María Mercedes

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María Mercedes Méndez. Foto archivo

El 3 de junio se cumplen 30 años de la Masacre de Caño Sibao en El Castillo, Meta, acción paramilitar donde cayeron William Ocampo, Rosa Peña Rodríguez, Ernesto Saralde, Pedro Antonio Agudelo y María Mercedes Méndez. VOZ recuerda la fecha con el homenaje escrito en la edición 1694 por el entonces director del semanario sobre la dirigente comunista

Carlos Lozano Guillen 

Nos conmovió, como a tanta gente, el vil asesinato de María Mercedes Méndez, la exalcaldesa de El Castillo (Meta), y de cuatro acompañantes más, entre ellos, William Ocampo, quien la había sucedido al frente de este martirizado municipio llanero, blanco de los operativos militares y de la acción criminal de los paramilitares.

A María Mercedes la conocimos hace varios años cuando se desempeñaba como dirigente regional del Partido Comunista del Meta. Entonces era la responsable del trabajo femenino el que impulsaba con tenacidad como era su característica. Mujer de pelea, de iniciativa política y organizativa, poco conformista. De las que solo pueden salir de la entraña popular. Con modestia y sin alharaca trabajaba en su terruño por la patria, al servicio de los intereses populares y formándose en esa brega difícil y peligrosa –pero tan constructiva– de la acción revolucionaria.

La penúltima vez que nos encontramos fue en momentos difíciles. Nos visitó en el albergue pasajero en Villavicencio cuando fuimos al sepelio, en Mesetas, del diputado de la UP Carlos Julián Vélez, asesinado en este mismo municipio en las narices de los militares. Habló con entusiasmo de su gestión. Estaba optimista de los resultados porque la población le daba apoyo. Pero estaba preocupada porque crecía al cerco de los sicarios contra ella. Había algo de tristeza en su corazón por algunas situaciones que se daban en las relaciones partidistas, por esas incomprensiones que a veces se dan entre nosotros. Le dimos ánimo y le recomendamos prudencia.

La última vez nos vimos en Bogotá cuando vino junto a los alcaldes de Uribe y Mesetas (de la UP también) a exigir garantías y protección a sus vidas. Hablaron con el Ministro de Gobierno (De la Calle Lombana) y otros altos funcionarios. De los resultados de estas conversaciones sacó conclusiones nada optimistas: “Compañero no nos paran bolas, nos van a asesinar”, nos dijo con amargura, pero nunca con desespero.

Cuídate mucho Mercedes, fue lo único que atinamos a decirle, con la seguridad que un desenlace fatal dejaría un vacío muy grande por las enormes calidades de esta excepcional mujer que un día conocimos llena de optimismo, de coraje y amor por la vida.

Llama la atención que en la “Respuesta abierta a Alfonso Cano” de Enrique Santos Calderón, publicada en la edición de El Tiempo del domingo 7 de junio (1992), este señor tan poderoso, uno de los dueños del diario, de un noticiero de televisión, cuya familia tiene inversiones en los medios de comunicación con activos que la colocan como una de las 100 más grandes empresas del país, no aluda ni por una sola vez al asesinato de María Mercedes y de sus compañeros en El Castillo.

Solo escribe las generalidades de siempre. Quién sabe bajo qué condiciones escribió su “Respuesta” porque saltan a la vista los lugares comunes con que estos señoritos de la burguesía interpretan el conflicto armado y la violencia en Colombia. Pero ni una palabra por la muerte de una mujer comunista, asesinada junto a cuatro compañeros más, por sicarios paramilitares a los que no son ajenos los mandos de la Séptima Brigada como lo denunció premonitoriamente la misma María Mercedes pocos días antes de su muerte, quien, pese al asecho de los asesinos, jamás perdió la serenidad, ni el valor revolucionario, ni esa sonrisa de optimismo que siempre la acompañó.

Nos quitaron a María Mercedes Méndez. Un golpe duro. Pero la vida sigue su curso, con arrojo y optimismo, así como lo haría ella, discípula de Pardo Leal y Teófilo Forero. Paz en su tumba.