretas, en el “sálvese quien pueda” del emprendimiento individual. En ese contexto el discurso mesiánico de Bolsonaro parece tener eco, siendo como consecuencia la votación del 43% de la población brasilera.

Aun así, es posible derrotar el proyecto encabezado por Bolsonaro. Faltaron 1,57% para que Lula ganara en primera vuelta. Son seis millones de votos de ventaja. La propuesta programática de la Coalición es sólida. Tiene condiciones para atraer la votación de sectores y candidatos derrotados como Simone Tebet del MDB y Ciro Gomes del PDT, que juntos suman cerca de 10 millones de votos. La consigna no puede ser otra que, ¡ganar o ganar!

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