domingo, mayo 19, 2024
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No para la protesta social en Israel

Para los organizadores de las movilizaciones, son las reformas propuestas por el primer ministro Netanyahu, las que amenazan con instaurar un régimen autoritario y despótico

Ricardo Arenales

Ocho meses hace que en Israel no pasa una semana sin que miles de ciudadanos se reúnan en las principales plazas públicas, en cercanía de los aeropuertos o en inmediaciones de cuarteles de policía o instituciones estatales, para manifestar su desacuerdo con un proyecto de reforma judicial, presentado desde enero pasado por el primer ministro Benjamin Netanyahu.

La iniciativa de reforma, permite que el jefe de Estado reciba facultades para designar a su voluntad, y en defensa de sus intereses, a los jueces de la República y al mismo tiempo limita las facultades del Tribunal Supremo (Corte Suprema de Justicia).

El proyecto está hecho a la medida de los intereses de Netanyahu, que en los últimos años ha venido siendo investigado por los tribunales de justicia por hechos diversos de corrupción, que lo han puesto al borde de la destitución, lo que implicaría su muerte política.

Netanyahu fue procesado en 2019 por el fiscal general de Israel, Avichai Mandelblit, quien después de recopilar pruebas y evidencias de casi 200 testigos, le formuló cargos por soborno, fraude y abuso de poder en tres casos en los que estuvo implicado por recibir costosos regalos e influir desde el poder ejecutivo para conceder ventajas económicas a cambio de mejorar su imagen en los medios de comunicación. De hecho, dos de los tres casos que lo comprometen, tuvieron que ver con favorecimiento a medios de comunicación.

Intento de la izquierda

En la primera semana de mayo de 2020, Netanyahu asistió a la primera audiencia del juicio que enfrenta por corrupción. El mandatario, en los pasillos de la Corte, aseguró que su proceso tiene como objetivo “derrocar al gobierno”, y que es un intento de la izquierda por lograr lo que no consiguió en las urnas.

Para el líder de 73 años, “estas investigaciones fueron contaminadas y preparadas desde el primer momento”. Así lo aseguró antes de sentarse en el banquillo de los acusados, en declaraciones ante las cámaras y rodeado de un grupo de ministros de su gabinete.

Dijo que “lo que se está juzgando hoy es un esfuerzo para frustrar la voluntad del pueblo, para derrocarme a mí y a la derecha”. En su opinión, fiscales, policías y medios de comunicación se unieron para fabricar acusaciones falsas y desatar el juicio “en contra de la voluntad del pueblo”.

Este enfoque de la administración Netanyahu muestra claramente el odio que el gobernante siente contra el aparato judicial y contra los medios de comunicación que le son adversos. Eso explica la esencia de la reforma judicial, hecha a la medida de una sola persona, para procurar saltarse el juicio político en marcha, el señalamiento de responsabilidades frente a hechos de corrupción de los cuales hay montones de pruebas y evidencias.

Depende como se mire

Pero Netanyahu y su ministro de Justicia, Yariv Levin, consideran necesario restablecer un ‘equilibrio de poder’ entre los funcionarios electos y la Corte Suprema, que el primer ministro y sus aliados consideran politizado.

Para los organizadores de las protestas, la situación es todo lo contrario. Son las reformas de Netanyahu, las que amenazan con instaurar un régimen autoritario y despótico.

“El texto amenaza el carácter democrático del Estado de Israel”, dijo uno de los voceros de la movilización. Esto, desde luego, en el entendido de que en Israel hay algún tipo de democracia, teniendo en cuentan la brutal agresión y despojo de que han sido víctimas, por décadas, los palestinos.

Lo cierto es que, a pesar de que las marchas semanales se iniciaron en enero, la protesta no se ha debilitado. Se extiende a nuevos sectores de la sociedad, referentes de la cultura, la economía, la justicia y hasta del ejército.

El país se paraliza

En un país que permanece en conflicto con sus vecinos, y libra una guerra de exterminio contra una parte de la población, los palestinos, un numeroso grupo de reservistas, desde soldados rasos hasta agentes de inteligencia, indicaron que no prestarán el servicio mientras avance el proyecto de reforma de Netanyahu. Todos los exjefes de la Fuerza Aérea han dicho lo mismo.

En esa perspectiva de extensión de la protesta, el pasado 3 de septiembre, más de cien mil personas salieron a las calles de Tel Aviv para expresar su repudio a la reforma judicial oficial. Simultáneamente se registraron protestas en ciudades importantes como Haifa, Rehovot, Eilat, Kaikur, y Kiryat Tevon.

Esta formidable demostración fue denominada “Marcha por la victoria de la democracia”. De igual manera, medios locales advirtieron que “Israel enfrenta posiblemente la mayor crisis interna de su historia. Cientos de miles de personas han salido a las calles durante ocho meses (ya son nueve) para protestar contra el controvertido intento del primer ministro Netanyahu de debilitar a la Corte Suprema”.

Consignas, coreadas por los manifestantes, como “democracia”, “libertad”, son indicativos de lo caldeado que se encuentra el ambiente, en una movilización general a la que se agregan nuevas reivindicaciones como los derechos de las mujeres y de las minorías, que representan al 21 por ciento de la población.

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