miércoles, mayo 22, 2024
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Multimillonarios, depredadores de la naturaleza

Los potentados no solo han sembrado de miseria el mundo por su avaricia, sino que, además, sus medios de transporte y recreación lujosos contaminan mucho más que millones de personas

José Ramón Llanos

Según el investigador Hans Juachim Schellnhuber, del Instituto de Investigación del Impacto Climático de Potsdam, Alemania, calcula que cada persona produce entre 8 y 10 toneladas anuales de CO2. En cambio, los millonarios producen más de 100 toneladas de CO2 anualmente y los multimillonarios miles de toneladas individualmente. No obstante, al ser los superricos quienes causan enorme impacto generador del cambio climático, no expresan ninguna voluntad de cambio de sus acciones depredadoras de la naturaleza.

Todos sabemos que los vuelos en jets privados o el exhibicionismo en un auto deportivo, de alto consumo de gasolina, contribuyen a acelerar el cambio climático. Por eso el científico Schellnhuber está sugiriendo que se limite la producción por persona de CO2, incluido el comercio privado. Claro que esta propuesta en el caso de Alemania tiene como respuesta el rechazo, incluso por parte de los miembros de Alianza 90, los llamados Verdes.

Impuestos al uso de aviones y yates

En la India igualmente se han hecho investigaciones que muestran que, los multimillonarios producen en minutos más CO2 que el promedio de una persona en un año. Por eso proponen un impuesto especial a quienes hacen uso de sus jets y yates privados con frecuencia; recursos se utilizarían para descarbonizar.

Se ilustra esta producción irracional de CO2 con personas como Taylor Swift, Kim Kardashian, Stephen Spielberg, Kyli Jenner, Travis Scott, entre otros, quienes permanentemente utilizan sus aviones, sus yates, sus carros de lujo y otros medios de transporte de uso individual, mostrando una gran insensibilidad e indiferencia ante la lucha de la humanidad por disminuir la producción de CO2 con la finalidad de retrasar las posibilidades del cambio climático.

Los investigadores han mostrado en un estudio de 2021 que en el uso de un yate un multimillonario en un año emitió tanto dióxido de carbono como Tuvalu, una pequeña nación de 11 mil habitantes.

Estos estudios exponen que el uno por ciento de quienes reciben más ingresos, por ejemplo, un salario de 132 mil dólares, son responsables de un 20 por ciento del aumento de la contaminación por carbono. Esto equivale a la emisión de este gas que produce el 50 por ciento más pobre del mundo. Ante estas cifras, Anisha Nazareth, investigadora del Instituto Ambiental de Estocolmo, afirma que “esto constituye una proporción indignante de la emisión total de carbono”.

Financiar la descarbonización hasta el 2050

Entre los científicos, especialmente los dedicados a investigar el problema del calentamiento global, debaten sobre la posibilidad de crear un impuesto al uso de los aviones de los más ricos. En la Unión Europea, por ejemplo, la mitad del gasto en viajes aéreos proviene del 20 por ciento de los multimillonarios. En Estados Unidos y Canadá el 19 por ciento de las personas que hacen más de cuatro vuelos al año configuran el 79 por ciento de su totalidad.

Una investigación del Consejo Internacional sobre Transporte Limpio de 2021 calculó que un impuesto a los viajeros frecuentes, podría producir 121 mil millones de dólares que se utilizarían para descarbonizar la contaminación que produciría la aviación hasta el 2025. Calculan que los viajeros más frecuentes representan el dos por ciento de la población, con este impuesto pagarían el 81 por ciento de la inversión necesaria para descarbonizar lo correspondiente hasta el 2050.

Tres superricos compiten por ver quien contamina más

Toda esta carrera por ver quién contamina más, al aparentar estimular el desarrollo científico –o sea, la más vana egolatría de los multimillonarios y sus efectos destructores del medio ambiente– ya había sido anticipada por el periodista Hervé Kempf quién publicara un libro titulado Como los ricos destruyen el planeta. En ese texto del 2007, leemos: “la oligarquía depredadora es la principal responsable de la crisis global”, que por su afán de crecer ilimitadamente termina provocando una gran degradación medio ambiental. Además, estimulan el consumismo inútil y destructor del planeta.

