María Arango Fonnegra, 25 años de ausencia sin olvido

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En su vida política, María Arango Fonnegra fue dirigente estudiantil, militante del Partido Comunista y una ferviente defensora de los derechos humanos. Fotos archivo

Homenaje a la recordada socióloga y militante comunista, una de las mujeres más consecuentes en la lucha revolucionaria

María Elvira Naranjo Botero (*)

El jueves 16 de abril de 1998, a las siete de la noche, María Arango Fonnegra fue asesinada por un sicario en la puerta de su casa en La Calera, Cundinamarca. María nació en 1938, hija de una familia de clase alta bogotana, estudió en un colegio de monjas. Desde muy joven se interesó por los estudios sociales y trabajó en el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño, Celam.

En 1958, María se vinculó, junto con otros estudiantes universitarios, al proyecto de investigación social en Tunjuelito que lideró el sacerdote Camilo Torres Restrepo como base para el trabajo posterior de organización de la comunidad y de la creación de las Juntas de Acción Comunal.

Su ingreso a la Juventud Comunista

Allí en el trabajo comunitario, inició María su vinculación a la Juventud Comunista, JUCO. Su militancia le acarreó un conflicto irreconciliable con su familia, algunos familiares, incluso, intentaron recluirla en un hospital psiquiátrico, pero desistieron gracias a la intermediación solidaria y efectiva del sacerdote Camilo Torres Restrepo. Las monjas de su colegio oraban y pedían a Dios “liberar a María de las garras del comunismo”.

En relación con este episodio, el sociólogo William Ramírez, su compañero de estudios en la universidad se expresaba así: “María fue una hermosa oveja negra de su familia, encantadoramente descarriada y ferviente luchadora antiimperialista”.

Desde su ingreso en 1961 a la Universidad Nacional como estudiante de Sociología, María Arango participó activamente en el movimiento estudiantil, se destacó como dirigente de la JUCO por su carisma y simpatía.

En esa época en la Universidad Nacional, anualmente, se hacían reinados de belleza. Se elegían reinas por cada Facultad y entre ellas luego se elegía la soberana de la universidad. María fue elegida como reina de la Universidad Nacional. Asumió la responsabilidad como una tarea política más y tuvo el apoyo del movimiento estudiantil radicalizado con posiciones anticlericales.

Su prestigio trascendió fuera del campus universitario, siendo objeto de difamación por parte de monseñor José Joaquín Salcedo, en Radio Sutatenza y el periódico El Campesino, que por ese tiempo tenían amplia difusión nacional.

Los estudiantes conmemoraban cada año, con manifestaciones públicas, el aniversario de la masacre estudiantil de 1954 ocurrida bajo la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla. En 1962, al llegar a la Plaza de Bolívar, apedrearon y rompieron los vidrios del Palacio Arzobispal en rechazo a la persecución anticomunista de la Iglesia Católica.

Ante esta asonada el presidente Carlos Lleras Restrepo envió sus excusas al Cardenal y el rector de la Universidad Nacional expulsó a María Arango Fonnegra, a Jaime Pardo Leal y a otros dirigentes, sin evidencias de su participación en los hechos, aunque conocidos como agitadores profesionales. Sin embargo, gracias al apoyo de los profesores de Sociología, se logró levantar la sanción y permitir su reingreso a la Universidad.

Promotora y organizadora del Frente Unido

En 1965, Camilo Torres Restrepo hizo el lanzamiento de un nuevo movimiento político, el Frente Unido del Pueblo, con la publicación de una proclama, producto de numerosos acuerdos con diferentes grupos políticos y sectores sociales.

En este ejercicio de consultas previas, participaron activamente María Arango y Álvaro Marroquín como dirigentes de la JUCO y desde entonces el Partido Comunista promovió la iniciativa apoyando su proceso de organización. Mario Upegui y Diego Montaña Cuellar acompañaron a Camilo en sus giras por todo el país y Marroquín hizo parte del comité de redacción del periódico Frente Unido.

Precisamente, fue en esta publicación donde María Arango escribió sobre el papel de la mujer en el Frente Unido y organizó a los estudiantes de diferentes tendencias para que hicieran del periódico una herramienta organizativa y de formación política para los sectores populares.

Defensora del Policarpa

En 1966, por invitación del camarada Mario Upegui, María, su compañero Álvaro Marroquín y sus dos pequeños hijos se trasladaron a vivir al barrio Policarpa Salavarrieta. Allí participaron en la defensa de la ocupación, frente al intento de desalojo durante el llamado Viernes Santo Sangriento ocurrido durante el mes de abril de 1966.

Durante su permanencia en el barrio, María impulsó junto a Luis A. Morales actividades culturales de formación política con los vecinos, fue maestra de los niños que ocuparon el recinto que las autoridades locales habían construido como puesto de policía dentro del barrio y que la comunidad había convertido en escuela provisional.

Yacopí y Moscú

En 1970 por decisión del Partido Comunista, María se lanzó como candidata al concejo de Yacopí, Cundinamarca, y fue elegida concejala. Este municipio estaba poblado por colonos que valorizaron sus tierras con su trabajo y fueron víctimas de la violencia gubernamental que intentó despojarlos de sus parcelas. Como concejala, María realizó una labor destacada con los habitantes, promoviendo las organizaciones comunitarias en los sectores más afectados de la municipalidad.

Por su labor en Yacopí, fue acusada de “Asociación para Delinquir” y sometida a un consejo de guerra.  Posteriormente, fue víctima de un atentado del que salió ilesa, mas su compañero Álvaro Marroquín resultó gravemente herido.

La familia Marroquín Arango tuvo que acudir al exilio ante el grave riesgo que implicaba permanecer en el país y por las dificultades de salud de Álvaro, como consecuencia del atentado. Fueron acogidos en la Unión Soviética, donde permanecieron por ocho largos años y allí tuvieron el inmenso dolor de la muerte prematura de su pequeña hija.

Su regreso a Colombia

Desde que María tomó la decisión de repatriarse, en distintos escenarios gubernamentales y no gubernamentales, trabajó incansablemente como defensora de los derechos humanos, en un momento histórico particularmente difícil, por el genocidio contra la Unión Patriótica, las crisis internas del Partido Comunista y la caída del bloque socialista.

Según su amigo y vecino Alfredo Molano Bravo, María, si bien desde hacía una década se había retirado del Partido y a sus 60 años intentaba llevar una vida tranquila, siempre fue una mujer de izquierda y una luchadora social incansable con una energía desbordante.

Agobiado frente a su muerte, Molano expresó: “¿Nos matarán a todos en esta tierra donde es un crimen suspirar, sollozar, gemir, escribir, gritar?”.

(*) Profesora del departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia.