“Nuestro aporte es entender la verdad más allá de buenos y malos”

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Mauricio Archila. Foto Carolina Tejada

Para conmemorar el medio siglo del Centro de Investigación y Educación Popular, VOZ dialogó con Mauricio Archila, historiador y uno de los investigadores más reconocidos de la institución

Óscar Sotelo Ortiz
@oscarsopos

El 30 de mayo de 1972 nació el Centro de Investigación y Educación Popular, CINEP. Miembros de la Compañía de Jesús y laicos preocupados por la investigación social, fundaron la institución con el objetivo de acompañar decididamente los procesos formativos de organizaciones sindicales y campesinas.

Su primer nombre fue el de Centro de Investigación y Acción Social, CIAS, según la personería jurídica otorgada por el Ministerio de Justicia de la época. Con el pasar de los años, el CINEP no solo cambió de nombre, sino que se fue convirtiendo en un referente en la documentación de las violaciones a los derechos humanos en medio del conflicto armado.

Además, se fue posicionado como pionero en la investigación social en temas como interculturalidad, economía política, movimientos sociales, construcción de Estado y paz, formación política para la paz territorial, entre otras líneas reconocidas por la academia y diversos procesos populares.

Para conmemorar el medio siglo del CINEP, VOZ dialogó con Mauricio Archila, historiador y uno de los investigadores más reconocidos de la institución.

¿Cómo fueron los primeros años del CINEP?

-Su historia se remonta a los años cuarenta cuando la Compañía de Jesús comienza a pensar la cuestión social y obrera. En toda América Latina se van fundando los CIAS, que era la idea de los jesuitas de proyectarse al mundo social con una cierta inquietud investigativa.

La primera generación que estuvo al frente del CIAS era algo conservadora. Después, llegaron unos jesuitas de Europa con ideas más progresistas. Gerardo Arango (era el provincial), Guillermo Hoyos (fue también profesor en la Javeriana y en la Nacional y durante mucho tiempo director de Pensar), Ernesto Parra, Gilberto Gómez, Carlos Eduardo Vasco y Luis Alberto Restrepo. Ese grupo de jesuitas llegó con una idea de compromiso social, de vincularse más a las luchas populares.

¿Cuáles son las contribuciones más importantes de CINEP para la investigación social del país?

-Son muchas, lo cual hace difícil resumir. En esos primeros años recuerdo estudios sobre el clientelismo donde participaron Fernán González, el antropólogo Néstor Miranda y Eloísa Vasco. También puedo referenciar investigaciones importantes sobre Estado y política donde estuvieron Fernando Rojas Hurtado y Víctor Manuel Moncayo (en esa época trabajaban juntos, hoy en día hay una gran distancia entre ellos). Y una línea de económica muy destacada con investigaciones de Jorge Iván González, Consuelo Corredor y Salomón Kalmanovitz. De hecho, este último escribió el famoso libro Economía y Nación con el sello del CINEP.

Casi que una escuela de pensadores colombianos…

-Claro. Tenemos las producciones iniciales en filosofía de Guillermo Hoyos. Por supuesto se debe hablar del trabajo de Francisco de Roux, hoy presidente de la Comisión de la Verdad, con sus primeros trabajos de economía popular y empresas comunitarias. En fin, una vertiente fuerte de carácter económica y política.

También está la línea de movimientos sociales que no se inicia conmigo. Destaco a León Zamosc con sus trabajos sobre la ANUC y al padre Javier Giraldo, que sus primeros pasos los hizo con movimientos cívicos, ya después se concentró en el tema de derechos humanos. A Álvaro Delgado con su información sobre huelgas. En el tema de movimientos sociales y protestas se va consolidando una línea fuerte, ahí entró yo. Un gran producto de ese proceso es la base de datos en luchas sociales.

Y no quisiera terminar sin mencionar el otro componente que es el área de educación y acompañamiento con los sectores sociales donde hay una alta producción de educadores populares: Marco Raúl Mejía, Jorge Julio Mejía, Marco Fidel Vargas, Luis Guillermo Guerrero y otros nombres que se me escapan, pero que han sido muy importantes en estos 50 años de CINEP.

¿Cómo se vivía al interior del CINEP los candentes debates ideológicos de la época?

-Yo diría que no había una ideología única. No podemos negar el sello jesuítico de una cierta teología de la liberación, sin que fuera muy explícita. En resumen, era un cristianismo radical, popular, con cierta elaboración académica, en ese sentido muy cercana a la Escuela de Frankfort donde el papel de Guillermo Hoyos fue muy importante. Cada quien tenía ideas propias y a veces contradictorias. Recuerdo un seminario de El Capital de Marx que durante tres años estuvo leyendo semana por semana, capítulo por capítulo y con exposiciones rigurosas. Además del equipo económico fuerte de CINEP, allá estuvieron José Antonio Ocampo, Juan José Echavarría, Gabriel Misas y otros reputados economistas. Fue una experiencia maravillosa.

Estamos ante la expectativa del informe final de la Comisión de la Verdad ¿Cuál cree es el aporte que ha hecho el CINEP a la verdad histórica y a la construcción de paz en el país?