Elon Musk (con una fortuna de 176.9 miles de millones de dólares) a bordo de un yate de lujo en Grecia. Foto Blackgrid

Richard Branson, Jeff Bezos y Elon Musk han exhibido ante el mundo su máxima egolatría para ver quién contamina más, bajo la apariencia de una competencia por impulsar el desarrollo científico. Richard Branson, el 11 de julio del 2021, puso en órbita el Virgin Galactic, y Elon Musk lanzó, en mayo de 2020, su nave espacial Crew Dragon, la primera en la historia en no ser tripulada por astronautas.

Todos vimos como Jeff Bezos se presentó ante el mundo como realizador de un viejo sueño de viajar en su propia nave al espacio; el cohete fue fabricado por su empresa Blue Origin, el monstruoso vehículo lo bautizó New Shepard. El único ocupante de la nave que pagó el billete, desembolsó 28 millones de dólares en un viaje que duró tres minutos y 55 segundos. Desde el embarque hasta el aterrizaje emplearon 11 minutos.

Los pobres protegiendo el medio ambiente

Las investigaciones del Instituto Europeo para Protección del Medio Ambiente y el Instituto del Medio Ambiente de Estocolmo vaticinan que, en la próxima década –independientemente de las políticas protectoras del medio ambiente– el uno por ciento más rico de la población producirá una huella de carbono que será 30 veces superior a la que se requiere para cumplir con el objetivo del Acuerdo de Paris de tratar de limitar el calentamiento global a máximo 1,5 grados para el año 2050.

Otro estudio, que se presentó a la COP 26 de Glasgow, afirma que en el 2030 los más pobres seguirán causando emisiones, “por debajo de los niveles requeridos. En cambio, las emisiones del 11 por ciento más rico serán 39 veces superiores a dicho límite”.

España

Las movilizaciones populares impidieron un proyecto contra el medio ambiente. En Aragón, España, las recientes manifestaciones dirigidas por Izquierda Unida derrotaron el proyecto destructor del medio ambiente impulsado por el Gobierno seccional de unir dos estaciones de esquí de Astún y Formigal, acción que implicaba alterar lesivamente el Valle de la Canal Roya.

La región del Canal Roya, tesoro medio ambiental, es un valle glacial con restos volcánicos que enseña cómo se formaron los Pirineos, un paisaje que contiene miles de especies florales y variados ejemplares faunísticos únicos. Así mismo, es un corredor biológico, que se une con el Parque Natural de los Pirineos de Francia y tiene un alto nivel de conservación, ya que no existe ninguna carretera; solo se accede a pie.

Este es otro ejemplo de cómo los multimillonarios no están comprometidos con los planes de impedir o retardar el cambio climático, en este caso pretendía la destrucción de un entorno rico en biodiversidad para ampliar un espacio para esquiadores.

El poder de las movilizaciones populares

Las calles del municipio de Zaragoza se vieron colmadas de pueblo, protestando contra el proyecto del Gobierno de Aragón de privilegiar las apetencias de los esquiadores y menospreciar las necesidades de proteger el medio ambiente y cumplir con los compromisos de combatir el cambio climático.

Afortunadamente, una vez más se demostró la eficacia de las movilizaciones populares para impedir las ejecuciones de políticas depredadoras de la biodiversidad. Los manifestantes que portaban pancartas con la consigna “Salvemos el Canal Roya”, desplazados por las calles y plazas de Zaragoza, derrotaron los planes gubernamentales de unir las estaciones de esquí de Astun y Formigal.

Las asociaciones de ecologistas ahora están exigiendo que los dineros que iban a ser dilapidados en el proyecto derrotado deben utilizarse en la construcción de un Parque Natural ya, según informa el periódico comunista Mundo Obrero.

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