martes, mayo 21, 2024
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Máximo José Jiménez Hernández, inmortal cantor del pueblo

Un homenaje al Padre del vallenato protesta que animó y dio alegría a las luchas campesinas en Córdoba y el resto de Colombia en los años 70 y 80

Pablo Oviedo A.

Advino al mundo el 1 de abril de 1949, siendo su patria chica tutelar el corregimiento de Santa Isabel, perteneciente a Montería, departamento de Córdoba y murió el 27 de noviembre de 2021, a causa de un derrame cerebral en Montería. Tenía 73 años de edad y tuvo la alegría de pasar los últimos días de su vida junto con su gente.

Cantor ordeñador

Se caracterizó como un cantor popular y se ganó el título de Padre del vallenato protesta.

Comenzó a tocar el acordeón cuando apenas contaba catorce años, en las horas de descanso, luego de duras bregas como ordeñador, artesano y carpintero. Se capacitó en el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, en donde obtuvo el título de Tractorista Profesional.

Fue testigo presencial del inicio de las luchas campesinas durante la década de los setenta, época en que el sentimiento de inconformidad agraria en los pueblos de los departamentos de Córdoba y Sucre creció de manera desbordada, como reflejo de la Revolución cubana que en esos momentos estaba en pleno furor, en plena efervescencia.

En medio de aquellas luchas campesinas, que enarbolaban las banderas de la recuperación de las tierras por parte de quienes las trabajaban, mucho más cuando las mismas les habían sido  arrebatadas a sangre y fuego por una oligarquía ganadera indolente y criminal; en medio de esas lides por la sobrevivencia y por el derecho a la tenencia productiva de la tierra, se irguió la figura de Máximo Jiménez, quien puso su acordeón, sus canciones y sus melodías al servicio de las causas libertarias que tomaron como consigna-eje: La tierra para quien la trabaja.

Algunas casas disqueras vetaron su música y no grababan sus canciones debido al contenido social y revolucionario que portaban. Hubo un momento en que su nombre como luchador por la emancipación y la libertad, estuvo en una honorable lista en que también figuraban Gabriel García Márquez, Nelson Osorio, David Sánchez Juliao, la cantante Eliana y el sociólogo, Orlando Fals Borda.

Desde el cielo de los luchadores

Como producto de su vida tesonera y debido también al talante rebelde de sus canciones, fue invitado a participar en un Festival por la libertad convocado por el gobierno sandinista de Nicaragua, en los albores de aquella revolución. Igualmente fue invitado de honor como cantautor por el presidente Hugo Chávez, en Venezuela.

Se presentó en dos oportunidades al Festival de la Leyenda Vallenata: en las versiones de 1974 y 1977. Pero por el contenido de las letras de sus canciones fue, de cierta manera, vetado. Se le escuchaba, pero no se le valoraba.

En 1987, fue amenazado por paramilitares en su casa y después fue atacada la vivienda de su madre, luego de lo cual fue apresado por catorce días y fue liberado con ayuda de Amnistía Internacional y la Agencia de la ONU para los refugiados. En 1989, es obligado a exiliarse en Austria. Volvió a Colombia en 2016 a raíz de los Acuerdos de Paz entre el gobierno colombiano y las FARC-EP.

Máximo Jiménez Hernández hoy sigue cantando a la causa libertaria desde el cielo de los luchadores. La Universidad de Córdoba le otorgó el título de Honoris Causa como Licenciado en Artística-Música, que también fue concedido a Piero: cantante ítalo-argentino-colombiano.

El indio del Sinú

Algunos de los temas más sonados de Máximo Jiménez son El indio del Sinú (1975); El Burro Leñero (1975), La herramienta del pobre (1986), La gente de Montería (1988), El Jinete del Folklor (1994), Idioma español (2006), El amor no tiene edad (2016) y Soy de donde nace la cumbia (2017).

Padeció el rigor del exilio durante más de veinte años, condenado por los enemigos de la paz y de las ideas transformadoras de la sociedad. Lo sentenciaron a muerte porque su música tenía mensajes diferentes a los del establecimiento, alienantes y que mantuvieran al hombre sumido en el conformismo.

Sus canciones fueron de amor por la libertad y no al amor de las mujeres bonitas tenidas como objeto, tampoco le rindió pleitesía en su música ni al vicio ni al machismo, sino al amor de su pueblo sufrido, explotado, desigual y desarraigado.

Máximo fue un juglar que dedicó su vida y sus canciones a las luchas por la dignidad, la justicia, la libertad y el cambio social. ¡Canta, canta, Máximo que tu pueblo sigue luchando!

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