Manifiesto de Cartagena: Un llamado a romper las cadenas

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Simón Bolívar escribe el manifiesto de Cartagena, en 1812.

Bicentenario de la publicación del Manifiesto de Cartagena, el 15 de diciembre de 1812

Simón Bolívar escribe el manifiesto de Cartagena, en 1812.
Simón Bolívar escribe el manifiesto de Cartagena, en 1812.

Rubiel Vargas

Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada, por un caraqueño. Se le conoce también como el Manifiesto de Cartagena, escrito en diciembre 15 de 1812. Es el primero de los documentos políticos del Libertador que muestra las capacidades de un hombre de Estado con un alto contenido de memoria, relacionado con reflexiones donde analiza certeramente los acontecimientos que condujeron a Venezuela a su destrucción, enfocando las causas con exactitud y perspectivas independentistas. Desde aquí inicia un hombre insospechado para el mundo americano con una equilibrada inteligencia, moderando su ímpetu jacobino con la realidad social. El escrito va dirigido a las autoridades de la Nueva Granada, quedando estos admirados de un estilo novedoso para ellos.

Escrito en Cartagena. Cartagena libre de españoles, con gobierno independiente, era la tierra indicada para enderezar el camino, para liberar la tierra amada. El joven de 29 años tenía presentes los errores y las causas de la derrota de la primera república y el aprendizaje que se debía extraer de esta derrota. Se esmeró en demostrar con la pluma que sus capacidades eran las de un hombre visionario, con perspectivas que deja plasmadas en su mensaje con dos propósitos claros: “libertad a la Nueva Granada de la suerte de Venezuela y redimir a esta de la que padece”. Hace un llamado a la Nueva Granada para evitar los errores sobrevenidos a Venezuela después de la liberación y mejorar la América de conducta.

Los errores a corregir, anota, “los vicios de unidad, solidez y energía que se notan en sus gobiernos” estas tres nociones la de unidad para integrar las nuevas repúblicas, que él anhelaba unidas, para que América pudiera llamarse “la reina de las naciones, la madre de las repúblicas” fija las bases de la creación de la Gran Colombia, la integración de naciones americanas. La falta de unión entre los americanos, la ignorancia e inmadurez, los apetitos individuales de nuestra gente han hecho fracasar sus primeros esfuerzos para lograr la libertad. Estos atributos de la multitud siguen presentes en la actualidad que en todo nos afecta.

La lucha interna

La falta de solidez no solamente de los pueblos, sino de la clase dirigente. La lucha interna impedía el pronto y necesario triunfo contra las fuerzas imperiales, empeñadas en mantener la servidumbre. La clave para poder expulsar a los españoles, es la unión. La inseguridad, el incierto futuro producen la división donde las pasiones la agitan y los enemigos la animan aunando en la división y con ello el fracaso de la acción liberadora.

La madurez se refleja en la solidez de las virtudes, de los talentos que conducen a la gloria. La diversidad de razas no puede ser un obstáculo para la guerra de independencia, por el contrario es posible una conciencia de identidad en sus diversos componentes en su relación con una lucha común, la independencia.

En principio cuestionó el sistema tolerante que permitió la impunidad ante un enemigo poderoso, mostrando debilidad ante el imperio español, “por manera que tuvimos filósofos por jefes, filantropía por legislación, dialéctica por táctica, y sofistas por soldados” utilizando demostraciones de filantropía, disolución del Estado, tomando el federalismo como organización política que rompe los pactos y genera en la naciones anarquía, obviando la centralización de las decisiones, producto de la inmadurez para el ejercicio de la libertad.

Bolívar es consciente de la concentración de intereses locales, provincias sumergidas en el despilfarro del erario público, la impunidad frente a los delitos, la rivalidad partidista, la influencia de la Iglesia en favor de los realistas, proclamando castigo divino a la propuesta revolucionaria. Frente a estos rasgos negativos, el Libertador ve la necesidad de un gobierno central fuerte, de un ejército organizado, disciplinado y capaces de preservarse en el campo de batalla, que faciliten la integración en la lucha por la libertad. Ya piensa en este momento histórico en una gran confederación para hacer la guerra de liberación.

En el texto final exhorta a los granadinos para acometer la campaña que devuelva su libertad a Venezuela: “corramos a romper las cadenas de aquellas víctimas que gimen en las mazmorras, siempre esperando la salvación de vosotros; no burléis su confianza; no seáis insensibles a los lamentos de vuestros hermanos. Id veloces a vengar al muerto, a dar vida al moribundo, soltura al oprimido y libertad a todos”.

Los fundamentos políticos del manifiesto sientan las bases de la creación de la Gran Colombia, de la integración de las naciones americanas, para consolidar su independencia. ¡Unidad!, ¡unidad!, ¡unidad!, es el insistente reclamo de Bolívar a los hombres y a los pueblos que están luchando por su libertad. Este sueño inconcluso, es un imperativo histórico de nuestro pueblo para no ser inferior frente al noble ideal.