domingo, abril 6, 2025
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Musgo lacustre aferrado a la vida

Apreciado camarada, te cuento que ya casi tengo fecha precisa de defunción. Me tocará ir en pleno juicio como único doliente de primer grado a mi velorio cristiano

Luydomin Atencia

Hoy el neurólogo y después de revisar todas las pruebas de mis tres últimos exámenes médicos, fue muy considerado. Me dijo que estaba para acompañarme y apoyarme en esta lamentable situación, en el entendido que, la enfermedad catastrófica que padezco es degenerativa, letal, acelerada e irreversible.

Me dijo que me recetaría un medicamento que bloquea la liberación de una sustancia que el melanoma necesita para crecer. Este medicamento sería para extenderme tres o cuatro meses más de vida planetaria; también me dijo que debo decidir si autorizo el uso permanente de una pipeta de oxígeno, mientras esté vivo, pues con esta pipeta puedo ampliar otros dos meses mi existencia.

Preguntas ¿Cómo estoy?

Luego de esa cita de control médico y de escucharlos con atención y silencio, me despedí del neurólogo y la médico general, y salí un tanto desconcertado, pese a todo lo que ya sabía desde hace rato o quizá desde siempre. Nada nuevo. Llegué a casa cansado y un tanto contrariado, pero aún con cierta serenidad y fuerza. Desayuné con huevo y arepa, me di una ducha y tomé agua de manzanilla. Después me fui a la sesión de acupuntura con la doctora, allí recuperé de nuevo el ánimo y el aliento.

De mi parte, yo seguiré con serenidad mi ruta acompañada del Bejuco, la coca, el tabaco, la ortiga; los tratamientos de sinterización y acupuntura. Nada de maltratar la naturaleza incontenible y viviente de la propia enfermedad.

Allí vamos abrazando la vida en el eterno instante y procurando no permitir que la franqueza profesional de los médicos de Occidente me contamine y hundan sus espinas en la alegría de mi eterno instante. No debo permitir, ni aceptar que la medicina occidental gobierne mi cuerpo y otorgue la potestad de hacer vivir o morir. Abrazos totales.

Estoy como los minerales mojados/Como los musgos lacustres aferrados a la vida/Como el olor a tierra fresca suspirando y respirando/También como hojas exhalando gotitas titilantes a punto de estallar/Como una enredadera creciendo desde tu ombligo por tus distintos vericuetos insondables/Me percibo en perdigones infinitos de lluvia torrencial sobre tus agitadas selvas/Como un sol empezando a nacer antes de los tiempos y los milenios/Me siento casi un hongo prendido de los palpos de tu sexo y de tus entrañas/Como una caracola que contiene todos los ecos de tu cuerpo estremecido/me siento salpicado de todos los colores indecibles/Siento que soy un extenso tentáculo vegetal que se mueve en sigilosa lentitud dentro de tu piel crepitante y líquida/Así me siento en este eterno instante.

Respuesta del camarada.

Camarada, amigo, hermano. No creas que no le pongo atención a tu diagnóstico médico y tu carta, casi que, despidiéndote, me dolió en el alma. Tres veces la he leído y me pregunto, ¿qué puedo decirte que te anime, que revierta lo que tú y tu médico consideran inexorable? Y cada vez que intentaba escribirte las lágrimas aparecían y empañaban mi visión sobre la pantalla, cada vez que leía tu sentencia, quería decirte algo, pero el corazón y mi amor de camarada se atravesaba y no me dejaba hablarte.

¿Qué puedo decirte? ¿Que sigas luchando? ¿Que al otro lado te espera una vida de descanso? No, eso no es lo nuestro. Pero si te digo que es eso, la muerte, lo que a todos nos espera, que esa esa es la vida ¿te sentirás mejor? No creo. Tu carta es la mayor transgresión de nuestro tiempo. Esperar la muerte dignamente, es una conciencia superior que cambia miedo por tranquilidad y convicción.

Aprendo de ti en estos momentos a ver la enfermedad y la muerte como un campo de diálogo entre el cuerpo, la mente y la anomalía humana. Te abrazo.

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