– Más allá de los nombres, porque no quiero recabar que Francisco de Roux fue director del CINEP, yo lo centraría en dos grandes aportes. Uno es de corte teórico – historiográfico. Los estudios sobre la violencia y construcción de Estado dirigidos por Fernán González son fundamentales. Por la vía de la sociología de Charles Tilly y Norbert Ellias hay una elaboración teórica sobre como la construcción de Estado genera factores de violencia, en el sentido de tratar de entender la verdad más allá de una mirada maniquea de buenos y malos; es más un enfoque de carencias y precariedades en la construcción de Estado, obviamente con responsabilidades colectivas e individuales de los actores del conflicto. Diría que también las investigaciones que hemos hecho desde la línea de movimientos sociales son importantes, pues muestran históricamente los desequilibrios de nuestra sociedad, lo que es clave para entender los procesos tanto de violencia como de paz.

Otro gran aporte han sido las bases de datos. Una muy importante es el Banco de Datos de Derechos humanos donde se destaca el trabajo investigativo del padre Javier Giraldo, el padre Alejandro Angulo y un grupo de profesionales muy cualificado. También están las Bases de Datos de Acciones Bélicas, de Acciones por la Paz, y la de Luchas Sociales que tiene más de 25.000 registros de protestas desde 1975. Reconozco el infatigable trabajo de Martha Cecilia García, Ana María Restrepo y Santiago Garces en actualizar esta última. Estoy seguro que la Comisión las ha trabajado como un insumo.

Hablemos de las publicaciones ¿Cuál es el aporte que estas han hecho al pensamiento crítico en Colombia?

-CINEP ha mantenido cierto ritmo de publicación. En muchos aspectos, hay un apoyo mutuo con la Universidad Javeriana, por la cercanía que tienen las instituciones y ahora con más razón por el puente de Martha Lucia Márquez, que es profesora de la Javeriana y directora del CINEP.

En términos de publicaciones tenemos tres revistas. 100 Días es más de carácter coyuntural, Noche y Niebla es una revista con un perfil definido en materia de derechos humanos, y Controversia que es la revista de carácter académico. Fuera de eso, hay una buena producción de libros en las líneas en las que CINEP ha sido fuerte. La editorial Siglo del Hombre es la distribuidora.

Un tema sensible para el CINEP fue el asesinato de Elsa Alvarado y Mario Calderón en mayo de 1997.

-Ese fue un momento muy crítico en la historia del CINEP porque se dio en una coyuntura de recorte presupuestal. Con la caída del llamado “socialismo real” en la Europa del Este, muchas agencias de cooperación internacional se sintieron solidarias con sus hermanos europeos y se marcharon del país. Entonces nos tocó recortar de una manera impresionante el presupuesto. De hecho, Elsa Alvarado había salido del CINEP por esta razón. Ella se destacó por su labor como comunicadora. Recuerdo sus artículos en la revista 100 Días sobre el análisis de la comunicación y unos estudios innovadores sobre las telenovelas.

Por su parte, Mario había sido jesuita. En su paso por Tierralta, Córdoba, asesinaron a Sergio Restrepo, un sacerdote de la Compañía de Jesús y por eso se vino para Bogotá. Ya se sabe que Carlos Castaño los mandó a matar. A Mario lo tenían entre ojos. Sin meterme yo en los intríngulis de la investigación, todo apunta a que es un contubernio entre paramilitares y Ejército. El padre Giraldo insiste en que es más el Ejercito, otros insisten en que fue más Castaño, la Oficina de Envigado y La Terraza. Pero sin duda fue una articulación entre la brigada de inteligencia militar y sicarios paramilitares.

Mario era una persona muy querida. Había hecho sus estudios en maestría en Francia sobre el catolicismo, que se publicaron póstumamente. Yo creo que el legado más allá de su simpatía, pues era medio loco (Risas), era que se reconocía como el Obispo de Oriente. Fue algo que comenzó como una mamadera de gallo donde el símbolo de su obispado era una hoja de marihuana con una flecha marcando el oriente, porque el sol nunca saldrá por occidente. Él siempre tuvo una perspectiva más ecuménica y heterodoxa. Celebraba misas con aguardiente y cosas como esas. Era un hereje en el mejor sentido de la palabra.

El asesinato de Elsa y Mario fue un golpe muy duro a CINEP y a las organizaciones defensoras de los derechos humanos. Entonces, para resumir, el magnicidio de los compañeros investigadores derivó en más prudencia, rigor investigativo y compromiso con el trabajo en las comunidades.

Celebrados los 50 años de la organización, ¿Cuál es el futuro del CINEP?

-Hay un compromiso en continuar. Algunos ya estamos pensando en retirarnos y permitir el relevo generacional. Por fortuna siguen existiendo distintas generaciones de cinepos y cinepas que con mucho entusiasmo siguen continuando con el legado. En este momento CINEP trabaja en muchas regiones, acompañando comunidades indígenas en La Guajira, en Cesar, en Córdoba, en Nariño, comunidades afro en Chocó, en la Costa Pacífica, sectores populares en Bogotá y en otras ciudades, haciendo este trabajo académico, investigativo y en defensa de los derechos humanos.

A trochas y mochas, con dificultades, pero se sigue manteniendo una planta de cerca de cincuenta investigadores y educadores más el personal de administración. Es una nómina respetable. Tenemos futuro. La Compañía de Jesús sigue comprometida con el proyecto. Hay CINEP para buen rato. Para finalizar, Martha Lucia Márquez es la primera mujer que tenemos al frente del CINEP, lo cual se sintoniza con la realidad de los nuevos tiempos. Es un buen augurio.